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SEMINARIO

 

Antonio

Antonio José Leo López

Es natural de Algodonales y pertenece a la Parroquia de Santa Ana. Nació el 27 de enero de 1968. Trabajaba como Auxiliar de Recaudación de la Diputación Provincial de Cádiz.

 

ARTICULOS:

JÓVENES EN CRISTO.

EXPERIENCIA VOCACIONAL

¡ GRACIAS COMPAÑEROS !

 

JÓVENES EN CRISTO.

Navidad 2005

     “Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz”

                                                                           Lc 1,78-79        

Con el cántico de Zacarías, he querido empezar este artículo sobre nuestra peregrinación a Colonia, en el encuentro mundial de la juventud 2005, cuyo lema era “Hemos venido a adorarlo”. No lo definiría con  la palabra “artículo”, es más bien una experiencia de fe muy personal y a la vez compartida entre todos los jóvenes que tuvimos la suerte de ir a esta peregrinación. Mi mayor deseo es poder trasmitiros a vosotros que leéis estas páginas todo lo que sentí y sentimos en esos días.

Me sentía como uno de aquellos pastores que el evangelio de Lucas nos relata; en mi interior había una alegría especial, el camino era largo pero sabía que al final estaría la recompensa. No me encontraba  solo en esta peregrinación pues las experiencias de fe nunca van solas; conmigo se encontraban tanto los demás seminaristas como un pequeño grupo de distintas parroquias en representación de nuestra Diócesis. Éramos una comunidad en busca de aquello que nos hace sentir que nuestra fe tiene que ser compartida dentro de un grupo de personas.

   La estrella que nos guiaba, era el Amor de Dios con nosotros. Un amor que nos hace amar a todos, al mundo, a la vida a través de Él. No me sentía solo, sabía que la estrella nos guiaba, al principio la luz del día me impedía verla, la buscaba y no la encontraba. Día a día después de la jornada de viaje, en la noche la buscaba, a veces era imposible encontrarla, todo estaba tan oscuro, que me parecía imposible verla. Pero en el silencio de la noche... en el silencio de mi interior, volvía a encontrar esa luz. Hacía que volviese a mí la alegría, me hacía sentirme seguro de mis pasos. Pero en mi interior había algo que no llegaba a comprender quería ver esa luz por la mañana, la misma que me hacía sentirme confiado y así todas las noches en mi oración le pedía al Señor que me diera la oportunidad de verla, de sentirla.

A veces estamos tan obsesionados con nuestras propias cosas, que no nos damos cuenta de lo que va ocurriendo a nuestro alrededor, y eso es lo que me estaba pasando. “No se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos”

                                                                  Saint-Exupéry

 Una mañana mire a mi alrededor, miré con ojos diferentes y hallé la estrella. Esa estrella que tanto buscaba, me había estado acompañando desde el primer día. Os estaréis preguntando dónde la halle, pues os diré que estaba en tantos jóvenes que nos encontrábamos en nuestra peregrinación. Jóvenes de distintas nacionalidades, jóvenes con alegría, con entusiasmo, con paso decidido, en ellos vi esa luz que buscaba, eran miles y miles de luces, distintas entre ellas sí,  pero tenían algo en común, todas iban hacia la misma dirección. Ahora si que no me encontraba solo, por fin podía verla a plena luz del día y en la noche. Me sentía feliz, contento conmigo mismo por haber descubierto todo aquello que me rodeaba, era tan feliz por ver tantos miles de jóvenes que en su interior también buscaban a aquél que Dios nos da como regalo, Jesús.

No sería el único regalo que recibiría de Dios, todavía faltaban muchas más cosas, más experiencias. Pero desde ese momento ya todo era diferente, me sentía rodeado de una gran familia... sí eran desconocidos, distintos idiomas, distintos países pero en cada uno de nosotros había algo que nos hacía sentirnos cercanos unos de otros, bastaba con mirarnos, en nuestros ojos había una luz especial, la luz de Cristo, esto hacia que todos formáramos una gran familia, porque todos, no solo yo, habíamos recibido ese regalo. Dios nos  había regalado un corazón y unos ojos nuevos para poder ver esa luz a todos los que estábamos en este caminar, sentíamos que Dios estaba con nosotros.

Una vez llegados a la ciudad de Colonia, y alojados en las distintas parroquias de esta ciudad, el viernes 19 de agosto los seminaristas de todos los países tuvimos la suerte de estar con nuestro nuevo Papa Benedicto XVI. Este encuentro especial con los seminaristas tuvo lugar en la Iglesia de San Pantaleón. En su discurso el Santo Padre, nos hablo del sentido de nuestra vocación, de todo lo que en sí conlleva, de nuestra vida en el seminario, que es tiempo de camino y de descubrimiento de Cristo. Pero he de deciros que mi pensamiento estaba en otra parte, estaba en la persona de Benedicto, estaba descubriendo en él a una persona sencilla yo diría que bastante sencilla. Pensaba en las comparaciones que le harían con nuestro anterior Papa. Si Juan Pablo II fue alguien muy especial para todos, tanto para los más jóvenes como para los no tan jóvenes, un Papa con mucho carisma, pero nuestro Papa Benedicto también destacaba, destacaba por esa sencillez de corazón, por su esfuerzo en llevar a cabo su nueva misión, por su forma de darse a todos los que estábamos allí. Mientras se dirigía a nosotros lo hacía desde el cariño, pero un cariño muy especial, era uno más entre nosotros, lo vi tan cercano, un hombre que no destaca por un carisma especial, pero el gran carisma que yo le veía era el amor que ponía en todo lo que hablaba y hacía, su forma tan personal de llegar a todos, sin grandes pretensiones, sino tal y como es él y para mí ese es el mejor carisma. Di gracias a Dios por nuestro nuevo Papa, y pedí que todos le diéramos una oportunidad y que nunca lo comparáramos con Juan Pablo II. Salí bastante contento de aquel encuentro, ni la lluvia que cayó sobre nosotros después del encuentro me pareció que estropeo el día, al contrario, el agua todo lo limpia... volvemos a renacer de nuevo... así que la idea preconcebida que podíamos llevar cada uno, el agua consiguió purificarla.

Por fin, llego el día tan esperado, nos pusimos en marcha muy temprano, todos teníamos ganas de llegar a dónde estaba Él, ¡íbamos a adorarlo por fin!, ya estaba cerca ese encuentro personal con Jesús, nuestros pasos eran cada vez más ligeros, en nuestro interior había algo que nos hacia sentirnos ilusionados, confiados, recuerdo que todo era alegría tanto interiormente como exteriormente. No os podéis imaginar la felicidad que sentíamos. Todo acompañaba nuestra peregrinación al monte de Marienfeld, el paisaje era algo excepcional, y como no los jóvenes, mirabas a tu alrededor y veías a todos esos chavales por distintos caminos, pero todos en una misma dirección.

Ya estábamos allí, la peregrinación había sido larga, pero todo aquello merecía la pena, se respiraba una alegría especial aquella que solo los jóvenes pueden dar, esa que nace del corazón del joven gracias a Jesús. Allí estaba el Portal, con María, representada por la Iglesia Universal, José protector de la Iglesia representado por el Papa, los Obispos, sacerdotes. Faltaba Jesús, por fin podríamos adorarlo, después de la oración de vísperas que compartimos con toda la Iglesia, fui en busca de Jesús, mis pasos me llevaron ante una carpa, entre y encontré a Jesús Sacramentado, un Jesús tan vivo como tú y como yo. Entre tanta gente conseguí un lugar para poder hablar con Él, me senté, cerré mis ojos y me puse en actitud de escucha. Muchas veces cuando estamos en la presencia del Señor son tantas las cosas que le queremos decir, que no escuchamos lo que Él nos quiere decir a nosotros, así que mi primera intención era la de escucha y así fue: en mi recogimiento comprendí todo lo que el Señor me había dicho por medio de tanta gente unos conocidos y otros desconocidos, experiencias, alegrías, recuerdos...todo me hablaba por medio de Jesús.

Iba con las manos vacías, pero abiertas... abiertas para recibir, sin excluir a nadie en mi vida, cambiando mis convicciones y actitudes. Muchas veces nos cerramos ante las palabras y los gestos de amor que nos puede llegar de otra persona. No dejándome servir por otra persona, rechazando el servicio de alguien que con un gesto de amor hacia mí, podría cambiarme y llevarme por un nuevo camino.

Dícele Pedro: “No me lavarás los pies jamás.” Jesús contesto: “Si no te lavo, no tendrás parte conmigo.” Dícele Simón Pedro: “Señor, no solamente los pies, sino también las manos y la cabeza.”

                                                                  Jn 13, 8-9

    En la oración no puede faltar la acción de gracias, y es lo que mi corazón más deseaba, ¡Eran tantas las cosas que le tenía que agradecer! Habían sido días llenos de tantas experiencias, alegrías, su presencia y confianza en cada momento, todo me hablaba de Dios. Le di gracias por los jóvenes, por esa nueva lección que nos daban, sí cuando hablamos de jóvenes lo primero que senos viene a la cabeza es “la botellona”. Es como si hubiésemos perdido la confianza en ellos. Sin embargo no es así, hay muchos jóvenes que encuentran en su vida una meta, un horizonte por donde encaminar su vida, gracias por ese valor que solo puede venir de las manos de Dios. No podía olvidar a los sacerdotes, que con su trabajo, dedicación y su confianza en los jóvenes,  habían sido capaces de transmitirles ese amor de Jesús para cada uno de nosotros. Cada día estoy más confiado en que los únicos que tienen confianza en los jóvenes son los sacerdotes. Sé que los tiempos son difíciles y que es difícil transmitir, como decía antes ese amor, pero siempre el sacerdote es una referencia para un joven, así que espero que los sacerdotes sigan luchando. Ellos son la única esperanza que tienen los jóvenes y para nosotros los seminaristas son unos ejemplos a seguir. Conozco a un sacerdote en especial,  mi párroco D. Antonio Cabrero, un buen ejemplo a seguir, por nada ni ante nadie ha perdido esa confianza, ¡ojalá nunca la pierdas!

Mi oración llegaba ya casi al final, pero volví a darle gracias por los distintos grupos y movimientos de jóvenes de la Iglesia. Nos preocupamos mucho por los que no están, cosa que es bastante normal, pero no podemos olvidar a los que están, ¡cuidémosles!, que nuestra meta no sea la cantidad sino la calidad. Y a esos grupos de jóvenes que os estáis preparando para tal vez la Confirmación, os pido que os dejéis acoger por vuestros catequistas, son gestos de amor de Dios, ¡recibidlo!, ¡abrir vuestro corazón!

Mi oración terminaba, alcé la vista y volví a ver a otros jóvenes, toda la carpa seguía llena, se respiraba tranquilidad y confianza. Pensaba en aquellos momentos en cada uno de ellos, sabía que también ellos habían descubierto ese amor tan personal que Dios nos tiene. Esta es mi experiencia que he querido compartir con todos vosotros, mi regreso, como los magos lo hice por otro camino. En mi oración con Jesús, sentí una transformación, me cambió el corazón. Jesús obró en mí el milagro que un día experimentaron los Magos de Oriente.

 Con un cariño muy especial al grupo de jóvenes de la parroquia Sta. Ana de Algodonales. Siempre os tengo presenten mis oraciones.

                                     

Antonio José Leo López

            

 

 

EXPERIENCIA VOCACIONAL

Navidad 2003

¡Cómo poder expresar en pocas palabras lo que ha significado y significa la acción de Dios en mi vida! Me parece imposible, pues hay cosas que no se pueden explicar mediante palabras escritas en una hoja, ni tampoco con sólo palabras...

Es un sentimiento de Amor tan grande que lo llevas dentro de tu corazón, y que Dios te regala día a día.

Empezaré por contaros cómo descubrí su Amor hacia mí: Desde pequeño recuerdo cuando me llevaban a Misa. La celebración de la Eucaristía era algo especial. Me sentía cerca de Él, y quería descubrir todo acerca de Nuestro Señor.

Con el tiempo me alejé de la Parroquia por motivos que parecían más importantes: estudios, amigos....Siempre tenía alguna excusa, o tal vez la buscaba.

Pero su Amor es tan grande que nunca me dejó de su lado; como el Buen Pastor que es, fue en mi búsqueda.

Pasaron los años, en realidad muchos, y un día mi amiga Anichi me invitó a ir a Misa con ella; yo le contesté que sí, un sí indiferente. Pero estando allí volví a sentir lo que de pequeño: la NECESIDAD de volver a buscar a Dios, de saber más de Él. Pero esta vez el sentimiento era más grande, así que, a partir de ese Domingo, volví a ir más a menudo a Misa.

Cada día iba descubriendo algo nuevo de Él, pero yo quería más; así que le pedí a mi Párroco participar de una forma más activa y comprometida con mi Comunidad Parroquial. Y así fue; Durante estos años y antes de mi entrada en el Seminario, fui Catequista con grupos de niños. Estar con ellos, aprender de ellos, hacerles ver que Dios les regalaba un AMOR tan grande por medio de su hijo JESUCRISTO.... era lo más importante que tenía que transmitirles, y a la vez todo esto me hacia sentir, estar más cerca de Él, sentirme más Amado.

Aquí tengo que recordar a mi Párroco Don Antonio; él me enseñó con su ejemplo y Servicio, tanto a querer a Dios, cómo a comunicarles este Amor a los demás. Ha sido muy importante, en mi vida, haber conocido a Dios y haber aprendido a Amarlo por medio de él.

Hace un año que sentí más claramente la llamada definitiva que Dios me hizo. Sentía que Dios me quería para Él, para su servicio hacia los demás, pero tenía tantas dudas... ¡Yo...! ¡Pero si soy ya mayor…! ¡Tengo tantas limitaciones...! No puedo comprender cómo se ha fijado en mí. Fue un año de muchas dudas, miedos, incomprensión por mi parte. Se me pasaron muchas cosas por la cabeza. No quería que la decisión de llegar algún día al sacerdocio fuese mía, como si se tratase de un trabajo más en mi vida..., quería sentirla desde mí corazón.

Y así lo hice; escuché a mi corazón, en lo más profundo de mi ser, dónde se encuentra el Espíritu de Dios, y sentí qué, con todos mis fallos, Dios me quería para Él, para su SERVICIO para con los demás. Sentía sus palabras: “Confía en Mí”...”No tengas miedo de ser Sacerdote”...”YO estoy CONTIGO”. Así que a primeros de Septiembre, Confiado en el Señor, y en la Esperanza de poder Servir a Dios y a mis hermanos, entré en el Seminario, con miedos y preocupaciones, pero a la vez confiado.

Estoy viviendo este tiempo de Gracia con ilusión, esperando que algún día, dentro de algunos años, llegue la Ordenación, si Dios quiere que sea así. Todo ello porque en Cristo he encontrado la única respuesta a ese deseo de Amor, Verdad, Felicidad y Eternidad que creo hay en cada uno de nosotros.

Antes de finalizar quiero agradecerle a mis compañeros y superiores del Seminario su cariño hacia mí, y animarte a ti, que estás leyendo esto: ¿Te has preguntado en alguna ocasión: “Señor, qué quieres que haga”?

Yo me hice esta pregunta, y mira... ¡No tengas miedo a ser Sacerdote Hoy!

Antonio José Leo López

Curso Introductorio.

 

 

¡ GRACIAS COMPAÑEROS !

Pascua 2004.

A vosotros hermanos en Cristo y compañeros de Introductorio de Málaga, y por supuesto a todos los demás seminaristas, formadores y Rector del Seminario de Málaga. Desde estas páginas queremos tener un recuerdo muy especial hacia vosotros por la acogida y el cariño que nos demostrasteis durante la semana del cursillo que realizamos juntos. En vosotros se cumple lo que dijo el Apóstol San Juan:

“AMÉMONOS UNOS A OTROS, PORQUE EL AMOR ES DE DIOS. Y

QUIEN AMA, HA NACIDO DE DIOS Y CONOCE A DIOS.”

Fue una experiencia llena de alegría...llena de cariño...y de momentos divertidos que siempre recordaremos. La alegría que nos transmitisteis durará por siempre en nuestros corazones, y testimonia que el camino que Dios nos invita a recorrer está lleno de subidas y bajadas, pero en el fondo siempre hay un motivo para la alegría. Nos ha servido de mucho conoceros pues al igual que nosotros, habéis apostado por Cristo enfrentándoos a vuestras circunstancias personales con todo lo que ello conlleva. Resulta gratificante y bonito conocer a otros jóvenes con las inquietudes y las ilusiones del primer año. También ha resultado interesante conocer el sentimiento de comunidad en un seminario tan rico de vocaciones como es el vuestro y conocer otro seminario.

Por orden de agradecimientos, en primer lugar le damos las gracias a Marisa, ponente del curso, que supo con maestría e ingenio, tratar temas tan complicados como la afectividad y la sexualidad dentro del celibato. Todo tratado con mucha naturalidad y desde un punto de vista muy actual, apostando por este estilo de vida cuyo referente es Cristo.

Por supuesto no nos olvidamos de la única seglar que estuvo con nosotros en el curso: nuestra amiga y “psicóloga” Sonia; desde aquí la animamos a que busque un hermanito para su hija y que siga apostando por la familia.

José, nos ha servido de ejemplo tu madurez y tu persona; a ti te encargamos el cuidado de todos estos “polluelos”.

A Miguel le deseamos que su vocación siga creciendo hacia los más jóvenes.

Marcel, tú sigue así, con el buen humor que te caracteriza. Deseamos de todo corazón que pronto estés “pastoreando” por tierras venezolanas.

El “arte” y la historia de Málaga la hemos conocido gracias a nuestro amigo Antonio Jesús. Esperamos muy pronto que puedas incluir en tu brillante currículum el Doctorado.

José, a ti te dejamos el encargo de cuidar de todo ese grupo.Jesús, tú sigue con tu guitarra y tus canciones, sigue cultivando ese don como medio de llevar a los demás el Mensaje y el Amor de Cristo.

Cómo olvidarnos de Sergio, le deseamos lo mejor...serás un gran sacerdote.Y, por supuesto hemos dejado para el final a nuestro amigo “Roca”. Ojalá, haya muchos seminaristas como tú.

Finalmente un abrazo fuerte para todos los demás seminaristas, GRACIAS POR TODO. Desde aquí pedimos a nuestros formadores y rectores que organicen una convivencia para que, como hermanos en Cristo que somos, podamos reunirnos otra vez pronto.

GRACIAS POR TODO LO APRENDIDO

Antonio José Leo López

Curso Introductorio.

 

 

 
 

Seminario Diocesano Asidonia-Jerez. 2004
Diseño Luis López-Cuervo del Rosal.