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D. JOSÉ MAZUELOS PÉREZ OBISPO DE ASIDONIA-JEREZ ARTICULOS: |
Navidad 2010 Queridos seminaristas:
El pasado día siete de octubre celebramos el vigésimo quinto aniversario de la fundación de nuestro Seminario Diocesano. Emprendimos un nuevo curso acogiéndonos a la intercesión de la Santísima Virgen del Rosario y le pedíamos que nos fortaleciera en el seguimiento de su Hijo. Ahora, una vez comenzado el curso y preparándonos con toda la diócesis para el próximo «Encuentro Mundial de la Juventud» en Madrid, me dirijo a vosotros para animaros a vivir este tiempo como un tiempo de gracia e invitaros a convertir vuestra estancia en el Seminario como un acudir con María a la escuela de Nazaret, para aprender a “acoger y guardar todas las cosas en el corazón” (cf. Lc 2, 51) y para junto a Ella meditar y beber del misterio del amor de Dios derramado en Cristo (Cf. Hech 1,14).
Ante estos dos acontecimientos históricos para nuestra Diócesis de Asidonia-Jerez como son el veinticinco aniversario del seminario y el próximo encuentro de la juventud, nada mejor que a tener presente las cartas que el Santo Padre ha dirigido en este año a los jóvenes y a los seminaristas.
Debemos de estar «Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (Cf. Col. 2, 7), el discípulos debe de estar unido a Jesucristo, o como afirmará el apóstol «encadenados» (cf. Ef 3, 1) porque somos embajadores en nombre del Señor. Urge el trabajo pastoral a favor de la Iglesia, la necesidad de anunciar a Jesucristo con todas nuestras fuerzas y en todos los lugares llegando a lo profundo del alma. Vosotros como seminaristas y futuros pastores tenéis que ser sobre todo “hombres de Dios”. Es fundamental, ante todo, una íntima comunión con Cristo, cuyo alimento no es otro que hacer la voluntad del Padre (Cf. Jn 4,34). Así, profundizar en esa intimidad con el Señor es para vosotros una prioridad pastoral; es más, podríamos decir que la más importante. De lo contrario, ¿cómo vais a ser instrumentos de la gracia y cómo vais a predicar a Cristo si vosotros no tenéis una intimidad y un conocimiento especial de Él? Sólo a la luz de Dios se comprende la profundidad del hombre, principio básico para en el futuro poder ejercer el arte del pastor. El hallaros profundamente enraizados en Cristo hará que veáis que Él está presente y actúa en vosotros y ello os animará a no tener miedo ante las dificultades y las incomprensiones de nuestro mundo. Al mismo tiempo os fortalecerá para defender vuestra vocación al sacerdocio, sabiendo que la gracia de Dios garantiza el éxito (Cf. 1Cor 15, 10). En esa escuela de Nazaret, que es el seminario, el ir
creciendo en Cristo consiste en ir creciendo en Sabiduría (cf. Lc 2,
51-52): en el rezo del oficio divino, la meditación fiel de la palabra de
Dios y en la íntima comunicación con la Eucaristía y la Penitencia. Es
fundamental aprender a vivir en contacto permanente con Dios en la oración.
Él se nos da en persona, a través de la Eucaristía,
centro de nuestra relación con Dios y de la configuración de
nuestra vida con Cristo. Con el sacramento de la Reconciliación
aprendemos a vernos con los ojos de Dios que nos lleva a ser más
humildes, compasivos y comprensivos con las debilidades del prójimo. Hay
que saber aprovechar los años de estudios: conociendo a fondo
Por último, no podemos olvidar que toda llamada tiene como objetivo la misión. Es esa misión la que os obliga a ir cimentando el edificio de vuestra futura vida sacerdotal en la roca, que es Cristo. Es esa misión la que nos lleva a tener presente a San Pablo que nos advierte de todos los peligros y de las falsas doctrinas, estando alerta en un mundo virtual lleno de ficciones, fantasías y engaños. Es esa misión la que nos lleva, ante un mundo que vive para morir, a ser testigos del amor de Dios manifestando que en Cristo, podemos morir para vivir y dar vida.
Que la Santísima Virgen, Madre de la Iglesia, sea vuestro consuelo, vuestra compaña y seguro que agarrados a Ella no será difícil poder seguir las huellas de su Hijo. + José Mazuelos Pérez Obispo Asidonia-Jerez
Navidad 2009
Queridos seminaristas,
Comenzamos este nuevo curso en el que
Todos vosotros os preparáis para formar parte de un presbiterio en
el que ha habido y sigue habiendo muchísimos sacerdotes ejemplares,
entregados en el servicio a los hombres y dando continuo testimonio del
amor de Dios. También vosotros, como ellos un día, os formáis para ser
pastores y apóstoles.
Como futuros pastores tenéis que aprender a vivir en continua
comunicación con el Padre por su Hijo en el Espíritu Santo. Y puesto que
estáis llamados a configuraros por la sagrada ordenación a Cristo Buen
Pastor (cf. Jn 10, 11-18), es necesario ir creciendo en íntima comunión
con Él. Hay que ir creciendo día a día en el rezo del oficio divino, la
meditación fiel de la palabra de Dios y en la íntima comunicación con
los sacramentos, sobre todo en Cómo
apóstoles habéis sido llamados y elegidos por el Señor. Como a ellos,
Jesús os dice todo aquello que sus discípulos no deben llevar: ni pan,
ni alforja, ni dinero, ni túnica de repuesto (cf. Lc 10, 1-9), pues si se
llevan muchas cosas faltará la fe en Dios. Es decir, os invita a vivir
sin estar preocupados de sí mismo y a tener siempre presente la disposición
desprendida y generosa del apóstol. Es esto lo que tenéis que pedirle al
Señor con intensidad en este tiempo de seminario: que os ayude a abriros
a Él con un corazón cada vez más libre. Que os enseñe a descubrir que
sólo Dios basta. Día a día, todos debemos experimentar la confianza en
la providencia divina y descubrir que cuando nos ponemos en manos de Dios
con verdadera humildad el Señor saca todo adelante. En definitiva, el Señor
os invita a tener claro que la llamada es suya, que no tenemos que
defender nada pues, es Él, el que nos defiende.
Toda llamada tiene como objetivo la misión. Si disminuye nuestra
intimidad con el Señor se resentirá en la misión. La misión es de toda
la iglesia: envía a los Doce y no podemos olvidar la dimensión
comunitaria (cf. Mt 28,16-20).
Es esto algo importante que debéis aprender en el Seminario. La misión
es incompatible con los individualismos, somos miembros de un Cuerpo y
estamos llamados a desempeñar nuestra misión en ese Cuerpo como un
miembro más, que siempre tiene claro su pertenencia a él. Por tanto, el
primer testimonio que tenemos que dar es el del amor recíproco.
Al mismo tiempo, nos mueve el anuncio del Evangelio porque queremos
compartir el don recibido: Por
último, no debéis olvidar nunca que el Señor arriesga la fundación de
su Iglesia poniéndola en las manos de inexpertos galileos (cf.
Jn 20, 19-23). Y le salió bien, buena prueba de ello es que dura y
durará. Pues bien, también en la actualidad confía en todos nosotros,
no mejores que sus amigos de aquel tiempo. Por eso, al igual que ellos,
debemos continuamente pedirle esa agua que salta hasta la vida eterna, que
es el Espíritu Santo (cf. Jn
4, 1-42). Que
la santísima Virgen, madre de +
José Mazuelos Pérez Obispo
de Asidonia-Jerez |
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Seminario Diocesano
Asidonia-Jerez. 2010
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