Cuarto Domingo de Pascua

Pastores según el corazón de Cristo

Juan 10, 27-30

 

El evangelio del Buen Pastor tiene su trasfondo en el Antiguo Testamento, donde el tema posee un sabor escatológico muy acentuado. El pastor según el corazón de Dios, el que esperaban los profetas, se ha manifestado en el varón de dolores: Jesucristo el Señor. Hasta su venida a nosotros, el rebaño estaba en manos de mercenarios y las ovejas estaban dispersas. Pero en los nuevos tiempos mesiánicos el mismo Siervo Sufriente salva a sus ovejas mediante el sacrificio de su vida. Así, el título cristológico de pastor lleva en sí como atavío la desnudez de la muerte en la cruz.

La unidad del Hijo con el Padre es de intimidad y obediencia amorosa. Por eso la defensa que Jesús hace de sus discípulos viene desde dentro de su propio misterio salvador, y en su voz se revela todo el amor que Dios ha tenido con los hombres, haciendo que las relaciones entre las ovejas, y entre éstas y el Buen Pastor, no puedan ser otras que aquellas que marca el amor que ha germinado en los pastos y praderas de la cruz.

Desde aquel sacrificio, la vida entró donde habitaba la muerte, y el rebaño nacido del costado abierto del Crucificado tendrá vida, y ésta en abundancia. De este modo quienes seguimos las huellas del Buen Pastor hemos recibido por anticipado la vida eterna que se hace realidad en la Iglesia, cuerpo de Cristo encarnado en la Historia, y en los sacramentos que ella celebra: fuente auténtica de salvación. ¡No estamos solos ni abandonados en este valle de lágrimas! Ningún poder terreno, ni siquiera la muerte, puede separarnos de la unidad amorosa entre el Padre y el Hijo.

En este domingo, en el que celebramos la Jornada Mundial por las Vocaciones, las entrañables palabras del Beato Juan XXIII, el Papa bueno que personificó excelentemente la caridad pastoral que debe brillar en todo sacerdote y consagrado, pueden ayudarnos a saborear la experiencia de quien se ha sentido una y otra vez consolado, confortado y amado en el corazón ardiente del Maestro: El secreto de mi sacerdocio está en el crucifijo que he colocado delante de mi cama. Él me mira y yo le hablo. En las largas y frecuentes conversaciones nocturnas, el pensamiento de la redención del mundo me ha parecido más urgente que nunca. "Tengo otras ovejas que no son de este rebaño". Sus brazos extendidos dicen que murió por todos, sin exclusión alguna: nadie es rechazado por su amor, por su perdón.

+ Juan del Río Martín
Obispo de Asidonia-Jerez