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REVISTA DIGITAL |
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Jorge Loring Miró, S.I
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TESTIMONIO VOCACIONAL Pascua 2007. Os contaré como fue mi vocación a la compañía de Jesús. Vivía en Málaga con mi tía eran tiempos muy difíciles, la guerra civil, el hambre... Yo estaba en 4º del bachillerato, mi tía quiso meterme en el Colegio de los jesuitas de EL PALO, donde estaban otros hijos suyos. Llamó por teléfono al rector, que entonces era el P. Cuenca, y le explicó la situación. El P. Cuenca le contestó que era imposible. Pero nada más colgar el teléfono volvió a llamar y dijo: - Mándemelo Vd. Esta determinación fue decisiva para mi vocación de jesuita. El P. Cuenca repetía muchas veces: - Al colgar el teléfono después de mi negativa, me entró un remordimiento que tuve que rectificar enseguida. En el Colegio de EL PALO hice 5º, 6º y 7º del bachillerato. En 7º curso tuve de profesor al P. José Antonio de Sobrino. Con los recuerdos de este curso escribió BUSCANDO SU VIDA. Fue una novela muy leída por la juventud de los años 40. Terminado el bachillerato, me fui a Madrid para estudiar ingeniero del I.C.A.I. Como después de la guerra mi madre quedó arruinada, para llevarle ALGÚN DINERO, en las vacaciones de verano, me metí en un negocio de exportación de pescado. Por la mañana temprano me iba al muelle pesquero de Málaga para mandar pescado a un asentador de Madrid. Como a mucha pesca le sacaban las vísceras, que estaban amontonadas en el suelo, aquello olía tan mal que ese olor me hizo aborrecer el pescado para siempre. Fue un trabajo muy desagradable para mí, pero lo hacía con gusto, sintiéndome cabeza de familia de mis siete hermanos pequeños. Durante unas vacaciones del verano hice EJERCICIOS ESPIRITUALES en Torremolinos con el P. Granero, que había sido mi Padre Espiritual durante los últimos años del bachillerato que estudié en el Colegio de EL PALO de Málaga. Salí convencido de que Dios me quería jesuita. Las razones en que fundamenté mi vocación son éstas: - La felicidad del hombre está en servir al prójimo. - Si yo levanto la fábrica podré dar trabajo a varios centenares de hombres. - Pero si me hago jesuita ayudaré a más hombres a salvar sus almas, lo cual es muchísimo mejor. - Lo más grande que puedo hacer en la vida es colaborar con Cristo a la salvación de las almas. Pero no me atrevía a decírselo a mi madre, pues después de la guerra quedamos arruinados. La fábrica quedó destruida con la guerra. Y yo era su esperanza. Éramos ocho hijos, yo el mayor, después seis niñas y mi hermano tenía nueve años. Lo natural es que mi madre me hubiera dicho: - ¿Cómo me vas dejar en estas circunstancias? Sin embargo ella contestó: - Jorge, si Dios te llama, vete; que a mí Dios no me abandona. Y así fue. Somos siete hermanos, dos chicos y cinco chicas, mi hermano, Jaime, también es jesuita y mis hermanas todas religiosas menos la pequeña que se quedó con mamá, es Carmina y está felizmente casada en Córdoba. Jorge Loring Miró, S.I
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Seminario Diocesano
Asidonia-Jerez. 2007 |
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