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REVISTA DIGITAL |
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Diego González Pérez Presbítero Nacido el 26 de abril de 1971, en Ubrique. Es Licenciado en Ciencias Religiosas. Destinado a la Parroquia de la Barca de la Florida.
VÍDEO: Entrevista
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Diego González Pérez.
Navidad 2002. La Navidad es la conmemoración de una realidad que en términos de hoy día se diría supera a la ficción. Celebramos (o por lo menos se celebraba) el encuentro de Dios con los hombres y mujeres en la Historia. Ya no estamos solos, perdidos en medio de nuestros problemas, sufrimientos y luchas. Dios está con nosotros. Hay esperanza para la Humanidad. Uno de los rasgos más tristes de nuestra sociedad es su capacidad de vaciar de contenido y de verdad las fiestas y los acontecimientos más entrañables. Y la Navidad no es una excepción La Navidad no es una fiesta fácil. Pero la puede celebrar desde dentro quien se atreve a creer que Dios está con los hombres y puede volver a nacer en nuestra vida diaria. Dios es infinitamente mejor de lo que sospechamos. Más cercano, más comprensivo, más tierno, más amigo de lo que nos podemos imaginar. Los hombres no nos atrevemos a creer del todo en su cercanía, su bondad y ternura. Necesitamos detenernos ante lo que significa un Dios que se nos ofrece como niño débil, vulnerable, indefenso, irradiando "sólo" paz, gozo y ternura Se despertaría en nosotros una alegría diferente y nos inundaría una confianza desconocida. Ese Dios nacido en Belén es el mejor regalo que se nos puede ofrecer a los hombres. Nuestra equivocación es pensar que no necesitamos de Él. Celebrar la Navidad no es despertar la euforia pasajera con unas copas de cava; sino alimentar nuestra alegría interior y nuestra confianza en la cercanía de un Dios que está presente en nuestro vivir diario. Al aproximarse la Navidad es fácil advertir entre nosotros un empeño especial por crear un ambiente de fiesta. Son muchos los que adornan sus hogares con diversos motivos navideños (belenes. estrellas, luces, árboles...).
Lo mismo sucede en las calles, plazas y en los escaparates, bares, etc. Podemos decir que se despierta en nosotros el deseo colectivo de crear, un clima que rompa el ritmo de nuestra vida diaria y nos ayude a olvidar, aunque sea durante algunos días, los problemas a los que hemos de enfrentarnos día a día. Para ir a una fiesta necesitarnos un traje, ir vestidos de fiesta. Vamos a conseguirnos el nuestro. El traje de Navidad es ofrecer alegría a las personas cercanas, escucha sincera y el amor que se trabaja cada día. Este es nuestro traje pero también es nuestro regalo. En el hombre hay un potencial grandísimo para hacer el bien a los semejantes, y que en clave navideña llamamos hermano. Por eso Dios quiso hacerse hombre, para que el hombre recuperara la confianza en sí mismo. Lo humano es bueno, por eso lo escogió Dios. Sólo escogiendo unos objetivos positivos hacemos desaparecer los negativos. Por ejemplo, si digo que no voy a ser egoísta, nadie me garantiza que eso desemboque en un compartir. Pero si me embarco como objetivo compartir, compartiendo es imposible que haya egoísmo. Las fiestas navideñas son un recuerdo vivo del anhelo de paz que se encierra en el corazón humano. Con el mejor deseo para todos felicito las Navidades recordando una frase de Gandhi: “No hay un camino para la paz, la paz es el camino". Diego González Pérez.
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Seminario Diocesano
Asidonia-Jerez. 2007 |
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