Vigilia Pascual

El sepulcro vacío

Lucas 24, 1-12

 

Creyentes y no creyentes se enfrentan desde hace veinte siglos con el enigma de una tumba. Para unos es signo de la presencia de Jesús en la Historia y del cumplimiento de su palabra. Otros continuarán afirmando, al igual que los jefes de los sacerdotes y fariseos, que todo es un fraude de los discípulos. Surgen, pues, unos eternos interrogantes: ¿dónde está Jesús?; ¿dónde encontrarlo?

San Lucas desarrolla el tema de la resurrección de Cristo en torno al misterio del sepulcro vacío. La situación que describe es desconcertante: pone como testigos de los hechos a unas mujeres, que en aquel contexto cultural no eran merecedoras de credibilidad en un juicio, y que además se encuentran desorientadas y llenas de miedo en medio de la escena. Mientras miran al suelo, es decir, donde descansan los muertos, dos portadores de la voz que viene del cielo las iluminan: No busquéis entre los muertos al que vive..., acordaos de lo que os dijo. No estamos, pues, ante una teoría de la reencarnación o de la transmigración de las almas, tan de moda hoy en algunos ambientes: aquí se trata de un encuentro con la misma persona. Por eso este relato está en conexión con lo que había comenzado en Galilea, con la vida y la predicación de Jesús. De ahí que tengamos que afirmar que el origen del cristianismo no está en la discusión sobre una tumba, sino en la persona y la obra de Aquel de quien dijo el patriarca David que su carne no vería la corrupción.

Ahora bien, si el mismo Jesús se presenta como la plenitud de la vida, algunos podrían pensar que su muerte fue mera apariencia. A esto hay que responder que su muerte fue ciertamente una muerte real, el final de un hombre que consume su tiempo sobre el mundo. Pero no es la muerte de un ajusticiado más en la historia de injusticias que cometen los hombres, sino que fue un acontecimiento único que se dio en la Persona del Hijo de Dios, morada de gracia y verdad . Por ello Dios lo resucitó, rompiendo las ataduras de la muerte, pues era imposible que ésta lo retuviera en su poder.

Este Evangelio, proclamado en la noche pascual, nos recuerda que Cristo, como primogénito de la Humanidad, ha entrado ya en el futuro que aguarda a todo hombre: La felicidad plena en comunión de vida y amor con Dios. Esto hace que la Pascua sea el centro del año litúrgico y el punto de apoyo de la vida cristiana, como nos recuerda Romano Guardini: La fe cristiana se mantiene o se pierde en la medida en que se cree o no se cree en la resurrección del Señor. La resurrección no es un fenómeno marginal de esta fe, y mucho menos de un desarrollo mitológico, que la fe hubiera tomado de la Historia y que más tarde pudo desaparecer sin perder su contenido: es su centro.

+ Juan del Río Martín
Obispo de Asidonia-Jerez