|
|
|
|
REVISTA DIGITAL |
|
|
VALENTÍN JIMÉNEZ JIMÉNEZ SEMINARISTA Es natural del Puerto de Santa María y pertenece a la Parroquia Prioral de Nuestra Señora de los Milagros. Nació el 31 de julio de 1976 y es Diplomado en Educación Primaria habiendo concluido el cuarto curso de psicopedagogía. Se incorpora al curso introductorio que se inaugura este año y procede de Comunidades Neocatecumenales.
|
MI VOCACIÓN Pascua 2004. Aunque caiga en el tópico de la dificultad -¡es cierto!- me resulta bastante complicado expresar el “cómo he descubierto”, pues son múltiples los caminos y medios de los que Dios se sirve tales como: los amigos, compañeros de estudio, personas desconocidas, circunstancias familiares, paisajes, imágenes, etc... todos ellos encierran un halo, un destello misterioso de Dios que sabemos captar pero que nos resulta, por lo menos a mí personalmente, muy difícil de explicar. Es la grandeza de Dios que nos ha hecho sus elegidos dentro de la hermosa creación, dotándonos a cada uno de esos lazos misteriosos que unen a los hijos con el Padre, de manera que cada uno individualmente colma ese anhelo de ser hijo amado cuando se encuentra con Él para descubrir una multitud de hermanos que amar formando la gran familia que es la Iglesia. Empezaré por presentarme: mi nombre es Valentín y soy natural de El Puerto ( ½ de Jerez), tengo 27 años y he llevado una vida normal como la de cualquier joven de nuestro tiempo -como la tuya-, pero con una gran inquietud que siempre marcó mi ser: Dios y el encuentro con Él. Desde muy pequeño tengo siempre el recuerdo de ver a mi hermana rezar y de ella bebí las primeras aguas de la oración, hábito que se fue convirtiendo en necesidad y que hoy da sentido a mi vida. En la formación de mi vida religiosa también tengo que destacar a los Hnos. de la Salle de los cuales aprendí no solo contenidos de la fe sino que me contagiaron el gusanillo de la enseñanza y la belleza de entregar una profesión al servicio de Dios, pues, la consagración personal era algo que a esa edad no se piensa. En esta trayectoria de crecimiento hacia el Misterio de lo Divino tampoco puedo olvidar a mi abuela Pilar y a mis padres que me han inculcado grandes valores que manifiestan la acción de un dios que es Amor. Así fui creciendo pero al terminar la primaria -abandonando la Salle- pasé al instituto y comencé esa etapa algo difícil que es la adolescencia. Confuso y tal vez algo perdido, me refugié en la oración iniciando un camino totalmente autodidacta: la lectura del Evangelio así como la devoción particular a algunos santos formaron la roca donde me aferré para pasar los malos y buenos momentos de una persona que por fuera está cambiando y por dentro madurando. Hasta el momento os he hablado de la presencia de Dios en mi vida pero toda vocación nace de un encuentro personal con Él y yo lo tuve. Como iba diciendo, la oración crecía en mí, abarcando mas aspectos de mi vida, pasando de ser una fórmula para pedir a Dios el cumplimiento de unos deseos (lo típico, aprobar exámenes...) a convertirse en una entrega a Él y darle el derecho que se merece a ocupar toda nuestra persona fundiéndose en un abrazo; así del monólogo surgió el diálogo con un amigo que nunca falla; a todo ello, estudiaba en la facultad y comenzaba a tener mis primeras “incursiones” en el mundo laboral, concretamente en la hostelería y en la enseñanza. En estas acciones fui descubriendo en personas, niños y en sus circunstancias particulares el rostro de un Dios sufriente apareciendo en mí la necesidad de dar un paso más en la vida de todo cristiano y de toda persona que ama al mundo, esto es, el compromiso. Este nacía de mi fe pues sin ella no tenía sentido así que, me planteé la gran pregunta ¿Señor, qué quieres de mí? y más tarde otras dos más ¿cómo puedo yo servirte mejor? Pieza soy pero ¿qué lugar debo ocupar dentro de tu Iglesia?, y entonces una mañana durante mi oración experimenté la dicha del Señor y donde albergaba la duda apareció la decisión, algo así como dice San Francisco de Asís: “Pero lo que más me impresionaba era la manera nueva con que mis ojos veían las cosas. Tenía la impresión de que antes no había visto nada y comprendí las palabras del salmo: Tienen ojos y no ven. ¡Yo no había visto hasta entonces! Ahora si que veía el sol, la luna, la tierra, las fuentes, las flores...Antes no las veía”. Ese Dios de la niñez onírica, de la adolescencia rebelde me mostraba ahora, su forma más cercana en la persona de Cristo y me hablaba a través de todos aquellos hermosos signos puestos por el Padre para el deleite de nuestros sentidos como es la Creación. Lleno de este estado que sólo la Gracia puede dar, me puse en contacto con una religiosa profesora de la facultad (Elena Santana) y algo más tarde con mi párroco (P. Diego Valle), tomé contacto con el seminario y tras un año de discernimiento me he adentrado en esta aventura de amor que Jesús me ofrece, la cual no está exenta de peligros pero “Grande es el Tesoro”. Pero teniendo como única brújula la voluntad de Dios y en el corazón el Fiat de María Virgen, llegaremos. Espero que estas letras que brotan del corazón lleguen a los vuestros pues tienen la única intención de compartir con vosotros el Tesoro que he encontrado y que a todos os espera. ¡Escarbar en vuestros corazones y lo hallareis! A ti Teresa que estás en los cielos y disfrutas de la Paz del Señor. Valentín Jiménez Jiménez Curso Introductorio. |
|
|
|
|
Seminario Diocesano
Asidonia-Jerez. 2004 |
|