REVISTA DIGITAL

 

OBISPADO

 

SEMINARIO

 

Imagén de la Capilla del Seminario

Manuel Barrera Rodríguez

PRESBÍTERO

Nació en Jerez de la Frontera el 12 de diciembre de 1975, siendo ordenado el 1 de octubre de 2000.

 

EL CURA DEL 2000.

LA IDENTIDAD DE LOS CRISTIANOS EN EL MUNDO DE HOY.

DESDE LA CIUDAD ETERNA.

 

 

 

Portada Navidad 2003

Portada Pascua 2003

Portada Navidad 2002

Portada Pascua 2002

Portada Navidad 2001

Portada Pascua 2001

Portada Navidad 2000

Portada Pascua 2000

Portada Pascua 1999

Portada Navidad 1998

Portada Especial 1997

 

 

 

 

EL CURA DEL 2000.

Especial 1997.

Ante todo tenemos que decir que el cura debe ser un hombre llamado a la santidad, una santidad que debe estar totalmente impregnada por el Espíritu de la Evangelü Nunciandi, porque el cura es un hombre evangelizador con su testimonio y su palabra, aunque más con su testimonio que su palabra.

A la hora de estar con el mundo, no podemos olvidar que el sacerdote tiene que estar en cl mundo, siendo un hombre con alegría y que realmente sea capaz de transmitir esperanza al mundo que lo rodea de tal manera que sea capaz de enfrentarse al mundo para transformar su realidad. Por su naturaleza, ser sacerdote significa ser creador de comunidades, comunidades que no se encierren tanto en su ideología o forma de ser, sino que se empeñen más en adquirir formas evangélicas para ser verdaderamente luz y sal en la tierra. Ni que decir tiene que para ello el sacerdote tiene que ser un servidor de los hombres, que ayude verdaderamente a los hombres siendo menos funcionario del servicio religioso y más profeta en medio de su pueblo.

Por otro lado el sacerdote tiene que ser un hombre bien preparado en Teología, pero una Teología que no se quede reducida a puros razonamientos y entelequias de libros, sino que sea capaz de llevarla al mundo y a la cultura del hombre, para que se pueda comprender mejor todo lo que es el misterio de Dios y la respuesta que da Dios al hombre. No podemos olvidar que para entender lo que es la Teología hay que ser hombres de oración, con una profunda vida de oración que rebose en su vida para ser otro Cristo y darlo a los demás. Hay que ser hombres reformadores de muchas estructuras de la Iglesia que arrastran desde la era constantiniana y que son difícil de mantener conforme al Evangelio, coger todo lo bueno de los curas de ahora y avanzar más en aquellos que todavía no han conseguido.

Quizás con todo lo que se ha dicho y de una forma u otra he intentado trazar unas claves de lo que es el sacerdote ideal, desde mi punto de vista. A primera vista puede parecer imposible de realizar, pero con esfuerzo y por la gracia puede llevarse a cabo, la silueta de este sacerdote que he trazado. Sólo Dios da la fuerza para realizar esto con la ayuda de la Virgen, hacen falta sacerdotes para el pueblo pero sin ser del pueblo, en todo aquello que lo esclaviza.

Manuel Jesús Barrera Rodríguez

 

 

 

LA IDENTIDAD DE LOS CRISTIANOS EN EL MUNDO DE HOY.

Navidad 1998.

En el mundo en el que vivimos rodeados los seguidores de Jesús de Nazaret, quizás la problemática fundamental es hallar y encontrar nuestra verdadera identidad como cristianos. Muchas veces andamos ahogados por la Revolución tecnológica, donde el tener está matando al ser, la persona se convierte en un número y cada vez más despersonalizado. Vivimos en una sociedad de continuos cambios, ya no hace falta que pasen décadas para avanzar, sino que el factor tiempo va pasando muy rápido, que muchas veces no nos da tiempo a asimilar los continuos cambios que sufre nuestra sociedad. Podemos considerarnos los hombres y mujeres de la era tecnológica, que vagamos sin rumbo o con el norte un poco perdidos. Este es la diatriba en la que los cristianos nos hallamos inmersos.

Los cuatro pilares que la Iglesia y todos los cristianos tenemos para fundamentar nuestra fe y creencia en un Dios que nos hace hijos en el Hijo, se ve difuminados debido a nuestra falta de identidad.

Lo primero que nos ocurre es el olvido del Evangelio, a veces vivimos la fe de frases hechas y aprendidas, acudimos poco a la fuente de la Palabra que es la que nos alimenta.

Debido a esto, continuamente estamos negando a Jesús, con nuestra actitud, con nuestro testimonio en medio de la gente, donde de manera consciente e inconsciente nos dejamos mundanizar por todo lo que nos rodea.

En tercer lugar está la aceptación de otro espíritu, como son el dinero, el placer, el egoísmo... algo en lo que es muy fácil caer porque continuamente se nos está ofreciendo por los cincos sentidos.

Por último está cuando reconocemos a Jesús en las personas. Muchas veces nos dejamos llevar por la concepción de un Dios personal, que nos lleva a un culto basado principalmente en el rito. Olvidamos que nuestra oración para que sea efectiva tiene que pasar necesariamente por la misión. Ver la presencia de Dios no sólo en nuestras vidas, sino en la gente que nos rodea, en los pobres... de esta manera nuestra fe y nuestro actuar tomarán un cariz diferente y más evangélico.

Si tuviéramos que preguntarnos por nuestra identidad cristiana, podemos afirmar que sólo podemos construirla desde Cristo como fuente de nuestra fe, desde la comunidad porque es donde vivimos, compartimos y celebramos nuestra fe. Todo esto es para el mundo, porque es donde estamos llamados a realizar nuestra misión que es anunciar y comprometernos con el Reino de Dios y hacerlo presente con nuestro testimonio. Quizás muchas veces nos sobran palabras por parte de los cristianos y verdaderamente nos hace falta testimonio en medio del mundo donde vivimos.

Dentro de esta dimensión religiosa que debe tener todo cristiano, no podemos perder nuestro horizonte . Este horizonte de la persona cristiana consiste en ser creyentes de verdad, con todo lo que ello conlleva. Ser eclesiales, porque no podemos olvidar desde donde partimos. Ser históricos, porque dependemos de una historia y Dios se está haciendo historia continuamente. Por último ser escatológicos, porque no podemos perder nuestra esperanza, nuestra fe actualiza el pasado en el presente con la esperanza del futuro, esta esperanza es la que tiene que dar sentido a nuestra existencia.

No sé si todo está contenido en este artículo, pero lo que trato es dar unas pistas donde humildemente creo por donde pueden ir los tiros y lo importantes es que nuestra identidad no se diluya en medio de nuestro mundo, es importante tener la conciencia clara de lo que somos, de lo que queremos ser y hacia donde caminamos.

Manuel Jesús Barrera Rodríguez.

 

 

 

DESDE LA CIUDAD ETERNA.

Pascua 2000.

Ante todo tengo que dar gracias por la oportunidad que me brindan mis compañeros de poder escribir en la revista NUESTRO SEMINARIO, porque a pesar de la lejanía todavía se acuerdan de nosotros y es para mí un honor poder seguir colaborando.

Como muchos de vosotros sabéis somos tres los diáconos que estamos prestando nuestro servicio a la diócesis con el estudio aquí en Roana, algo de lo cual nos beneficiaremos todos en un futuro. En primer lugar está Miguel Ángel que está estudiando en la universidad del Laterano Derecho Canónico, después Jaime que estudia Teología Dogmática y yo que estudio Teología Fundamental, ambos en la Universidad Pontificia Gregoriana.

Esto para nosotros es un lujo y una suerte, en definitiva una gracia de Dios el poder empaparnos del estudio antes de vernos de llenos en el trabajo pastoral y sobre todo en Roma. Esta ciudad, corazón de la catolicidad, nos da una serie de oportunidades y riqueza que tenemos que aprovechar.

En primer lugar está el vivir la catolicidad de la Iglesia, o sea, la universalidad, algo que se respira desde el primer día en esta ciudad. Nos hace ver las cosas desde otro prisma, porque es verdad que muchas veces lo diocesano nos ahoga y nos impide ver la universalidad y riqueza de la Iglesia, porque su riqueza no se circunscribe a tina diócesis y nos danos cuenta que en la Iglesia hay sitio para todo el mundo.

En la misma Universidad Gregoriana estamos representadas 116 naciones del mundo, a veces parece una pequeña Torre de Babel, pero te das cuenta que nos une una misma fe y una misma Iglesia; ni qué decir tiene también esa riqueza cultural que nos da esta experiencia viendo las diferentes formas de inculturación de nuestra fe y formas de entender el cristianismo. Esto es una verdadera suerte y de la cual siempre tenemos que estar agradecidos.

Roma nos ofrece muchas posibilidades de enriquecimiento en todos los campos. Como algunos ya sabéis nosotros vivimos en el Colegio Español, somos 114, todos sacerdotes, excepto nosotros tres diáconos y un seminarista. El ambiente es plural y están representadas todas las diócesis españolas, por lo cual nos damos cuenta también cómo respira nuestra Iglesia española, a muchos niveles. Para nosotros es un honor poder representar a nuestra diócesis y hacer ver que Jerez también suena en Roma, y cómo realmente en nuestra diócesis hay una preocupación por la formación para poder después ayudar a formar a otros.

Nuestra vida esa veces un poco rutinaria, cono la de cualquier estudiante, que se basa principalmente en la Facultad y el colegio, todo esto en medio de muchas anécdotas y cosas para contar, donde se podría escribir mucho más, pero el límite de espacio condiciona.

Quisiera también decir a aquellos ambientes de nuestra diócesis que no ven esto de mandar a estudiar, que algunos nos denominan "los niñatos de Roma", quizás porque se creen que sólo estamos aquí por ponernos un cleryman y hacer turismo, desde su ignorancia y ganas de criticar por criticar; ni yo ni mis dos compañeros estamos aquí por tener un título ni hacer carrera en nuestra Iglesia, sino para servir, como bien nos lo dejó claro D. Rafael. En definitiva nos sentirnos enviados por la diócesis para después servir a nuestros hermanos y hermanas. En la Iglesia todo no es la pastoral. Es una pena que entre los mismos futuros "compañeros", se hable así de esa forma y no se sea capaz de reconocer la labor callada y la cantidad de horas delante de unos libros, en las aulas o delante del ordenador. Pero bueno, no estamos aquí para que nos reconozcan méritos, porque nuestra labor tiene que ser la de una hormiga, callada, humilde y constante, lo importante es caminar y seguir adelante y por supuesto que no nos dejaremos llevar por esa serie de comentarios, poco constructivos y que no llevan a nada.

Desde aquí quiero dar las gracias a que se siga enviando a gente porque es necesario para nuestra diócesis y porque hoy toda la preparación que se tenga para ser sacerdote es poca, ante el mundo que nos ha tocado vivir. Pero la Irás importante es no perder la alegría, la ilusión de servir a nuestra madre la Iglesia y de seguir a Jesucristo, porque en definitiva estamos aquí por El.

Por último diría a mis compañeros que se entusiasmen por el estudio y la teología, porque toda preparación es poca, estamos en un mundo donde tenemos que dar razones de nuestra esperanza (1 P. 3, 15), y donde Dios no es un presupuesto más, tenemos que hacer ver que es el sentido y la esperanza del hombre y la mujer. Desde la Ciudad Eterna un abrazo y que aquí rezamos todos los días por vosotros. ¡¡Pa'lante compañeros!!.

Manuel Jesús Barrera Rodríguez.

 

 

 

 

 
 

Seminario Diocesano Asidonia-Jerez. 2004
Diseño Luis López-Cuervo del Rosal.