REVISTA DIGITAL

 

OBISPADO

 

SEMINARIO

 

 

 Gabriel

Álvarez Leiva

 

 

 

   IGLESIA, COMUNICACIÓN Y SEMINARIO

Pentecostés 2008. 

La paradoja en la que, inconscientemente, se incurre cuando se cae en ese habitual pudor frente a la comunicación social, ante los medios y los periodistas, ante el escaparate de la información, tan impropio de la misión evangelizadora que nos compete es, a veces, generalidad que los sacerdotes o aspirantes a serlo deben, a mi juicio, observar con atención. La cuestión, prioritaria en la gente de fe, de poner enmedio del mundo la verdad de Cristo Resucitado nos hace a todos, ordenados y seglares, comunicadores activos al servicio de la Palabra. Y, en ello, se nos van, tantas veces, buena parte de las posibilidades de hacer visible el Reino de Dios en el mundo.

 

Siempre me preocupó una Iglesia que no supiera comunicar a la sociedad, una fe que se viera impotente de hacer llegar sus frutos personales y sociales. Pero, más aún, me ha inquietado a menudo aquella otra que buscara refugiarse en el prudente silencio en la calle, en las premeditadas ausencias en las areópagos del mundo actual. El confort que tantas veces nos relega a las sacristías de aquellos entornos que menos conflictos nos generan, que menos nos exponen a la confrontación de las ideas, que tanto nos apartan de la frontera en la que nos jugamos nuestro, es manifiestamente lesivo no ya para los intereses del Cristianismo sino para los generales de la Humanidad.

 

Largo camino ha recorrido la Iglesia en su relación con los medios de comunicación social. Desde su actitud inicial de reserva vigilante en los inicios, a la acogida ya en los años anteriores del Concilio Vaticano y a la promoción entusiasta posterior fomentada por el decreto conciliar Inter Mirífica. Sin embargo en la actualidad, en la llamada sociedad de la información, descubrimos una separación entre la Iglesia y los medios de comunicación, manifestada no sólo por la sensación de una falta de entendimiento, sino también por la falta de una prensa católica, con una visión humanista y cristiana de la historia. Vencer este divorcio entre medios de comunicación e Iglesia es el objetivo.

 

Trabajar en ello es un placer no siempre bien entendido. Ad intra, por la reminiscencia de ese pudor mencionado, un celo por 'lo nuestro' que podría pervertir el sentido de una fe que, como la Salvación de Cristo, está ahí para actuar en el mundo. Ad extra, por cuanto a veces nos ven con el reloj parado, quizá también porque presumen aquel pudor interno, fundamentalmente porque creen -ilusos- que la humanización que el hombre y la mujer necesitan hoy en día pasa por la exaltación de las propias capacidades humanas y la entrega, sin esfuerzos ni sacrificios, a las veleidades más apartadas de la esencia de una Humanidad ávida de trascendencia.

 

Afrontar el trabajo en la Delegación Diocesana de Medios de Comunicación Social de Asidonia-Jerez es un reto, por tanto. Conocer que nos asiste el Espíritu Santo, ante el que en este tiempo de Pentecostés renovamos el compromiso de proyección de una comunicación generadora de mayores empatías entre la Iglesia y nuestro mundo más cercano, es un alivio. Que siga iluminándonos en el esfuerzo de ser llegadizos, por igual, tanto a quienes, fuera, nos miran con recelo como a nuestros sacerdotes y seglares al frente de parcelas diocesana generadoras de información comunicable en el marco del mayor respeto y servicio tanto a unos como a otros.

 

Enmedio de este primer curso diocesano en la responsabilidad no puedo sino formular la gran satisfacción por unos frutos que no cesan de producirse, paulatinos aunque incesantes, lentos por momentos pero con un hondo calado cuya respuesta en aquellos a los que roza nuestro trabajo uno va notando como calabobo que empapa sin aspavientos, que contribuye a la causa de una Iglesia joven, la Asidonense, de raíces, por otra parte, tan enjundiosas Y ello es una alegría colectiva del equipo que pone tantos esfuerzos en esta parcela modesta en sus planteamientos aunque con vocación resolutiva en un día a día en el que el mundo nos pide respuestas.

 

Y el equipo del que hablo, la piña que somos quienes trabajamos para la Delegación, dispone de presencia del Seminario. Ya es más que percibible la inquietud de todos los futuros presbíteros y sus formadores, el rector el primero, por la comunicación. Y una prueba lo constituye su presencia en Internet. Y otra, evidentemente, una publicación como esta revista. Pero, además, es menester aplaudir la iniciativa de nuestro pastor diocesano de incorporar a  seminaristas a este grupo humano con los que, tan reciente discernimiento, quizá esté aportando dosis añadidas de visión esperanzada de un mundo en el que hay tanto por hacer desde el Evangelio.

 

Son jóvenes, Sergio Moreno y José Antonio Panal, no faltos de experiencia en medios así como poseedores de licenciaturas, en uno de los casos la propia de Ciencias de la Comunicación, tan apropiadas para ayudar en esta labor a nuestra Iglesia. Son espléndidos referentes, por otra parte, de una juventud no distinta a ésa que, en la calle, tiene inquietudes e ilusiones, temores y esperanzas, esfuerzos tantas veces no comprendidos y valores más que aprovechables hasta que el materialismo, el hedonismo, la desesperanza... contribuyen, tantas veces, a cercenar entusiasmos y a cerrar puertas. Ellos, sin embargo, cuentan con excelentes e intactas convicciones.

 

El Seminario acuna al futuro clero asidonense. Y ello es tan importante que pocas son las oraciones, de seguro, que ponemos por ellos a las plantas del Padre teniendo en cuenta que encarnan nuestras esperanzas en una labor indispensable. Por ello me hace tanta ilusión que nuestros futuros sacerdotes sean sensibles a la necesidad de una comunicación de la Iglesia que, olvidando atavismos y temores del pasado, se entregue al servicio del mensaje de Cristo y de una sociedad a la que, cada vez mejor, vayamos siendo capaces de aportar cuantas respuestas estén en nuestra mano. El Espíritu Santo nos conduzca en estos empeños.

 

 

Gabriel Álvarez Leiva

Delegado diocesano de MCS

                                       

 

 

 

 
 

Seminario Diocesano Asidonia-Jerez. 2008
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