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REVISTA DIGITAL |
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Sergio Cíes del PinoSEMINARISTA Natural del Puerto de Santa María. Nació el seis de mayo de 1979. Es Bachiller en Teología.
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OBREROS DE LAS MIES. Navidad 1998. Sergio ha querido ofrecernos su experiencia ante dos acontecimientos importantes, la muerte de su párroco, D. Manuel Sánchez Mallou y la ordenación en su Parroquia de Ignacio Gaztelu Pastor, como dejó D. Rafael, un cura se nos va y otro nos da el Señor, ambos son, de uno u otro modo Nuestros Curas. Algo que ha de estar muy presente en la vida del Seminario y de todo cristiano en la búsqueda constante de Dios. El Señor nos habla por medio de su Palabra, se parte para nosotros en la Eucaristía, se hace presente en la cruz... todo esto nos ayuda a ir experimentando su amor en nuestras vidas. Lo que me impulsa a escribir estas líneas no es sólo esto sino cómo el Señor se manifiesta de manera sorprendente en los acontecimientos. Acontecimiento como el que tuvimos la oportunidad de vivir el pasado mes de octubre en la Iglesia Mayor Priora¡ (mi parroquia) de El Puerto de Santa María. Sin duda alguna la ordenación de Ignacio suponía una bendición para nuestra Iglesia Diocesana. Todos los que vivimos de cerca las preparaciones previas, esperábamos con ansias el momento en que nuestro Obispo, D. Rafael, le impusiera las manos. Pasaban los días y se acercaba el día del Pilar. Sin embargo, aunque todos teníamos la confianza de que el Espíritu Santo iba a pasar, nadie se esperaba la manera en que lo hizo.
Aquella misma mañana llegaba a la Parroquia con el Seminario cuando en la misma puerta de la Sacristía, mi padre me comunicaba la última noticia, D. Manuel, el párroco había fallecido. Descansaba en el Señor tras meses de intenso sufrimiento y lo hacía agradecido, como manifestó horas antes tras recibir la Sagrada Comunión, de que Dios siguiera enviando pastores para seguir su obra. Jamás olvidaré que aquel impresionante murmullo que se produjo cuando nuestro Obispo lo comunicó a la Asamblea, el profundo dolor humano del adiós a D. Manuel, convertido en gozo por la esperanza de la futura Resurrección, se mezclaba con una emocionante bienvenida al orden de los presbíteros de Ignacio. Medité mucho lo acontecido y no encontré otra explicación más que la clara intervención de Dios. ¿Cómo se explicaba que tantos días de enfermedad culminaran justo el día de la Ordenación? La verdad, me resisto a creer en la casualidad, prefiero creer ala luz de la fe lo bien que hace el Señor las cosas; acoge a uno y nos regala otro. Así pues, sigamos orando por las vocaciones pues es nuestra tarea, y hechos como éste nos animan a confiar en que el Señor no nos va a dejar sin pastores santos que guíen a su pueblo. Quisiera dar gracias a Dios por todos los que nos unimos en oración en esos momentos tan intensos. Por último, desde este rincón del Seminario quisiera recordar (y homenajear) al que fue mi párroco y amigo D. Manuel Sánchez Mallou, quien, estoy seguro, seguirá, allá arriba como lo hacía cada día entre nosotros, rogando al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Sergio Cíes del Pino.
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Seminario Diocesano
Asidonia-Jerez. 2004 |
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