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Pablo Gómez Mateos SEMINARISTA Es natural de Jerez de la Frontera, pertenece a la parroquia de San Benito. Allí ha desarrollado la acción pastoral en varios campos destacando su participación en el grupo de Oración de Taizé. Nació el 14 de junio de 1979. Estuvo en el preseminario. Estudió el primer ciclo de Administración y Dirección de EMpresas y es licenciado en Antropología Social y Cultural por la Universidad de Sevilla.
ARTÍCULOS: "Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad" KAROL, EL HOMBRE QUE LLEGÓ A SER PAPA Juan Pablo II NUEVA PELÍCULA SOBRE JUAN PABLO II
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“ME BROTA DEL CORAZÓN UN POEMA BELLO” Navidad
2010 Queridos lectores de la revista del Seminario. En este año, como sabéis, estamos de Fiesta. Celebramos las Bodas de Plata desde que nuestro querido y recordado primer Obispo, D. Rafael, fundara un Seminario para la Diócesis que, cinco años antes, acababa de comenzar su andadura. El 7 de Octubre de hace veinticinco años comenzaba esta historia, aún reciente, pero que ya ha ido dando sus frutos. La mayoría del clero joven de nuestra Diócesis se ha preparado para el sacerdocio en esta Institución. Han sido años de ilusiones, dificultades, apuestas, aciertos y errores, luces y sombras, pero siempre con la intención de ir consolidando el que los jóvenes de nuestra Diócesis pudieran tener a la mano la posibilidad de ser sacerdotes. El Seminario de nuestra Diócesis ha contribuido a hacer presente esta vocación entre nuestros jóvenes. Ése fue el objetivo de crear un nuevo Seminario y cada vez se ha acercado más y más. Ya D. Rafael quería que se convirtiera en el Corazón de nuestra iglesia diocesana. Y pienso que es algo que poco a poco se ha ido dando, desde los comienzos donde apenas nadie sabía que había un Seminario en nuestra Diócesis, hasta la actualidad, en que ya está establecido de modo fijo en Jerez, recibiendo íntegramente la formación en el entorno de nuestra Diócesis. Yo he tenido la dicha de formar parte de esta historia. Los últimos seis años de la historia del Seminario han sido también una parte importante de mi propia historia. Allí me formé en los estudios de Filosofía y Teología. Los primeros tres años en Sevilla y los tres últimos en Jerez. He sido testigo directo del gran cambio que supuso el iniciar una nueva etapa de la historia del Seminario con sede fija toda la semana en Jerez. Vienen a mi memoria las dificultades de los primeros momentos, donde hubo que buscar casa durante la obra, la generosidad de las hermanas de la Compañía de María, la impresionante acogida de la comunidad educativa del colegio, el nacimiento de nuestro querido Instituto Teológico, San Juan de Ávila, el compartir los estudios con nuestros queridos amigos del Instituto Superior de Ciencias Religiosas Asidonense,… y en todo lo anterior, el vivir y trabajar codo con codo insertos en nuestra realidad diocesana. Cómo no recordar la Oración vocacional de los domingos, que nació al mismo tiempo que nuestra nueva andadura en la Diócesis y que tanto Bien nos ha hecho. Tengo que decir con gran satisfacción y agradecimiento que, desde que comenzó esta experiencia, nunca nos hemos encontrado solos. Domingo tras Domingo se fue consolidando, con grupos fijos de personas que nos acompañaban pero también grupos de movimientos, hermandades, parroquias… de nuestra Diócesis que han venido en ocasiones puntuales. Sin olvidar la presencia de sacerdotes de nuestro presbiterio que también se han acercado a rezar con y por nuestro Seminario, para orar por los seminaristas y para que el Señor siga llamando a muchos jóvenes a seguirle en este hermoso camino. Al recordar, en síntesis, estos seis años de mi vida en el Seminario, sólo puedo proclamar la grandeza del Señor porque ha hecho obras grandes en mí. ¡He recibido tanto! ¡He aprendido tanto! Y ahora, en que la distancia física me separa, más lo valoro y doy gracias a Dios por la comunidad y la casa que dejé. Estoy convencido de que los nuevos cuatro compañeros que han ido a vivir en ella podrán beneficiarse de lo que se han encontrado. Y esto, con la ayuda del Señor, podrá ser germen de nuevas vocaciones cuando los jóvenes de nuestra tierra contemplen lo feliz que se puede ser dejándolo todo y siguiendo al Señor, viendo tan de cerca a los seminaristas; jóvenes como ellos que han descubierto que merece la pena vivir poniendo la vida al servicio del Dios que nos la ha dado. Como decía anteriormente, me encuentro en la distancia, porque en el presente curso el señor Obispo ha tenido a bien enviarme a Madrid a estudiar la Licenciatura en Teología Dogmática, en la Facultad de Teología “San Dámaso”. Esto ha supuesto para mí un gran cambio, porque con los estudios viene aneja la estancia en otro Seminario: el Conciliar de Madrid. Aquí las cosas son bien distintas en las formas, aunque no en el fondo. Los jóvenes madrileños se preparan aquí para una misma vocación, pero al ser ochenta, hay muchos aspectos de la vida cotidiana que son, como es lógico, muy novedosos respecto a lo que yo estaba acostumbrado. Pero tengo que decir que me han brindado una calurosa acogida. Empezando por el Rector, Don Andrés, y por los formadores, especialmente Fausto y Juan Carlos Vera. Y también mis compañeros de la comunidad de quinto en la que me he insertado y de toda la comunidad del Seminario. Todos ellos han estado acompañando mis pasos en esta nueva andadura con su interesarse por mi y su cercanía, que se manifestaba día tras día. También tengo aquí una parroquia de pastoral, que se encuentra en Pozuelo de Alarcón. Es la Parroquia de Santa María de Caná. En ella me encuentro muy contento por todo lo que estoy aprendiendo. Cuando voy, recuerdo con agradecimiento mi paso por las parroquias de pastoral en que estuve en la Diócesis (la de La Medalla Milagrosa de El Puerto de Santa María, la de San Juan Bautista de la Salle y la de San Pablo en Jerez). Respecto a la Facultad, puedo decir lo mismo que del Seminario, en el sentido de que también es mucho cambio, al tener tantos alumnos, de diversa procedencia eclesial y también geográfica. Recapitulando un poco, espero que viváis con la misma alegría que yo este año tan especial para nuestro Seminario. Orad por él para que se siga afianzando en una sólida formación, en todos los aspectos, de los candidatos que allí se forman. Por los superiores, formadores, profesores…, que tienen la misión de servirlo. Por la perseverancia de los que ya hemos dado el paso y también para que el Señor fortalezca a los jóvenes que está llamando, para que dejen todo y le sigan. ¡Ojala el Señor nos siga bendiciendo cada año con tantas vocaciones como en este año jubilar! Sólo me queda decir que, aún en la distancia física de la Diócesis, me siento muy unido a todos los que la forman y, con esta nueva experiencia, también me puedo sentir más unido a muchos hermanos en la Fe que peregrinan tras las huellas del Señor en diversos lugares de España y del mundo, dentro de la Iglesia. Pablo Gómez Mateos Seminarista
Navidad 2002. Quiero aprovechar esta ocasión que se me ha brindado por parte de los que hacen posible esta revista para compartir una vivencia para mí muy importante dentro de mi vida como creyente.
Hace siete años fui a un lugar llamado Taizé, en el sur de Francia, a vivir una experiencia de oración y de convivencia con personas de otras confesiones cristianas, aparte de la católica. Yo tenía entonces dieciséis años recién cumplidos, así que como podréis imaginar, no iba buscando sólo una experiencia muy mística que digamos, pero aquello me sorprendió de sobremanera, ya que habían miles de jóvenes que se lo pasaban muy bien pero aparte también vivían su Fe y la compartían con los demás. Yo en aquella época no estaba muy católico como solemos decir aquí y a mi me ayudó aquella experiencia a entrar de lleno en la Iglesia a mi regreso a Jerez; sí es verdad que estaba dentro de una Parroquia (San Benito de Jerez), pero estaba apuntado a las catequesis juveniles para la confirmación y nada más, como por rutina y esta experiencia tan fuerte me llevó a comprometerme más con Jesucristo y a tomármelo mucho más en serio. He de decir que me lo pasé muy bien ese año, me acostaba a las cinco de la mañana casi todas las noches, pero no por eso dejaba mis oraciones de la mañana. Todos los encuentros, introducciones bíblicas, reflexiones y oraciones me sirvieron para ver algo nuevo que siempre lo había tenido ahí, pero que nunca lo había descubierto: ese encuentro con el Maestro. Él me había llamado aquel verano de mil novecientos noventa y cinco a tener un encuentro con Él y desde entonces he acudido siempre que me ha sido posible.
Quisiera animaros a que todos los que queráis vivir una semana de intensa cercanía con el Señor en la oración y en el compartir con los hermanos de nuestra confesión y de otras, os animéis a ir a Taizé y conocer aquello. Para mí desde luego fue una gran experiencia y se la llevo recomendando a mucha gente desde aquella primera vez. He visto a mucha gente volviendo de allí maravillados con la experiencia que han vivido y creedme, merece la pena.
Una de las cosas que en Taizé se hace más hincapié es la oración, en esa cercanía con el Señor, y allí se hace patente durante tres momentos al día en forma de oraciones comunitarias que congregan a más de cinco mil jóvenes en la Iglesia de la Reconciliación. Este hecho tan importante que allí se inculca de la oración comunitaria y personal fue trasladado a Jerez hace más de quince años a la comunidad parroquial de San Benito y desde entonces se hace allí oración al estilo de Taizé todos los viernes del año a las nueve y cuarto, caiga en la fecha que caiga, sea feria o puente... Así que también os invito a pasaros cuando queráis por allí a compartir una horita de oración con nosotros. Viene gente de varios sitios, no sólo de la Parroquia y si queréis venir a Taizé el próximo verano sólo os basta con pasaros por San Benito un viernes a la hora de la oración y manifestar dicho deseo ya que la organización de la próxima peregrinación está en marcha.
Espero que esta humilde experiencia os haya servido para resaltar la importancia de la oración dentro de la vida cristiana. Muchas gracias.
Pablo Gómez Mateos
“Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad” Navidad 2004. Me llamo Pablo y siempre he pertenecido a la Parroquia de San Benito de Jerez, hasta el pasado mes de Septiembre, que me incorporé a nuestro Seminario. Escribo este artículo porque me lo han pedido mis compañeros pero también porque quiero compartir con vosotros el por qué he dado este paso en mi vida, del modo más breve que pueda, pero también más ilustrador. Con altibajos, como todo el mundo, he pertenecido a mi Comunidad parroquial. Al principio de un modo pasivo (recibiendo catequesis, yendo a Misa...) y últimamente tomando responsabilidades. ¿Dónde estuvo el punto de inflexión que me hizo cambiar de actitud?. Pues, como dije en otro número de esta revista, a raíz de una experiencia de encuentro personal con el Señor en Taizé; una Comunidad de monjes de todas las confesiones cristianas (Ecuménica) que hay en Francia. Allí llegué de la mano de unos amigos de mi parroquia, que me invitaron a participar de este encuentro en un momento de mi vida donde Dios no era nada importante. Era una costumbre, una práctica... pero poco más. A partir de ese encuentro descubrí a un Dios cercano con la humanidad y también conmigo y surgieron muchas inquietudes nuevas (lo que me faltaba a esa edad [15 años] donde lo que más hay son inquietudes y preguntas nuevas acerca del mundo y de la vida). Dentro de estas inquietudes estaba el ver el mundo en el que vivo, el que me rodea y el menos inmediato y ahora, además, desde una nueva perspectiva: la de la Fe, la del que quiere seguir al Señor. Cuanto más me iba metiendo en querer responder a mis interrogantes y comprender las cosas del mundo y de Dios, más ahondaba en la escucha de su Palabra y en la Oración. En Él buscaba la respuesta y descubría cómo me iba llevando por nuevos caminos para dármela. Ahora puedo mirar hacia atrás y ver los acontecimientos, las personas ... de que Dios se ha servido para hablarme. En esto de la vocación no hay que esperar a que le suene a uno el móvil con un remitente desconocido o privado (que es lo que aparece cuando nos llaman desde muy lejos). A veces tenemos esta llamada más cerca de lo que pensamos. Pero hay que vivir conscientes de la presencia de Dios en todo, y en la Oración y Reflexión para darnos cuenta de que es Él el que nos va mostrando sus caminos y nos orienta la marcha si nos dejamos trabajar “como barro en manos del alfarero”. Sólo me queda añadir dos deseos o peticiones a los que leéis estas líneas: 1.- Que oréis por los que hemos dado este paso, para que perseveremos en este don que el Señor nos ha querido regalar desde su Bondad. 2.- Que os planteéis lo que el Señor quiere de vosotros a cada instante de vuestra vida. Que, como buenos seguidores suyos, concibáis la vida como un hacer su voluntad, aunque nos parezca que es imposible que a mi me pueda pedir esto o aunque me parezca imposible de realizar. Porque una cosa es clara: aunque resulte impensable para nosotros, por nuestras limitaciones y debilidades, el Señor nos dará su Espíritu y su Fuerza para llevarlo a cabo. Además, no podemos perder de vista que a lo que nos llama es a ser felices, bienaventurados, por lo que, aunque nos dé miedo y nos resulte difícil, ¡ánimo!, que está en juego nuestra Felicidad y la de los demás. Por último, quiero dar las gracias a mis dos familias: a la de sangre, que me han educado, orientado, apoyado, ayudado, cuidado... y, sobre todo, que me dieron a conocer a Dios (en especial a mis padres, a mi hermana y a mis abuelas [que el Señor les haya recompensado todo lo que por mí hicieron]) y a mi familia en el Señor, a mi Comunidad Parroquial de San Benito, con la que he compartido y crecido en mi Fe. Ambas familias estuvieron presentes en la Eucaristía de comienzo del curso que tuvimos el 26 de Septiembre en el Santuario de San Juan Grande, además de otros amigos. A todos ¡GRACIAS! y seguid orando al Señor para que persevere en este camino tan hermoso de fidelidad y amor. Pablo Gómez Mateos
KAROL, EL HOMBRE QUE LLEGÓ A SER PAPA Navidad 2005 Se
ha estrenado hace varias semanas en formato Dvd esta película acerca
de la vida de nuestro recordado Papa Juan Pablo II, fallecido en abril
de este año. La película comienza en la juventud de Karol, al que le tocó conocer los horrores de la invasión nazi en su país, con multitud de violaciones de los derechos humanos: asesinatos, violaciones, expropiaciones obligadas, refugiados obligados a abandonar sus hogares con lo indispensable,... que se mezcla con el ansia de libertad de grupos que se organizaban. En
un extremo del país estaban los nazis, mientras que en el otro se
situaba la unión soviética, que expulsó a los nazis y anexionó a
Polonia a su organización política. Tanto unos como otros cometieron
barbaries que marcaron la juventud de nuestro protagonista. En medio
de toda esta catástrofe decide ingresar en el seminario clandestino,
abandonando parcialmente la vida como joven normal de su época. Era
aficionado al teatro y tenía que trabajar con sus manos en una mina
para poder mantenerse él y a su padre, gravemente enfermo. Ya
no os cuento más, para que podáis apreciar con vuestros propios ojos
y con vuestra alma la increíble trayectoria de este hombre que, como
dice el subtítulo de esta obra, llegó a ser Papa. Una trayectoria
marcada por el dolor, el cual se dispuso remediar, estudiando y
enseñando de modo brillante y dedicando su vida a la entrega de los
demás en el ministerio sacerdotal. Desde
estas líneas reiteramos nuestra acción de Gracias al Padre Bueno por
la vida de este hombre al que llamó para ser testimonio vivo de su
Amor y que, sin duda, veremos pronto elevado a los altares. Fijaos si la película (y la vida) del Santo Padre fue interesante que en Asidonia se le agotan continuamente a Agustín. Así que, sin más, os recomiendo que os acerquéis por allí y la compréis, que no es nada cara y os va a reconfortar espiritualmente a vosotros y a vuestros amigos, además de ser un magnífico regalo para estas navidades. Pablo Gómez Mateos
Juan Pablo II NUEVA PELÍCULA SOBRE JUAN PABLO II Navidad 2006 Hace un año, en el número de Navidad de “Nuestro Seminario” del año pasado, recomendábamos una película sobre la vida de nuestro recordado Juan Pablo II. Karol era su título y versaba sobre la trayectoria del Santo Padre durante su juventud y adultez en Polonia, con las dificultades de la ocupación Nazi primero y Comunista después. En aquella ocasión la película finalizaba con la llegada a la Cátedra de San Pedro de aquel Papa venido de lejos. Esperamos que la pudierais ver y disfrutar con el ejemplo de la vida de aquel gigante de la Iglesia polaca. No obstante, todavía estáis a tiempo de adquirirla si aún no la habéis visto. Pero el motivo del presente artículo es el de invitaros a ver una nueva producción sobre el mismo protagonista. En esta ocasión, se va haciendo un recorrido más rápido sobre los años de su juventud y llegada al episcopado en comparación con la película anterior. Pero consta de un segundo episodio, donde se reflejan los hitos más importantes de su pontificado. Evidentemente, son muchos acontecimientos importantes de los 26 años de pontificado los que no aparecen reflejados en esta película, por limitación del tiempo. Pero eso sí: recoge muy bien algunos de ellos y los plasma en esta obra, que dura en total unas tres horas (los dos episodios). Con la memoria tan reciente de lo que representó Juan Pablo II en nuestras vidas y en la vida de la Iglesia, os invitamos desde aquí a que rememoréis su persona y su ejemplo viendo esta nueva película, que os traerá al recuerdo escenas incluso de vuestras propias vidas. Como siempre, en Asidonia se la podéis encargar a Agustín, si es que todavía le quedan algunas copias. Es un buen regalo para estas navidades, para regalar a la familia y a todos aquellos que son queridos para nosotros.
Pablo Gómez Mateos
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Seminario Diocesano
Asidonia-Jerez. 2006 |
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