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REVISTA DIGITAL |
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Antonio Luis Sánchez Álvarez SEMINARISTA Es natural de Arcos de la Frontera, de la parroquia de María Auxiliadora. Nació el treinta y uno de marzo de 1987. Estuvo más de cinco años con nosotros en el Preseminario.
Artículos LA ALEGRÍA DE NUESTRA ESPERANZA
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LA ALEGRÍA DE NUESTRA ESPERANZA Navidad 2008 "Voz que clama en el desierto: Preparad el camino al Señor, enderezad sus sendas; todos los barrancos será rellenad, todo monte y colina será rebajado, lo tormentoso será recto y las asperezas serán caminos llanos. Y todos verán la salvación de Dios (Lc 3, 4-6)
Con estas palabras del profeta Isaías y puestas en boca de Juan el Bautista nos adentramos a vivir este tiempo en el que esperamos la pronta llegada de nuestro Salvador, el Mesías, el Señor. Nos da gran alegría el saber que hay alguien que se preocupa por nosotros hasta el punto de entregar a su Único Hijo por nuestra salvación. Nosotros tenemos esta esperanza, pues por el nacimiento de este Niño nos llega la salvación. Por eso es necesario prepararnos, como nos dice Juan el Bautista. Nos encontramos en un momento de la historia en el que hacemos oídos sordos, la sociedad misma hace que no escuchemos al Señor que continuamente llama a la puerta de nuestro corazón. Y, además, vivimos pre-ocupados en tantas cosas que no afianzamos nada. Sin embargo, con la venida de Cristo, no tendremos problemas, pues Él allanará nuestras asperezas. Sin embargo, sí tenemos que tener una cosa clara, y es que Dios nos quiere tanto que se hace como nosotros, naciendo en un sencillo y pobre pesebre, y que, evidentemente, hemos de estar preparados. Para ello hemos que intensificar la oración, nutrirnos con la Eucaristía, hacer uso del sacramento de la reconciliación, para que, con el corazón limpio y bien dispuesto, estemos preparados para que el Niño Dios nazca en nosotros. Por eso, el Adviento es un tiempo de esperanza, en el que esperamos ansiosos la llegada de Aquel que diera su vida por nosotros. Junto a esto, es importante que descubramos esa necesidad de hacer llegar esta Buena Nueva a toda la gente, a la que se refiere San Pablo cuyo jubileo este año celebramos. Así pues, vivamos este tiempo con alegría porque a través de esta esperanza, por la fe depositada en Él, se da su nacimiento en nosotros. TengamosLe preparado el trono para que reine en nuestros corazones.
Ant. Luis Sánchez Álvarez Seminarista 3º CURSO Pascua 2007. Con gozo, queridos hermanos, celebramos la resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Es un tiempo de acción de gracias, porque Cristo, desde la muerte, ha dado fin a la misma resucitando, haciéndonos partícipes de su vida inmortal. Es un tiempo en el que muchos “cofrades”, habiendo hecho ya la Estación de Penitencia, dicen un “hasta el año que viene” al Señor, porque, una vez que su hermandad ha salido en procesión, se dan por satisfechos. Pero hay que tener en cuenta que esta Semana Mayor es muy importante porque celebramos la Pasión de Cristo y el Señor nos comunica su mensaje redentor. Pero el fin de esta Semana Mayor es la resurrección de Cristo, el mismo que rendimos culto bajo las sagradas imágenes. Cristo nos invita a vivir este tiempo con gran gozo y alegría, porque la muerte no es el final. Muy importante para el cristiano es la celebración de la Pascua, en la que celebramos el paso de la muerte a la vida de nuestro Señor. Cada vez más se encuentran estas celebraciones inanimadas y con pocos feligreses, de manera que no le estamos dando la debida importancia. Pero esto no se queda sólo en la Pascua- celebración muy importante- sino que continuamente, la resurrección de Cristo, la Pascua, se actualiza en la Eucaristía. Y el cristiano recibe la Santa Comunión como alimento de vida eterna. Por eso, queridos hermanos, os invito a que tengamos la Pascua como algo fundamental en nuestra vida, sin la cual permanecemos en la muerte. Tengamos la Eucaristía como parte constituyente de nuestro día a día: el domingo es tiempo de bendición y de acción de gracias, día en que Cristo ha vencido a la muerte y nos ha hecho partícipes de su vida inmortal. Como fin, en los estatutos, aparece el vivir nuestra fe en nuestra hermandad y dar testimonio de ello en el culto público con las salidas procesionales, aplicando a nuestro día a día el mensaje de salvación vivido en la Eucaristía. Hermanos, demos testimonio de nuestra fe, vivamos nuestra fe y la Pascua en cada Eucaristía, y sobre todo, sigamos adelante porque no hemos elegido nosotros al Señor, sino que él nos ha elegido para hacer maravillas en nuestra vida y alcanzar la felicidad por medio de Él. Antonio Luis Sánchez Álvarez
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Seminario Diocesano
Asidonia-Jerez. 2007 |
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