Primer Domingo de Cuaresma

Las tentaciones de la vida

Lucas 4, 1-13

La Cuaresma es un camino hacia la Pascua. Al comenzar este tiempo de gracia y conversión, la Iglesia nos invita a discernir cuáles son las claves que constantemente amenazan la vida del hombre en su opción radical por Dios.

El relato de San Lucas sobre las tentaciones nos presenta un conocimiento muy profundo del ser humano. En el fondo, el hombre tiene sed de seguridad e intenta aferrarse a la realidad. Absolutiza esta vida precaria, creándose la ilusión de que es dueño de su futuro y de su existencia. Pero el diablo, que es el mayor enemigo del hombre, conoce muy bien las tendencias profundas de nuestra naturaleza, sus necesidades y debilidades. Por ello, anda siempre acechando para ver si halla una puerta abierta en el corazón del hombre y puede hacerlo esclavo de sí mismo o de las cosas que lo rodean, alejándolo de la fuente de la vida y de la plenitud, que es Dios. De ahí que tentación sea todo aquello que, en un momento dado, tienda a separarnos del amor de Dios y del cumplimiento de su voluntad.

En el evangelio de este domingo encontramos a un Jesús enraizado en la vida cotidiana, donde se establece el combate entre el Espíritu y el Maligno, pues no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo, igual que nosotros, excepto en el pecado. Como dice santo Tomás de Aquino, el Señor no obró usando de su poder, ¿de qué nos hubiera aprovechado entonces su ejemplo?, sino que, como hombre, se sirvió de los auxilios que tiene en común con nosotros.

Las tentaciones de Jesús no constituyen un hecho que se diera simplemente al comienzo de su vida pública, sino que es algo que resuena en todo el evangelio, ya que, siendo hombre, tuvo que enfrentarse con la fuerza amenazante del mal a lo largo de toda su vida. Nadie está libre de esto, pues en cualquier momento o situación podemos ser tentados radicalmente, y tendremos que optar entre Dios y los ídolos de este mundo. Los tres versículos de las Escrituras con los que Jesús replica y se opone a Satanás son respuestas salvadoras a las tres tentaciones básicas del ser humano: la supervivencia a toda costa, el afán de domino y poder sobre los otros y el deseo de controlar lo sagrado en provecho propio. Vencer estas tentaciones vitales es confesar que únicamente Jesucristo, el Señor de la Vida, es quien nos alimenta, nos libera de cualquier atadura y nos colma de felicidad.

+ Juan del Río Martín
Obispo de Asidonia-Jerez