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Lo primero que nos encontramos es que Dios cumple su palabra resucitando a su Hijo de entre los muertos como cumplimiento de las promesas hechas a Israel, y éste será el núcleo del mensaje que se ha de anunciar en todo tiempo y lugar. La conversión del corazón y el perdón de los pecados son posibles porque se nos ha dado un camino que no concluye en la nada, sino en Dios como plenitud de vida y de realización humana.
El segundo elemento nos indica cómo la resurrección se expande en el envío del Espíritu y se testifica en la misión de la Iglesia. Así, la Ascensión del Señor es el preludio de la larga ascensión de la Humanidad regenerada por Aquel que antes había descendido del cielo. Por ello, el misterio de la Iglesia está bajo el signo de la Ascensión, a través del cual se nos revela la identidad del Señorío de Cristo, que siendo verdadero Dios y Hombre tiene poder para reunirse con el Padre. Y el intervalo de tiempo que va desde este acontecimiento hasta el día del juicio no está vacío porque tenemos en la Iglesia las primicias de esa victoria final.
Por último, termina el pasaje de este domingo con el rito judío de la bendición, que significa que toda la marcha de la comunidad de los discípulos del Resucitado está bajo la protección de Aquel que todo lo puede. Esto quiere decir que la fe en la Ascensión nos capacita para el conocimiento verdadero de Jesucristo como Salvador, y a la vez esta fe se hace tangible en este mundo en la misión universal de la Iglesia, suprema expresión del amor de Dios a todos los hombres. Esta tarea no está exenta de persecuciones, y la historia de la misión nos enseña la lentitud con que va calando el anuncio del Evangelio en las naciones. Pero esto no nos puede llevar al desánimo, sino a tener muy claro que lo nuestro es sembrar con alegría y confianza el Evangelio, sabiendo que es el Señor de la Historia el único que hace fecundo nuestro compromiso misionero. Teniendo presente aquella recomendación de Pablo VI, no encadenemos el anuncio del Evangelio limitándolo a un sector de la Humanidad o a una clase de hombres o a un solo tipo de cultura..., sino ¡a todo el mundo! ¡A toda criatura! ¡Hasta los confines del mundo!
+ Juan del Río Martín
Obispo de Asidonia-Jerez
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