REVISTA DIGITAL

 

 

 

SEMINARIO

 

DOMINICAS DEL SANTÍSIMO.SACRAMENTO

Sor María Paz Rodríguez Velasco

Sor Mª. Paz Rodríguez

Sor Paula González Mota

Sor Paula González Mota

         Sor Inmaculada Parra Gómez

Sor Inmaculada Parra Gómez

 

Durante varios años atendió el Seminario diocesano.

Sor Concepción Marlasca Cossío

Sor Concepción Marlasca

 

 

 

DOMINICAS DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO

"LAS HIJAS DE MARÍA ANTONIA DE JESÚS".

Navidad 2002.

Las Dominicas del Santísimo Sacramento empezamos a atender esta casa, que hoy es sede del Seminario Diocesano, en el año 1.975, siendo Centro de Espiritualidad.

Cuando se crea la Diócesis de Asidonia-Jerez en 1.980, el Centro siguió siendo Casa Diocesana de Espiritualidad atendida por nosotras. Y en estas circunstancias, al crearse el Seminario Diocesano en 1.985, don Rafael quiso que compagináramos nuestro servicio a la Casa de Espiritualidad con la atención al Seminario Menor, con que la Diócesis emprendía su nueva pastoral vocacional. Muy pronto se vio la necesidad de que la casa quedara casi exclusivamente para uso del Seminario Diocesano.

Nosotras, las Hijas de María Antonia de Jesús, como Congregación nacida en Jerez, y dependientes de su obispo, hemos aceptado con mucho cariño este servicio diocesano que se nos ha encomendado. No sólo atendemos esta casa como residencia del Seminario en Jerez, sino que desde aquí nos preocupamos también de la. residencia de Sevilla. Además esto lleva, consigo la atención a los servicios que el Seminario presta a los sacerdotes, a los diáconos y a los laicos.

En todo ello, las Dominicas nos sentimos muy a gusto, por varias razones:

En primer lugar, porque nuestra Congregación se siente abierta a servir a la Iglesia, en aquellos aspectos de la pastoral a los que se nos llame, y sean compatibles con nuestro carisma dominicano. Y esto de estar al servicio de las vocaciones sacerdotales y diaconales es algo que nos llena, de satisfacían, pues ponemos la presencia femenina y maternal que la casa necesita.

En segundo lugar diríamos, que al ser nuestra Congregación de derecho diocesano y depender del Obispo de Jerez, estamos colaborando con nuestro obispo en algo que la diócesis nos pide.

Y una tercera razón muy entrañable, anima a nuestro servicio:

Nuestra Madre María Antonia atendió a sus dos hermanos sacerdotes, y vivió una gran preocupación por los sacerdotes de su tiempo, que sintieron por ella un gran cariño y admiración.

Esto que conocemos de ella, lo estamos viviendo nosotras desde el servicio al Seminario de modo permanente y a diario.

Desde aquí sentimos el gozo de poder acompañar muy de cerca a los que van creciendo y madurando en la vocación diaconal y sacerdotal, a los que ya, han llegado a ella, y buscan en esta casa la acogida cariñosa y servicial de las Hijas de María Antonia de Jesús.

Creemos que la Diócesis de Jerez nos está dando oportunidad de poder vivir esta dimensión de la vida de nuestra Fundadora, que mientras podamos no queremos dejar de atender.

Ojalá que supiéramos hacerlo como lo hubiera hecho María Antonia hoy. Y ojalá que nuestras deficiencias en el servicio sean las mínimas. De ellas pedimos disculpas.

A la vez agradecemos a los rectores, seminaristas y a cuantas personas se rozan con nosotras las muchas atenciones que nos muestran.

Sor Concepción Marlasca Cossío

Dominica del Stmo. Sacramento

 

 

 

"EXPERIENCIAS DE FE ".

Navidad 2003.

No quiero ni me gusta hablar y menos de mi persona. Pero muchas veces digo y me digo por experiencia, que las personas algunas veces no hacemos lo que queremos, ni lo que nos gusta; y sin preguntar a nuestras ganas, sentimos el deber de hacer cosas, y llevar adelante otras propuestas por los demás. Eso mismo hago yo ahora. Me pedís que colabore para la Revista del Seminario. Y que os diga mis experiencias de fe. Difícil. Pero os diré, “os digo” algunas de entre las muchas vividas en mi paso por los años.

Desde pequeñita, en la casa familiar, recuerdo que mis padres me enseñaron a rezar y a recibir los sacramentos. Quizás no con mucha preparación, pero si con la práctica constante y con el amor y la alegría con que acudíamos a la Iglesia toda la familia. Pues recuerdo que la casa sólo se cerraba cuando íbamos todos a Misa, los seis hermanos y los padres.

Recibíamos las catequesis del párroco todos los niños del pueblo, y de vez en cuando nos daba algunos premios. Vivíamos la Semana Santa con las celebraciones propias y las procesiones. El Viernes Santo salía la procesión, y alguien del pueblo cargaba con la cruz. Mi padre también la llevó, y como era sordo, en las caídas recuerdo que le decían: “Señor Francisco, al suelo”, y caía. Se hacía el Vía Crucis el mes de Mayo; los niños disfrutábamos muchísimo pues arreglábamos el altar de la Virgen con flores que traíamos del campo, cantábamos y recitábamos poesías con entusiasmo a la Santísima Virgen María. Rezábamos el rosario, etc., etc.

Yo diría que la fe me la trasmitieron mis padres y el ambiente del pueblo, pequeño, como son la mayoría de los de la provincia de Burgos. Recuerdo mi niñez sana y con alegría.

Por las escuelas solían pasar religiosas; visitando a los niños y a los jóvenes; e informaban cómo la vida religiosa es un camino a seguir; e invitaban a los jóvenes a seguir la llamada de Dios, si sentían en su interior la vocación a la vida religiosa. Parece que el Señor se valió de ésta visita, y puso en mi corazón el deseo de seguirle. Me costó mucho. Pero las palabras del salmo 127, “dichosos los que temen al Señor, y siguen sus caminos” estaban en mí, haciéndome dar vueltas a estos pensamientos y deseos.

Yo quería, pero temía; y al mismo tiempo me sentía mal si no le seguía. La lucha y decisión para seguir la llamada de Dios no es nada fácil. Pero Él, que me ha llamado como a otros muchos, se compromete a acompañarnos fielmente y hasta la muerte; nos invita a Ser fieles y perseverar hasta el final. Le pido a Dios en mi oración, lo que pide el salmista en el Salmo 39: Aquí estoy Señor para hacer Tu voluntad. Dame Luz para conocerla, y tu gracia para cumplirla con fe y amor” Aunque el temor no lo abandonara, me decidí. Y el gran santo Domingo de Guzmán, burgalés, me ayudó para ingresar en su Orden: Congregación R.R. Dominicas del Santísimo Sacramento. Mucho se podría escribir: hasta que uno crece y madura en su fe y más aún, cuando uno se compromete en la vida religiosa y pronuncia los votos. Yo siento que Tú me quieres, Señor; cuánto te quiero yo; cuánto nos queremos. Y todo esto con cuánto silencio. ¿Verdad, Señor? De E.V.

Pasados algunos años, encontrándome a gusto y bien, llegó la prueba de la fe y la obediencia: me destinaron a Puerto Rico y luego a Santo Domingo. Me costó muchísimo irme y obedecer, dejar la Patria, familia religiosa, familia de sangre, el trabajo que llevaba, etc., etc. Y después de estar allí quince años, me hice a todo, me gustó, me encariñé con la gente buena y sencilla. Me gustaba el trabajo. Estando contenta y feliz, me llegó el sacrificio de dejarlo. Y la prueba de la fe y la obediencia en la práctica. Dejarlo todo...y... ¡para España! Reconozco que me cuestan los cambios, y al principio lo paso mal, me cuesta hacerme y empezar nueva vida, nuevos trabajos, costumbres, personas,...pero luego, le voy cogiendo cariño y diciéndole al Señor y a la Santísima Virgen que me ayuden y acompañen. Y ¡pa lante!

Mi estancia y trabajo siguió en Sevilla, (Dos Hermanas), en la secretaría y archivo de la Parroquia Santa María Magdalena. Durante catorce años, gozando y sufriendo en la oficina, porque para todo da tiempo. Guardo gratos recuerdos.

Después me mandaron a Madrid otros nueve años, trabajando en los hogares con los niños de familias rotas, y necesitados de todo y de todos. La fe, la obediencia, la caridad y el amor. Hay dónde practicar. Pero tener a Dios por guía, meta y ayuda, que va por delante de mí, me da la confianza para seguir luchando por Él, y en servicio a los hermanos.

Desde hace tres años estoy en el Seminario ayudando, con nuestros trabajos y aportaciones tanto materiales como espirituales. Porque en la comunidad rezamos de una manera especial por todos los seminaristas, para que sean buenos y santos pastores, ministros del Señor; por la fidelidad en su vocación y por el aumento de vocaciones. Esta es la herencia que nos dejó nuestra Madre Fundadora, Maria Antonia de Jesús Tirado; que tanto quería y que tanto hizo por los sacerdotes.

También estoy colaborando en el Obispado: la Iglesia necesita nuestro granito de arena, que podamos aportar, aunque las deficiencias humanas nos acompañen. Pero para tener las menos posible, cuento con las oraciones de cuantos me conocéis; para que yo sea fiel al Señor, sepa abandonarme a la obra del Espíritu en mi alma; y que viva disponible al proyecto de amor que Él tiene sobre mí. Gracias.

Sor María Paz Rodríguez Velasco.

Dominica del Stmo. Sacramento

 

 

 

 
 

Seminario Diocesano Asidonia-Jerez. 2004
Diseño Luis López-Cuervo del Rosal.