REVISTA DIGITAL

 

OBISPADO

 

SEMINARIO

 

Juan

 VALENTÍN

JIMÉNEZ JIMÉNEZ

SEMINARISTA

Es natural del Puerto de Santa María y pertenece a la Parroquia Prioral de Nuestra Señora de los Milagros. Nació el 31 de julio de 1976 y es Diplomado en Educación Primaria habiendo concluido el cuarto curso de psicopedagogía. Se incorpora al curso introductorio que se inaugura este año y procede de  Comunidades Neocatecumenales.

 

ME HA TOCADO UN LOTE HERMOSO

MI VOCACIÓN

 

 

Portada Navidad 2003

Portada Pascua 2003

Portada Navidad 2002

Portada Pascua 2002

Portada Navidad 2001

Portada Pascua 2001

Portada Navidad 2000

Portada Pascua 2000

Portada Pascua 1999

Portada Navidad 1998

Portada Especial 1997

 

 

 

"¡ME HA TOCADO UN LOTE HERMOSO, ME ENCANTA MI HEREDAD!"

Pentecostés 2008

La gran heredad de Dios está formada por un “colage” tan variopinto como la propia palabra indica, cada uno de estos trozos está lleno de gente viva, con una cultura propia, con un paisaje distinto, con un modo peculiar de sentir la fe, con inquietudes y expectativas diferentes pero unidos por un solo Señor que es Jesús y su Iglesia.

 

Así lo recoge el salmista de forma maravillosa con los versos del salmo 15 que encabezan estas líneas. Identificándome con él, solamente puedo decir: ¡Me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi Iglesia de Jerez! Sí, así es, soy seminarista de esta diócesis y para mí un motivo de dar gracias a Dios por estar en ella junto con mis compañeros.

 

            Durante muchos años nuestra joven diócesis ha ido formándose y madurando en el regazo de la Sevillana Madre, a la cual, siempre estaremos agradecidos; pero ya con la solidez de la experiencia se hacía necesaria la presencia del seminario en Jerez. La labor ha sido y es ardua, había que empezar por formar un cuerpo de profesores, requisito indispensable para la formación seminarística. Nuestro anterior obispo don Rafael, ya intuyó esta necesidad y don Juan, actual obispo de Jerez, no dudó en continuar esta labor y de darle culmen en octubre de este año pasado.

 

            Por este mes, comenzamos nuestra andadura en la tierra del vino, con la bendición del Santo Padre en Roma; unos días de alegría y algazara para nuestro espíritu. Como decía, una tarea  que continúa creciendo pues la plantilla de profesores se aumentará con la futura incorporación de dos compañeros diáconos que estudian allí y gracias también a la plena colaboración de un tercer diácono que lleva todo referente a la secretaría técnica del centro. Es tarea de todos.

 

            Llegamos a Jerez y un nuevo reto se nos presentaba: la reforma del seminario y donde vivir durante las obras. Había que encontrar un lugar y la virgen María que siempre acompaña a los cristianos, nos puso por delante el edificio de las religiosas de la calle Compañía nº 3 junto a la plaza de san Andrés; me refiero a la “Compañía de María”.  En esta casa hacemos uso compartido con el centro escolar de su hermosa iglesia, ofreciendo a todo el pueblo de Jerez y a la diócesis nuestra presencia y agradecimiento con una oración todos los domingos a las 20:00 horas.

 

            En estos momentos es necesario fortalecer nuestra estancia en Jerez para que todos los Asidonenses sepan que tienen a su seminario muy cerca de ellos, y abierto a todos los jóvenes que tengan interés en seguir los pasos del Señor a través de la vocación sacerdotal o simplemente conocer como viven los futuros curas del siglo XXI. Una vida sencilla y llena de ilusiones que se ha visto colmada este año con lo que parecía un sueño inalcanzable para muchos otros sacerdotes de tener el seminario en Jerez.

 

            Es sin duda, ¡una gran esperanza!, como dijo Benedicto XVI, el poder estar tan cerca de los que forman la diócesis, poder beber de la experiencia de aquellos curas longevos -con la futura casa sacerdotal- que han entregado toda su vida al servicio del Evangelio. Compartir con los curas jóvenes las inquietudes de una misión que cada vez exige nuevas formas y planteamientos, participar de la pluralidad de movimientos que tiene nuestra diócesis; “porque lo que no se conoce, no se ama” y nuestra misión ahora es darnos a conocer a todos.

 

            Son muchas las necesidades de nuestra Iglesia Asidonense, pero esta, era muy urgente. Muchos obstáculos salvados, como la recuperación de Bertematti, donde se imparten nuestras clases y compartimos el tiempo de formación con seglares que profundizan en la fe desde su compromiso eclesial y académico. Si no hay una buena formación difícilmente hubiéramos podido dar “el salto” a Jerez; una formación garantizada por un elenco de profesores formados en Roma, Salamanca y Madrid, que hacen que tengamos un plantel inmejorable hoy por hoy.

 

            Además de todo esto, personalmente me alegra mucho estar aquí, quizás, porque al igual que la Iglesia, tradición y presente se dan la mano y digo esto porque tres generaciones de mi familia han nacido en esta ciudad y se han bautizado en san Miguel. (mi abuela Teresa, mi madre y mi hermana Inma). Pasear por aquellos lugares donde me inculcaron la devoción y le fe, me llena de alegría. Un simple paseo por la cruz blanca, parando ante el Señor de la Puerta Real, llegar y contemplar a María Asumpta en la plaza de la Asunción, bajar hasta la plaza del Carmen para ver a la “Marinera coronada” desde el cristal del cancel, subir la cuesta de Belén hacia San Lucas para rezar ante el Señor de las Tres Caídas, pasando por Santa Rita, para en Chancillería adorar a Jesús Sacramentado que siempre nos espera en la Iglesia de las Esclavas del Santísimo Sacramento.

 

            En fin, una gran cantidad de recuerdos que se actualizan como nuestra fe y que están ligados sin duda, a una ciudad impregnada de fe con un sentir religioso popular netamente cofrade, una Semana Mayor que es toda una catequesis de la Pasión del Señor: Desde su Entrada en Jerusalén, la celebración de la Cena hasta Expiración, siempre bajo la mirada de la dolorosa que guarda la basílica de la Merced. Pero sobre todo una ciudad de luz pascual, de confianza y esperanza que multiplica que sus carismas de servicio al pueblo: un Jerez samaritano en el Salvador o en San Juan Grande, un Jerez orante en el u de Gracia o en la Cartuja, un Jerez educativo con los Marianistas, los Salesianos, Lasalianos…

 

            En definitiva, una ciudad sede, donde late un corazón que se nutre y alimenta de una diócesis de fe viva y expectante desde los Milagros de El Puerto hasta la Serrana Virgen de los Remedios de Olvera.

 

            Mi cariño a todos los que han hecho posible esta realidad, en especial a mi madrina la Hermana María O.E.S., César, mi sobrino Miguel y en recuerdo póstumo a Sor Asunción de la Caridad, que reza por nosotros.

 

Valentín Jiménez Jiménez

  Seminarista de 4º Curso

 

MI VOCACIÓN

Pascua 2004.

Aunque caiga en el tópico de la dificultad -¡es cierto!- me resulta bastante complicado expresar el “cómo he descubierto”, pues son múltiples los caminos y medios de los que Dios se sirve tales como: los amigos, compañeros de estudio, personas desconocidas, circunstancias familiares, paisajes, imágenes, etc... todos ellos encierran un halo, un destello misterioso de Dios que sabemos captar pero que nos resulta, por lo menos a mí personalmente, muy difícil de explicar. Es la grandeza de Dios que nos ha hecho sus elegidos dentro de la hermosa creación, dotándonos a cada uno de esos lazos misteriosos que unen a los hijos con el Padre, de manera que cada uno individualmente colma ese anhelo de ser hijo amado cuando se encuentra con Él para descubrir una multitud de hermanos que amar formando la gran familia que es la Iglesia.

Empezaré por presentarme: mi nombre es Valentín y soy natural de El Puerto ( ½ de Jerez), tengo 27 años y he llevado una vida normal como la de cualquier joven de nuestro tiempo -como la tuya-, pero con una gran inquietud que siempre marcó mi ser: Dios y el encuentro con Él.

Desde muy pequeño tengo siempre el recuerdo de ver a mi hermana rezar y de ella bebí las primeras aguas de la oración, hábito que se fue convirtiendo en necesidad y que hoy da sentido a mi vida. En la formación de mi vida religiosa también tengo que destacar a los Hnos. de la Salle de los cuales aprendí no solo contenidos de la fe sino que me contagiaron el gusanillo de la enseñanza y la belleza de entregar una profesión al servicio de Dios, pues, la consagración personal era algo que a esa edad no se piensa. En esta trayectoria de crecimiento hacia el Misterio de lo Divino tampoco puedo olvidar a mi abuela Pilar y a mis padres que me han inculcado grandes valores que manifiestan la acción de un dios que es Amor. Así fui creciendo pero al terminar la primaria -abandonando la Salle- pasé al instituto y comencé esa etapa algo difícil que es la adolescencia. Confuso y tal vez algo perdido, me refugié en la oración iniciando un camino totalmente autodidacta: la lectura del Evangelio así como la devoción particular a algunos santos formaron la roca donde me aferré para pasar los malos y buenos momentos de una persona que por fuera está cambiando y por dentro madurando. Hasta el momento os he hablado de la presencia de Dios en mi vida pero toda vocación nace de un encuentro personal con Él y yo lo tuve.

Como iba diciendo, la oración crecía en mí, abarcando mas aspectos de mi vida, pasando de ser una fórmula para pedir a Dios el cumplimiento de unos deseos (lo típico, aprobar exámenes...) a convertirse en una entrega a Él y darle el derecho que se merece a ocupar toda nuestra persona fundiéndose en un abrazo; así del monólogo surgió el diálogo con un amigo que nunca falla; a todo ello, estudiaba en la facultad y comenzaba a tener mis primeras “incursiones” en el mundo laboral, concretamente en la hostelería y en la enseñanza. En estas acciones fui descubriendo en personas, niños y en sus circunstancias particulares el rostro de un Dios sufriente apareciendo en mí la necesidad de dar un paso más en la vida de todo cristiano y de toda persona que ama al mundo, esto es, el compromiso. Este nacía de mi fe pues sin ella no tenía sentido así que, me planteé la gran pregunta ¿Señor, qué quieres de mí? y más tarde otras dos más ¿cómo puedo yo servirte mejor? Pieza soy pero ¿qué lugar debo ocupar dentro de tu Iglesia?, y entonces una mañana durante mi oración experimenté la dicha del Señor y donde albergaba la duda apareció la decisión, algo así como dice San Francisco de Asís:

“Pero lo que más me impresionaba era la manera nueva con que mis ojos veían las cosas. Tenía la impresión de que antes no había visto nada y comprendí las palabras del salmo: Tienen ojos y no ven. ¡Yo no había visto hasta entonces! Ahora si que veía el sol, la luna, la tierra, las fuentes, las flores...Antes no las veía”.

Ese Dios de la niñez onírica, de la adolescencia rebelde me mostraba ahora, su forma más cercana en la persona de Cristo y me hablaba a través de todos aquellos hermosos signos puestos por el Padre para el deleite de nuestros sentidos como es la Creación. Lleno de este estado que sólo la Gracia puede dar, me puse en contacto con una religiosa profesora de la facultad (Elena Santana) y algo más tarde con mi párroco (P. Diego Valle), tomé contacto con el seminario y tras un año de discernimiento me he adentrado en esta aventura de amor que Jesús me ofrece, la cual no está exenta de peligros pero “Grande es el Tesoro”. Pero teniendo como única brújula la voluntad de Dios y en el corazón el Fiat de María Virgen, llegaremos.

Espero que estas letras que brotan del corazón lleguen a los vuestros pues tienen la única intención de compartir con vosotros el Tesoro que he encontrado y que a todos os espera. ¡Escarbar en vuestros corazones y lo hallareis!

A ti Teresa que estás en los cielos y disfrutas de la Paz del Señor.

Valentín Jiménez Jiménez

Curso Introductorio.

 

 

 
 

Seminario Diocesano Asidonia-Jerez. 2004
Diseño Luis López-Cuervo del Rosal.