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REVISTA DIGITAL |
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José Ferrera de Carvalho
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Pascua 2003 Trescientos sesenta latigazos que su carne fue desgarrando; permanecía su cuerpo desnudo y temblando. Trescientos sesenta latigazos que por cada uno un alma se fue salvando. ¡Pétalos de rosa cubrieron aquel cuerpo! que dolorido por los golpes aún en pié se seguía aguantando. Trescientos sesenta latigazos que sus huesos quebraban en pedazos. ¡Ya se doblaban las rodillas! ¡ya el cuerpo se desvanecía! y el Hijo por los hombres lo sostenía.
El dolor de un lado a otro corría, pero sus labios ni una palabra decían, pues Él sabía que aquel sufrimiento aún no terminaría. Crucificado, insultado y despreciado fue el Hijo tratado. ¡Yo le lancé la lanza! que en su costado quedó clavada Yo le escupí, le desprecié ¡le rechacé! cuando conmigo a sus espaldas cargaba, cuando por mi peso cayó tres veces su cuerpo agotado. Cuando en esa cruz fue su cuerpo clavado. José Ferrera de Carvalho
Pascua 2001. ¿Cómo ven los jóvenes la vocación de uno entre ellos?. Ante esta pregunta cabría comentar el año y pico que llevo de preseminarista; en el transcurso de este tiempo me atrevería a discernir los diferentes tipos de opiniones que se me han dado a conocer. He de reconocer que durante este tiempo he conocido todo tipo de personas. Nunca se me pasaría por la cabeza que esto sucedería, pero ante esto, se me planteó la pregunta del por qué se me ocurriría algo así, y creo que he encontrado una respuesta clara y concisa: esta era la voluntad de nuestro PADRE. He conocido jóvenes que sufrían una profunda crisis interior que les llevaría a apartarse totalmente de Dios y a crear un ambiente de total protesta contra la Santa Madre Iglesia, contra los sacerdotes y los religiosos. Suelen ser éstos los que intentan apartarnos de nuestro camino, y añado, que suelen ser éstos los que dejan de tratarnos y nos critican con palabras como el decir que estamos intentando comerle la bola. Ante esta postura, sé que el dar un primer paso en respuesta a mi vocación sacerdotal les da mucho que pensar. Luego nos encontramos con aquellos jóvenes a los que no les interesa en absoluto tal hecho. Con esto quiero referirme a que les da igual, pues ni te critican ni te apoyan. En el fondo de sus corazones estoy seguro de que también se les plantea una duda.
He conocido además a otros que suelen estar de acuerdo con tal decisión, pero ésta provoca que le hagan a uno mil preguntas corno buscando respuestas a las que, por mi parte, uno al no tener la suficiente preparación les suele responder como puede, concluyendo que, para una mejor información, le pregunten a un sacerdote. Por último, están aquellos jóvenes que admiran tal hecho y que les anima esta decisión. Como conclusión a todo esto, me he dado cuenta de que más cerca o más lejos, como se encuentre cada uno, nuestro PADRE nos va llamando para encontrarnos con ÉL, nos enseña a conocerle y así a aprender a amarlo. Es cierto que hay diversas opiniones pero ante todas estas hay una sola respuesta, todos buscan al DIOS PADRE. Les cuesta mucho arriesgarse, algunos nunca llegan a hacerlo. Lo que más me ha llamado la atención, personalmente, es que a TODOS nos está llamando continuamente, siempre hay un cosquilleo en el fondo del alma que nos hace salir en su busca, nos llama a cada uno a su manera y por nuestro nombre, pero nos da la libertad de ir o no a su encuentro, y, si no salimos en su busca, ÉL viene a buscarnos. Nos cabe a nosotros el saber recibirle, el saber que quiere que nos regocijemos en sus brazos y nos dejemos enseñar para aprender a amar... para aprender a amarle. Quisiera acabar con las palabras que nos dijo nuestro querido Obispo D. Juan del Río: "De la razón al corazón hay un corto camino, pero muy duro", acompañadas de las de nuestro Señor: "No temáis, que yo estoy con vosotros" José Ferrera de Carvalho
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Seminario Diocesano
Asidonia-Jerez. 2004 |
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