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Federico Mantaras Ruiz-Berdejo PRESBÍTERO Nació en Jerez de la Frontera el 16 de marzo de 1967 y fue ordenado el 22 de Septiembre de2001. Es Secretario general Canciller de la Diócesis, adscrito a la Parroquia de la Medalla Milagrosa del Puerto de Santa María, miembro del Tribunal Eclesiástico de la Diócesis y Director Espiritual del Seminario.
ARTICULOS:
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Navidad 2009 «Cuando
el pastor es santo, el rebaño es bueno, cuando el pastor es bueno, el
rebaño es fiel, cuando el pastor es sólo fiel, el rebaño es tibio»
(San Juan María Vianney). Comenzamos este artículo con esta frase
del patrón del clero diocesano para resaltar la importancia que tiene
la santidad de los sacerdotes: de ello depende no sólo su salvación
personal, sino también la del rebaño que le ha sido encomendado. Dios
llama hoy a sus sacerdotes en un contexto humano y eclesial
caracterizado por la ambivalencia de una sociedad que, de un lado,
habla mucho de derechos humanos y, al mismo tiempo, que se adentra en
el secularismo y en el vacío de Dios. El panorama que se nos presenta
no es fácil, los sacerdotes tienen que desarrollar su ministerio en
un difícil caldo de cultivo en el que se excluye a Dios y se destruye
al hombre. Y
nosotros, ¿qué podemos hacer? Rezar, rezar y rezar. Jesucristo sólo
puso una condición para que el Padre mandara obreros a su miés: que
se lo pidiéramos. Este año sacerdotal vamos a pedir todos con todas
nuestras fuerzas para que el Señor suscite vocaciones presbiterales y
para que los sacerdotes que tenemos sean fieles y aspiren cada día a
la santidad. Para motivarnos más en nuestra oración quiero terminar
este artículo con un texto del escrito Hugo Wast que dice así: “Cuando
se piensa que Nuestro Señor Jesucristo, en la última Cena, realizó
un milagro más grande que la creación del universo con todos sus
esplendores, y fue convertir el pan y el vino en su Cuerpo y su Sangre
para alimentar al mundo; y que este portento, ante el cual se
arrodillan los ángeles y los hombres, puede repetirlo cada día un
sacerdote. Cuando
se piensa en el otro milagro que solamente un sacerdote puede
realizar: perdonar los pecados, y que lo que él ata en el fondo de su
humilde confesionario, Dios, obligado por su propia palabra, lo ata en
el Cielo, y lo que él desata, en el mismo instante lo desata Dios. Cuando
se piensa que la humanidad se ha redimido y que el mundo subsiste
porque hay hombres y mujeres que se alimentan cada día de ese Cuerpo
y de esa Sangre redentora que sólo un sacerdote puede realizar. Cuando
se piensa que el mundo moriría de la peor hambre si llegara a
faltarle ese poquito de pan y ese poquito de vino. Cuando
se piensa que eso puede ocurrir porque están faltando las vocaciones
sacerdotales; y que cuando eso ocurra se conmoverán los cielos y
estallará la tierra, como si la mano de Dios hubiera dejado de
sostenerla; y las gentes aullarán de hambre y de angustia, y pedirán
ese pan, y no habrá quien se los dé; y pedirán la absolución de
sus culpas y no habrá quién las absuelva, y morirán con los ojos
abiertos por el mayor de los espantos... Que perseveremos en la oración por los sacerdotes y el Padre nos recompensará. D.
Federico Mantaras Ruiz – Berdejo Director
Espiritual del Seminario
Pascua 2005. Vivimos hoy en Europa un tiempo caracterizado por el secularismo y por el olvido de Dios en gran parte de la población. Dicen los expertos que por primera vez en la historia se esta rompiendo “la cadena de la fe”, una cadena que se fue haciendo pasando de padres a hijos desde los primeros siglos de nuestra era. Ante este panorama nos preguntamos: ¿qué sacerdotes necesita la Iglesia para nuestros días? Yo diría que, como siempre, necesitamos sacerdotes apasionados por Cristo, deseosos de llevar la Buena Noticia de Jesús a todos los hombres y que amen profundamente a la Iglesia, como madre y maestra. Para ser más concreto, señalaría tres puntos que considero importantes: Precisamos sacerdotes de fe recia. Personas que tengan sus pies bien plantados en la roca de Cristo, que mantengan un trato diario con su Señor en la oración personal, que perseveren el rezo de la liturgia de las horas y que vivan los sacramentos que celebran. Precisamos sacerdotes de esperanza fundada. Personas realistas, capaces de darse cuenta de que vivimos tiempos difíciles y a la vez convencidas de que no caminamos solos, que el Señor permanece entre nosotros, que Él ha vencido al mundo, que su Espíritu sigue conduciendo la barca de la Iglesia. Precisamos sacerdotes con entrañas de misericordia. Personas capaces de actuar como el Padre del hijo pródigo: que salgan cada día a buscar al hijo perdido, que cuando se acerque lo reciba con amabilidad y alegría, que con sus gestos y sus palabras transmita verdad y vida. Ha de saber actuar también como el Padre del hijo mayor: con paciencia infinita, invitándolo a que pase al banquete y a que aprecie lo bien que se está en la casa del Padre.
Federico Mantaras Ruiz-Berdejo Secretario General Canciller
Navidad 1998. El filósofo K. Jaspers hablaba de un tiempo eje que se produjo en el siglo VIII a C. Las nuevas circunstancias que se daban en el mundo hacía que surgieran personalidades de gran talla en diferentes lugares del planeta: Confucio en China, Buda en la India, Zoroastro en Persia, Platón en Grecia y Isaías y Jeremías en Israel. En esta época el hombre comienza a tomarse tiempo para reflexionar, toma conciencia de que él es un ser único, algo más que un mero componente del clan y de que Dios es uno y trascendente superando el politeísmo de dioses míticos. Donde yo quiero llegar es que caigamos en la cuenta de que estamos en un momento crítico. En el día de hoy se están dando unas circunstancias nuevas que nos están llevando a una nueva visión del mundo. En menos de un siglo estamos pasando de una sociedad rural, agrícola, trabajadora, familiar y teocéntrica a una sociedad de la tecnología, de las comunicaciones,
del ocio y de los derechos humanos. Vivimos el ocaso de las ideologías, de los grandes proyectos, ya nadie cree en las grandes soluciones para los problemas del hombre, todos esos intentos han fracasado, por tanto es mejor dejar de gastar energía inútilmente, vivamos al día y disfrutemos de la vida lo que podamos. En el aspecto religioso en este último siglo estamos pasando de un mundo en que todos eran creyentes y a Dios se le daba por supuesto a un mundo de increencia generalizada en el que lo que se da por supuesto es que Dios no existe. Y yo me pregunto ¿somos conscientes los cristianos de lo que está pasando? ¿caemos en la cuenta que este es el mundo en el que nos tenemos que encarnar? ¿estamos convencidos de que la única solución para este mundo sigue siendo Jesucristo? ¿nos damos cuenta de que la principal tarea que hoy tiene la Iglesia es evangelizar en un mundo de increencia y que todo lo demás es secundario? ¿somos conscientes de que para tiempos nuevos hacen falta nuevas formas de evangelización?. Federico Mantaras Ruiz-Berdejo
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Seminario Diocesano
Asidonia-Jerez. 2004 |
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