Más allá de las posturas apologéticas y antiapologéticas, que son remilgos de otra época, vamos a partir desde argumentos racionales:
El argumento antropológico:
"Ningún ser humano normal que esté vivo puede ser reducido exclusivamente a
su actividad consciente y racional, ya que el hombre moderno todavía sueña,
se enamora, escucha música, va al teatro, ve películas, lee libros; en
resumen, vive no sólo en un mundo histórico y natural, sino también en un
mundo existencial. y privado y , al mismo tiempo, en un Universo
imaginario." (V. Frankl) El saber religioso no debe reducirse a ética o a
estética. Éstas no deben explicarse necesariamente por el saber religioso.
El saber religioso permite ahondar en la complejidad de lo humano, permite
aclarar el sentido y la razón de ser de determinadas actividades que
constituyen formas de lo humano: el rito, la oración, el sacrificio, el
silencio, la acción.
El argumento histórico:
Existe una lógica de los acontecimientos, un conjunto de factores que
determinan el curso de los eventos y la cadena de los sucesos históricos.
Entre estos factores, la religión, como la economía, la geografía o el
clima, tienen un peso determinante. Resulta imposible comprender la historia
moderna de Europa sin considerar seriamente las luchas de religiones durante
los siglos XV y XVII. Y la de África o de Asia,... La Religión, pues, tiene
un interés histórico y su conocimiento es fundamental desde una perspectiva
meramente inmanente. Este influjo de la religión en la historia de las
civilizaciones (Egipto, Grecia, Roma, Medievo...) se detecta, de un modo
evidente, en las instituciones que el género humano ha forjado a lo largo de
su itinerario. Además, las religiones subsisten en ya través de
instituciones que, desde su precariedad histórica, tratan de articular el
mensaje salvífico en cada contexto y en cada tiempo. El conocimiento del
saber religioso es fundamental para ahondar en el seno de la propia
tradición. Ésta es el vínculo del pasado con el presente. Tradición,
simbolismo y educación forman un círculo interpretativo fundamental que la
antropología no puede dejar de tener en cuenta.
El argumento cultural:
Lo que resulta evidente es que sólo es posible ahondar en el concepto de
cultura a partir de su universo simbólico; y el universo simbólico de toda
cultura, en un grado y otro, tiene referentes religiosos. Más que ningún
otro saber, el saber religioso puede abrir camino a la antropología
filosófica, ya que lo sagrado constituye una dimensión universal y los
comienzos de la cultura están enraizados en experiencias y creencias
religiosas.
El argumento intercultural:
Mirar, conocer y aprender a nombrar la diferencia es un
reto del hombre moderno y una exigencia de las minorías acalladas a lo largo
de la historia. Para aprender a vivir en la diversidad, no basta con educar
en la tolerancia. Educar en la pluralidad significa algo más que una simple
concesión paternalista, implica algo más que ceder entre iguales un pequeño
espacio a la diferencia: se trata de cambiar nuestra relación con el mundo,
con la historia , con el discurso científico. Uno de los grandes retos de
futuro de las sociedades contemporáneas es la articulación pacífica de las
distintas identidades. Sólo es posible la convivencia desde el conocimiento
y el reconocimiento de lo ajeno, pero sólo es posible comprender lo ajeno
desde su fondo simbólico. En este marco, el diálogo interreligioso es clave
para el diálogo intercultural, pues, en el substrato de toda cultura,
moderna o arcaica, subsiste un conjunto de arquetipos y referencias de
índole religiosa o pseudo religiosa. Y sólo es posible el diálogo
interreligioso a partir del conocimiento de los distintos saberes
religiosos. Además del papel que puede desempeñar el saber religioso en la
vida cultural contemporánea, también permite un conocimiento más profundo
del ser humano. Es con la base de este conocimiento como puede desarrollarse
un nuevo humanismo ecuménico a escala mundial. Es fundamental conocer a
fondo los fundamentos de la tradición occidental, pero también explorar
colectivamente los puntos de encuentro entre las distintas religiones.
El argumento sociológico:
Existe una íntima relación entre los hábitos sociales, la psicología de
masas y la presencia de la religión. Primero, A. Comte y , después M. Weber
han puesto de manifiesto la íntima relación que existe entre el universo de
lo sagrado y el cuerpo social. De hecho, sólo es posible comprender los
hábitos, los ritos y las formas colectivas de vida desde la referencia
explícita o implícita a un universo de valores y de referentes que tienen
mucho que ver con la religión y con lo invisible del ser humano. La sociedad
occidental ya no puede definirse como un todo monolítico, sino que está
constituida por un conjunto plural de comunidades morales extrañas entre sí.
Lo religioso sigue presente, pero de un modo invisible. Sólo es posible
recuperar plenamente el sentido de las fiestas del calendario a partir del
conocimento del saber religioso y de sus distintas articulaciones
históricas.
El argumento lingüistico:
El ser humano es polifacético y políglota. Es decir,
capaz de múltiples actividades y de distintos lenguajes. El saber religioso
se expresa en un lenguaje concreto. El lenguaje no es algo adventicio en el
ser humano, sino que está arraigado en su matriz ontológica. El poliglotismo
es una posibilidad existencial del ser humano, aunque, como tal, requiere
una educación, un cultivo determinado. El ser humano puede hablar distintos
lenguajes, pero esta potencialidad sólo adquiere actualidad cuando, mediante
la educación, se perfecciona al ser humano para desarrollar esta habilidad
tan propia de la persona. Una de las tareas centrales de la acción educativa
es desarrollar todas las posibilidades lingüisticas del ser humano. En este
sentido, es fundamental desarrollar el saber religioso y acompañar al
educando a comprender el sentido y la riqueza del lenguaje simbólico,
mitológico y litúrgico, especialmente, en nuestro contexto cultural, donde
el índice de analfabetismo simbólico crece.
El argumento pedagógico:
Es fundamental la distinción entre instrucción y
educación. La educación se refiere a la formación integral del educando, lo
que requiere no sólo transmisión de saberes, sino también de actitudes, de
valores, de experiencias. La educación se relaciona con la experiencia
ética, estética y religiosa, mientras que la instrucción es un proceso
puramente técnico, donde el relieve se focaliza en el mensaje, pero no en el
educando. La educación es un encuentro interpersonal y un proceso
bidireccional. Si la educación tiene como finalidad el desarrollo integral
del ser humano, esto es, el despliegue de todas sus facultades potenciales,
entonces, la dimensión religiosa del ser humano, más allá de sus
concreciones históricas, debe ser contemplada por el proceso educativo y no
puede reducirse a una cuestión marginal o periférica. Si el ser humano es,
constitutivamente, animal religiosus,
entonces, es fundamental cultivar dicha dimensión, y ello exige el
conocimiento del saber religioso, los instrumentos y los elementos que
caracterizan a la experiencia religiosa y a sus distintas traducciones
culturales, históricas y lingüisticas.
El argumento metafísico:
Durante la Edad Moderna, dos filósofos han insistido en
el carácter eminentemente metafísico del ser humano: Kant y Schopenhauer. El
ser humano trasciende con su preguntar el orden de lo material, de lo
físico, de lo visible y se interroga por el sentido de la existencia, por el
sentido de la muerte y del sufrimiento. Si educar es formar seres humanos de
un modo integral, entonces, la configuración de una
imago mundi es una tarea
ineludible de la acción educativa, y dicha configuración exige el dominio
del saber religioso y del saber metafísico. Ayudar a pensar al educando
sobre las cuestiones existenciales, no es tarea fácil, pero es ineludible.
Conclusiones: Parece claro que el saber religioso, en sentido genérico, debe estar presente en el proceso formativo de toda persona, indistintamente de su confesionalidad presente o futura. El conocimiento del universo religioso y de sus múltiples dimensiones constituye una tarea fundamental en el proceso educativo de todo ser humano.
Este extracto procede de la conferencia que impartió el Dr. Francesc Torralba Roselló, profesor de la Universidad Ramon Llull de Barcelona, en el Congreso Nacional de Profesores de Religión, celebrado en Madrid en noviembre de 1999, y recogida en el libro "La enseñanza de la religión, una propuesta de vida" editado por SM, PPC y Conferencia Episcopal.