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REVISTA DIGITAL |
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Iván Carrera Orellana DIÁCONO Es natural de Arcos de la Frontera, pertenece a la parroquia de San Francisco. Nació el 21 de junio de 1981. Licenciado en Ciencias Eclesiásticas en el Centro de Estudios Teológicos de Sevilla. Procede de las Comunidades Neocatecumenales. Su labor pastoral ha sido realizada en la Parroquia del Pilar y en la parroquia de Nuestra Señora de las Nieves de Jerez de la Frontera.
MIS PRIMEROS EJERCICIOS ESPIRITUALES NUEVAS LÍNEAS DE PASTORAL VOCACIONAL
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Pascua 2007 “¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado. (...) Es necesario que el Hijo del hombre sea entregado en manos de los pecadores y sea crucificado, y al tercer día resucite.” (Lc. 24, 5-7) Mis queridos hermanos y hermanas en el Señor. El equipo de revista del seminario de este curso, me ha pedido que redacte un artículo para la revista de Pascua “Nuestro Seminario”, hablando sobre el misterio de la Pascua. Es difícil hablar de un tema tan central en nuestra vida de Fe como es el de la Pascua, pero, después de haber rezado y reflexionado, me dispongo a desarrollarlo. Acabamos de celebrar la Fiesta de las fiestas: La Pascua del Señor. San Agustín llamó a la vigilia pascual “Madre de todas las demás vigilias”. Ella es la piedra angular de nuestra fe, puesto que conmemora y nos hace presente y actual la Resurrección de Jesucristo, el Cordero inmolado. Es el memorial de la victoria ganada en la Cruz por Jesús sobre el demonio. Fue en la Cruz donde se disputó tan primordial batalla entre las fuerzas del Bien y las del Mal, dando la victoria al Verbo Encarnado. Los hombres estábamos por la fuerza del pecado, bajo la esclavitud de Satanás, pero en Cristo hemos pasado a una Vida Nueva. Pienso que es de suma importancia el que hagamos interrelacionar la Pascua Judía y la Pascua Cristiana. En la primera, como bien sabemos, los fieles de Moisés se reúnen en Jerusalén para el sacrificio del cordero pascual. Con ella, los judíos conmemoran la pascua del éxodo, es decir, el paso de la esclavitud de los hebreos de la servidumbre en Egipto a la libertad y entrega de la Tierra Prometida por parte de Yahveh. En la segunda, los cristianos celebramos el paso de la esclavitud del pecado a la libertad por medio de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Salvador Jesucristo. Porque en la muerte de Cristo, nuestra muerte ha sido vencida y en su resurrección hemos resucitado todos (Prefacio Pascual II) a una Vida Nueva, donde pasó lo viejo y todo es nuevo. La continuidad entre una fiesta y otra es evidente pero la novedad está en la superación de la Antigua Alianza a la Nueva Alianza por intermedio de la Pascua de Jesús. Es decir, con la Pascua somos testigos de la resurrección del Señor. Aquél que hemos visto crucificar, y que hemos visto morir, ése, ha resucitado de entre los muertos. Y nosotros somos testigos de tan grandioso milagro. Por la adhesión a Jesucristo en la fe y por el bautismo, todos somos injertados en una vida nueva. Dios Padre, en su infinita misericordia, nos ha trasladado al Reino de su Hijo querido para que siendo Uno con Él, podamos gozar de la patria celestial. Éste es el misterio de nuestra fe, el que por medio de Jesucristo Nuestro Señor, podamos ser todos uno, y con Ël y por la fuerza del Espíritu Santo, podamos llegar a la Patria definitiva del Cielo. El día de la Pascua es el día más decisivo de toda la historia humana, porque es en este día, cuando el Padre exalta al Hijo por medio de la Resurrección. El Padre es quien sella por medio de su Hijo la Alianza Nueva y eterna de Dios con los hombres. Porque Cristo se ha convertido en vencedor del mundo y ha sometido a su dominio a todas las potencias. Con su muerte y resurrección, llevó a cumplimiento la obra de salvación que le había confiado el Padre: la redención humana y la perfecta glorificación de Dios (C. Vat. II, Dei Verbum, 4). Es decir, con la unión de la naturaleza humana a su naturaleza divina, venció la muerte con su Muerte y Resurrección; ha redimido al hombre y lo ha transformado en una nueva criatura. (Gal 6, 15). Hoy, la Iglesia, sigue haciendo presente este acontecimiento pascual, mediante el memorial de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo en el banquete eucarístico. Cuando celebramos la Eucaristía actualizamos su entrega en la Cruz como memorial. Pero, sobre todo, conectamos y visibilizamos la actitud pascual que tiene ahora, como Señor glorificado en el cielo, donde no deja de ofrecerse por nosotros (Prefacio Pascual III) y por nuestra salvación. La memoria de nuestra madre la Santísima Virgen también es signo eminente de la Pascua. Ella llevó en su vientre al Salvador del mundo y por su “Sí” incondicional a la voluntad de Dios, hoy, nosotros estamos gozando de las primicias de nuestra salvación. Ella fue testigo valiente y privilegiada del camino de Cristo a la muerte, de su resurrección y luego de la venida del Espíritu Santo. Por eso, ella es nuestra maestra quien nos lleva a vivir en plenitud la salvación de Cristo. Es el modelo de la Iglesia, ya que fue la mejor discípula del Resucitado. Por ello, pidamos a la Santísima Virgen María, Madre del Resucitado que nos ayude a ser fieles discípulos de su Hijo. Que siempre podamos responder con un “Sí” incondicional a la voluntad del Padre, como ella lo hizo. Que nos podamos entregar por Amor a la causa del Evangelio y que podamos dar testimonios, allí donde estemos, del milagro más grande jamás contado: la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.
Iván Carrera Orellana
MIS PRIMEROS EJERCICIOS ESPIRITUALES. Navidad 2002 “Vosotros venid a parte a un lugar tranquilo y solitario para descansar” “Vosotros venid a parte a un lugar tranquilo y solitario para descansar” (Mc 6,30ss). Quiero empezar esta reflexión, de mis primeros ejercicios espirituales, dando gracias a Dios por todo el amor y la misericordia que ha tenido conmigo a lo largo de toda vida. Estos han sido para mí un verdadero encuentro con Nuestro Señor Jesucristo. Ha marcado un punto crucial en mi vida, un antes y un después en mi persona y forma de ver la vida y de vivir la vocación. Comencé estos ejercicios con una gran preocupación existencial y con grandes interrogantes en la forma de enfocar mi futuro. Me preguntaba: ¿Qué quieres, Señor, de mí?, ¿Cuál es tu voluntad para que yo opte por ella?. Una gran preocupación un gran sufrimiento ponía un gran muro de piedra entre el amor de Dios y mi corazón. Yéndome a los ejercicios, dejaba detrás a mis padres, hermanos, amigos, universidad; lo dejé todo por el Señor. A pesar de las persecuciones sentí una llamada de amor hacia mí, sobre todo una inquietud de hacer por primera vez en mi vida, lo que mi corazón me dictaba ¡El Señor quería encontrarse conmigo! “Sólo quiero hacer tu voluntad, pero ¡házmela ver!” Esta ha sido mi exclamación a lo largo de toda la semana. Con lágrimas en los ojos, en la Eucaristía del lunes por la tarde, el Señor, me hizo ver lo que quería de mí: Ser un verdadero cristiano, un hijo de la luz, un testigo de la resurrección... Me di cuenta que mis padres, hermanos, amigos, todos pasarían, pero que Su Amor no pasaría jamás (Como buen Padre siempre estaría conmigo).
Puedo decir, que verdaderamente, el Señor nos habla en el Silencio y la Oración; en la intimidad del Cristiano con Dios; en la fracción del pan, donde el Señor se partió por mí y se entregó para mi salvación. A medida que pasaban los días, el Señor, fue manteniendo un diálogo conmigo: me hizo ver lo bueno y las obras de misericordia que había hecho a lo largo de mi vida, lo que Él significaba para mí, y sobre todo me habló del Reino del cuál quiere que sea partícipe. Un Reino en el que el fundamento es el Amor: al prójimo, a Dios, a la Cruz gloriosa que me hace ser hijo de Dios. Llegó el jueves, Día Penitencial, el Señor me purificó el alma y me ayudó para dar el verdadero paso del “seguimiento”. Fue una gran experiencia de Dios. Cuando llegué a mi casa, de la experiencia tan grande que había tenido, me sentía como nunca. Mis padres, que lloraban el día que marché a los ejercicios, ahora estaban contentos(esto, ineludiblemente, era obra de Dios), me deseaban la felicidad, y me preguntaron: “¿Tú, eres feliz?”. Les dije: “Mucho”. Y ellos me contestaron: “Nosotros, también somos felices si tú lo eres”. Ha sido el mejor regalo que el Señor me ha hecho en toda mi vida. Ahora estoy en el seminario, muy contento, y con un diálogo permanente con el Señor. Quisiera aprovechar estas líneas que aún me quedan, para Dar Gracias a Dios por todo, y sobre todo por las personas que ha puesto en mi camino. En especial, todos los días doy gracias por aquellos que han servido como pilares en mi Fe. Dios los bendiga, Amen. Iván Carrera Orellana
NUEVAS LÍNEAS DE PASTORAL VOCACIONAL Navidad 2003 Como adelantamos en nuestro editorial, la escasez de vocaciones nos plantea una vez más el reto de la pastoral vocacional. Entre los primeros agentes de ésta están los propios presbíteros y nosotros los seminaristas. Ello supone una llamada a la autenticidad y radicalidad evangélicas que nos lleven a una santidad de vida, para que realmente podamos ser signo de Cristo sacerdote y suscitar interrogantes y apertura a la llamada de Dios en nuestros jóvenes. Pero las vocaciones al ministerio ordenado, como a la vida consagrada, o al matrimonio u otras vocaciones laicales sólo resurgirán de la revitalización de la vida de fe en nuestras parroquias y familias. Este verano tuve la oportunidad de asistir, junto a mi compañero Iván, al Curso de Pastoral Vocacional organizado en Madrid por la Conferencia Episcopal y llevado adelante por la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos. En este curso, fruto de la reflexión y la experiencia de estos años de “escasez vocacional”, se nos apuntaron unas líneas maestras que nos señalan por donde está soplando hoy el Espíritu. Entre ellas está la necesidad de retomar seriamente la “Nueva Evangelización” de una sociedad donde muchos de nuestros cristianos lo son aún jurídica o sociológicamente, pero no vivencialmente, comenzando incluso por el primer anuncio de Jesucristo y ofreciendo itinerarios de profundización y maduración en la fe en los que se presente y asuma con valentía la propuesta del Evangelio. Igualmente, en una sociedad sumamente individualista, por una parte, y en la que nos perdemos en la soledad y el anonimato de la masa, por otra, urge ofrecer el marco adecuado para una personalización de la fe, que no es otro que el pequeño grupo o comunidad, en el que nos sentimos personas conocidas y amadas, hermanos que comparten la vida y la fe. Esto es válido y necesario para los jóvenes e igualmente para los adultos, que además deben recuperar la responsabilidad de ser los primeros transmisores de la fe a sus hijos. De la revitalización de la fe surgirán necesariamente los distintos servicios y ministerios al servicio de la parroquia y se fortalecerá el sentido comunitario de la misma como comunidad de comunidades. De dicha renovación de la vida parroquial resurgirán también las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada, así como al matrimonio cristiano y demás vocaciones laicales. Aunque Dios sigue llamando misteriosamente a quien quiere, como y cuando quiere, y creo firmemente que nunca nos faltarán sacerdotes que nos pastoreen, la pastoral vocacional no pasa ya por “buscar candidatos a curas o monjas”, sino por revitalizar la fe en nuestras parroquias y familias. Nada de esto se realizará, sin embargo, si no es desde la oración insistente, el testimonio de vida y, llegado el momento, la propuesta valiente y apasionada de la entrega y realización personal en Cristo. Desde el seminario queremos colaborar con todos a través de la Delegación Diocesana de Pastoral Vocacional en la tarea que se está emprendiendo en este curso a tres niveles: orar, proponer y discernir. • ORAR: Incorporar una petición por las vocaciones en nuestra oración personal y en la Eucaristía dominical; Celebración de la Eucaristía por las vocaciones sacerdotales el primer jueves de cada mes a la que se unirá eventualmente el “Club Serra”; Vigilia de oración con los jóvenes a nivel local o arciprestal una vez al año. • PROPONER: Un encuentro vocacional anual con los jóvenes del arciprestazgo o localidad; Visita y planteamiento vocacional a los jóvenes próximos a ser confirmados; Animar a participar en los Encuentros de Monaguillos en el seminario (22 de Diciembre y 13 de Marzo); Animar a los jóvenes mayores de 14 años a participar en el Campamento Vocacional (Grazalema, 12 al 16 de Julio de 2004). • DISCERNIR: Por medio de dos experiencias: Preseminario: Para jóvenes mayores de 14 años con interés por conocer el seminario y discernir su vocación. Reunión un sábado al mes. Experiencia “Monte Horeb”: Para chicos y chicas mayores de 18 años que deseen hacer un discernimiento vocacional abierto a todas las vocaciones cristianas. Incluye oración personal diaria, acompañamiento espiritual y una reunión mensual con el grupo durante un año. Ojalá podamos trabajar todos unidos con entusiasmo en este apasionante reto de ayudar a nuestros jóvenes a discernir su vocación cristiana como camino gozoso de realización personal. Fco. M. Morales Varoni Iván Carrera Orellana
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Seminario Diocesano
Asidonia-Jerez. 2007 |
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