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OBISPADO
SEMINARIO

DIÁCONO
Luis López-Cuervo del
Rosal
Es natural de Jerez de la Frontera,
pertenece a la parroquia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Nació el
diez de diciembre de 1971. Licenciado en Ciencias Eclesiásticas en el
Centro de Estudios Teológicos de Sevilla. Estudió Empresariales en la
Universidad de Cádiz y Formación Profesional en la rama Administrativa y
Comercial. Su labor pastoral ha sido realizada en diversas parroquias,
Nuestra Señora de la Asunción, Virgen de los Dolores de Jerez de la
Frontera, San Marcos y el Carmen en el Puerto de Santa María, así como la
Pastoral de Enfermos en el Hospital de San Juan de Dios y la de
Sordo-Mudos.
Ordenado diácono el 22 de septiembre
de 2007.
Artículos
Los
Mártires de Damasco
Peregrinamos a
Santiago

Beato Fray Juan
Jacobo
FRANCISCANO
Uno de los
Mártires de Damasco










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«Los
Mártires de Damasco»
Navidad 2001.
Mi vínculo por los lazos de sangre con el Beato Fray Juan Jacobo
Fernández y Fernández, me ánima a escribir un artículo referente a él
y sus hermanos religiosos, beatificados el diez de octubre de mil
novecientos veintiséis solemnemente por SS Pío XI. Los ocho
franciscanos, de ellos siete españoles y un austriaco, junto a tres
Maronitas seglares fueron martirizados en
Damasco por su fe de Cristo, el nueve de julio de mil ochocientos
sesenta. Desde entonces los nombres de los beatos Manuel Ruiz, Carmelo
Volta, Engelberto Kolland, Nicanor Ascanio, Pedro Soler, Nicolás María
Alberca, Francisco Pinazo y Juan Jacobo Fernández son venerados en los
Altares. Su fiesta litúrgica se celebra cada diez de julio rememorando
su gesta gloriosa.
El celebre Premio Nóbel Camilo José Cela, en "Judíos, moros y
cristianos, Barcelona, 1970" dice que el padre del Beato Juan Jacobo
era tatarabuelo suyo, que ejercía de médico en Carballino y mantenía
correspondencia con D'Alambert; y que Rosa Fernández, la hermana del
Beato, era su bisabuela.
El Comisario General de la Obra Pía de los Santos Lugares había
dirigido una urgente llamada a todos los comisarios diocesanos
reclutando franciscanos exclaustrados que quisieran ir a Tierra Santa.
Fray Juan Jacobo Fernández, nació en Carballeda, diócesis de Orense el
veinticinco de julio de mil ochocientos ocho, exclaustrado del celebre
Colegio de Misioneros de San Antonio de Herbón en La Coruña. Con
cincuenta años, robusto, de buenas costumbres, y como complemento de
todo esto, muy piadoso, como dirá el Comisario Diocesano en sus
informes "Tiene ardientes deseos de pasar a Tierra Santa".
Dichos religiosos, en el vapor "Barcino", se hicieron a la mar hacia
las tres de la tarde del veinticinco de enero de mil ochocientos
cincuenta y nueve, la primera escala es en Barcelona el día veintiséis
a la una del medio día. El día treinta se hacen nuevamente a la mar a
las ocho y veinte de la mañana y llegan a Marsella a las siete y
cuarto de la mañana siguiente. El seis de febrero emprenden otra vez
el rumbo. Desde Marsella hasta Jaffa donde desembarcan el día
diecinueve, el importe del pasaje de cada uno de los catorce
misioneros asciende a trescientos ochenta y cinco francos.
El Cónsul de España en Jerusalén ha recibido notificación desde Madrid
de la llegada de los religiosos y el encargo de que fuesen atendidos
con el diligente esmero acostumbrado. El mismo día que recibe la
carta, diecisiete de febrero, se entera de que llegan al puerto de
Jaffa el día diecinueve. Sin perdida de tiempo, el dieciocho sale de
Jerusalén un genízaro (se designa con este nombre a la guardia que
concedía la Sublime Puerta a todos los Cónsules como signo de
distinción y para su defensa) del Consulado a caballo, "armado con su
gran bastón de plata" para que les de la bienvenida, acompañe a los
misioneros hasta Jerusalén y los defienda, si fuese necesario. Era
este un obsequio personal y deferente del mismo Cónsul y una manera de
cumplir el encargo de la Obra Pía de Madrid. El día veintiuno los
misioneros españoles entraban emocionados en la Ciudad Santa de
Jerusalén. Hay el fraterno abrazo de bienvenida de los Superiores de
la Santa Custodia y de los religiosos españoles que los reciben
alborozados. Todos juntos, con el M. R. P. Procurador General, Tomas
Gómez, al frente y el Cónsul de España, en la iglesia conventual de
San Salvador, cantan un solemne "Te Deum" de acción de gracias. El día
veintidós son recibidos en el Consulado General, donde se enarbola la
bandera española, y al cobijo amoroso de sus pliegues hay palabras de
estimulo y emulación para los recién venidos.
Las noticias del martirio de los siete franciscanos españoles no
llegarían a España hasta los primeros días de agosto. Y no con una
absoluta certeza. El veintiocho de julio, el Comisario de la Obra Pía,
don Juan Antonio de Rascón, en el informe que transmite al Primer
Secretario de Estado, dirá que no tiene noticias de que los religiosos
españoles, de Damasco hayan sido víctimas de tantas barbaridades
perpetradas por los drusos, secta musulmana de Oriente Próximo cuyos
principales asentamientos se localizan en las regiones más montañosas
del Líbano, del sur de Siria y de Israel.
Le remite con esta ocasión nombre de todos los religiosos españoles
residentes en Tierra Santa y hace enumeración de las casas españolas
de aquella Santa Custodia. Sugiere, a la vez, que el Gobierno proteja
eficazmente, mediante el Jefe de las fuerzas navales destinadas en
aquellos parajes, a todos los religiosos y conventos.
Pocos días después de la notificación referida ha tenido que llegar a
manos del Comisario de la Obra Pía la primera carta del Procurador
General de Tierra Santa, P. José María Ballester. Está fechada en
Jerusalén el día veinte de julio. En ella se refleja la imprecisión e
inexactitud de las primeras y dolorosas noticias allí recibidas sobre
la muerte de los religiosos y el peligro que parece amenaza a
Jerusalén.
Se ha hecho ya referencia a la Comisión Internacional designada para
el esclarecimiento de los hechos acaecidos en Damasco en el mes de
julio, exigir responsabilidades a los culpables y reclamar por los
daños y perjuicio ocasionados. La Comisión, presidida por Fuad Bajá,
en representación de la Sublime Puerta, estaba integrada por los
representantes diplomáticos de las llamadas "Las cinco Grandes
Potencias": Francia, Inglaterra, Austria, Rusia y Prusia. Ateniéndonos
a la información conocida, muy pocas esperanzas de eficacia había
sobre su gestión, ya en los primeros momentos de haber sido
constituida.
El convento colegio franciscano español de Damasco era celebre centro
de formación arabista para los misioneros de Tierra Santa. Formaba un
cuadrado de cerca de quinientos metros. Tenía cuatro pequeños
claustros con tres fuentes abundantes. En la planta baja, toda ella de
piedra y cal, estaba la iglesia de bastante capacidad, con siete
altares. Había además cuatro habitaciones, dos despensas, dos
almacenes, dos grandes escuelas, una cocina con fuente y otra mas
pequeña con pozo, una vasta bodega para guardar vino y aceite. En la
planta alta del edificio de ladrillo y madera, estaban las veinte
celdas para los religiosos. Tenia además, una biblioteca con mas de
diez mil volúmenes. En ella se guardaban preciosos manuscritos, entre
los que destacaba una Biblia en pergamino. Sólo por ella una sociedad
bíblica inglesa había ofrecido mil libras esterlinas. El padre Manuel
Ruiz se había refugiado en una casa y allí sorprendido del furor
musulmán le propusieron negar de su fe, pisar la cruz y salvar su
vida; más él, asistido del Santo Divino Espíritu confesó a Cristo y
adoró la cruz; y sujetando la cerviz el verdugo sirvió su espada de
glorioso instrumento para el martirio. Igual suerte sufrió fray
Engelberto, súbdito austriaco. El padre Carmelo fue fusilado en medio
de la calle. Esto tres héroes de la fe de Jesucristo fueron dejados
sin sepultura y expuestos a la voracidad de aves y perros, y cuando
nos escribían esas noticias sus cadáveres apenas se conocían.
El P. Nicolás Alberca antes de morir, según algunos testigos, le
preguntaron si estaba dispuesto a renegar de la ley de Cristo y
abrazar la de Mahoma, a lo cual respondió: que antes bien sufriría mil
muertes primero que faltar a su religión, confirmándolo al mismo
tiempo con la señal de la Santa Cruz. A consecuencia de esta respuesta
tan firme y vehemente, le dispararon un pistoletazo, que lo mató, e
hizo caer redondo al suelo. Junto con él, los religiosos P. Nicanor
Ascanio, P. Pedro Soler y Fr. Francisco Pinazo del Puente, murieron en
el convento y fueron quemados. Fray Juan Jacobo fue precipitado desde
el tejado de la iglesia por los enemigos que irrumpieron en el
monasterio, aún con vida, suplicaba a Dios con fervor que aceptase su
sacrificio, hasta que con una cuchillada lo remataron.
Acontecimientos de esta índole siguen produciéndose en el mundo,
siervos de Cristo dejan hoy su vida al servicio de la Fe y de los mas
necesitados.
Luis López-Cuervo del Rosal
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Del 23 de abril al 02 de mayo de 2004.
Este curso ha coincidido con el Año Compostelano, al caer el
veinticinco de julio en domingo, día del Apóstol Santiago, Patrón de
España. «PEREGRINAMOS
A SANTIAGO DE COMPOSTELA»
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«El Camino de Santiago es una ruta de peregrinación surgida en la edad
media, conocida también como 'ruta jacobea'. El objetivo del Camino es
llegar hasta Santiago de Compostela, en la provincia de La Coruña,
donde según la tradición se encuentran los restos del apóstol Santiago
el Mayor.
A comienzos del siglo IX el obispo Teodomiro, de la diócesis de Iria
Flavia (Padrón), descubrió los restos del apóstol. En el lugar del
hallazgo, el monarca asturiano Alfonso II el Casto ordenó erigir una
iglesia, origen de la actual catedral compostelana.
La noticia se difundió rápidamente por toda la cristiandad y Santiago
de Compostela se convirtió en objetivo fundamental de las
peregrinaciones cristianas. |
Decidimos participar junto con nuestro Rector, los seminaristas
Salvador, Javier, Roberto, Valentín y Luis. Realizamos el camino de la
Plata y partimos de Sevilla el viernes veintitrés de abril sobre el
mediodía hacia Salamanca.
Nos detuvimos para almorzar en Fuente de Cantos, al sur de la
provincia de Badajoz, ciudad natal de Francisco de Zurbarán.

Pasamos la noche en Salamanca en el Seminario Ínterdiocesano.
Visitamos la ciudad con Pedro Enrique García seminarista de la
diócesis de Cádiz y acompañados de los seminaristas interdiocesanos.
Esta ciudad cuenta con uno de los conjuntos monumentales más
importantes de España, declarado Patrimonio de la Humanidad por la
UNESCO.
El sábado veinticuatro salimos muy temprano hacia León. Fue sede de la
Legio VII Gemina, de donde deriva su nombre. Entre los lugares de
interés destaca la catedral gótica (siglos XII-XIV) que es una de las
más bellas de España, la iglesia de San Isidoro donde se veneran los
restos del santo; y el Museo Real, el convento de San Marcos, el
Ayuntamiento y el Palacio de Guzmán; todos ellos del siglo XVI.
Después de almorzar proseguimos hacia Samos en la provincia de Lugo,
donde llegamos sobre las nueve de la noche y nos hospedamos en el
Monasterio Benedictino, allí rezamos vísperas y cenamos con los monjes
del monasterio, quienes nos atendieron con amabilidad.

El domingo veinticinco comenzamos el camino a pie desde Samos a ciento
quince kilómetros de Santiago. Transitamos por Sarria, esta localidad
al ser una de las escalas del Camino de Santiago, tuvo hospitales de
peregrinos y templos importantes. Sus principales monumentos son la
iglesia del Salvador (siglo XIV), el convento de la Merced
(plateresco) y el de la Magdalena (gótico), el hospital de San Antón y
los restos del castillo.
Al mediodía llegamos a Ferreiro donde celebramos la Eucaristía con
varios peregrinos. Por fin, ya de noche llegamos a Portomarín, todavía
en la provincia de Lugo. Allí nos hospedamos en un albergue atestado
de peregrinos.
El
día veintiséis marchamos hacia Ligonde, donde pasamos la noche, en el
albergue, muy distinto al de Portomarín ya que tenía pocas plazas.
Allí conocimos a la hospedera Áurea y celebramos con ella y varios
peregrinos la Eucaristía.
El martes veintisiete salimos hacia Mélide. Caminamos por Palas de
Rey, entre sus monumentos destacan la iglesia del Villar de Donas
(siglo XII, románica) y el castillo de Pambre.
Llegamos a la provincia de la Coruña, nos hospedamos en Mélide y
celebramos la Eucaristía en la parroquia. Esta localidad es una
importante escala del Camino de Santiago, con monumentos como el
castro de la Graña, las iglesias de San Antoniño de Toques
(prerrománica), Santa María y San Pedro (románicas), la casa Pedrosa y
el ayuntamiento (siglo XVII).
El veintiocho pasamos por Arzúa, una de las últimas etapas del Camino,
y nos hospedamos en el albergue de Santa Irene, muy cerca de Santiago.

Al día siguiente dejamos Santa Irene, donde nos comenzó a llover.
Pasamos por O Pino y el Monte del Gozo, hasta llegar por fin a
Santiago de Compostela sobre las dos de la tarde. Primero entramos por
la Puerta Santa, visitamos la Tumba del Apóstol y desde allí fuimos a
recoger la Compostelana.
Luego marchamos al Seminario de Santiago, allí nos hospedamos y
almorzamos con el rector y los formadores del Seminario. Mas tarde
celebramos la Eucaristía en la Catedral que fue concelebrada por ambos
rectores y varios sacerdotes de los cuales algunos eran italianos. Por
la tarde visitamos el convento de los Franciscanos, y nos hablaron
sobre los
Siete Mártires de Damasco.
En la jornada siguiente celebramos la Eucaristía, esta vez acolitamos
al señor Arzobispo de la diócesis. Después Cela organista de la
catedral nos mostró la parte superior de la nave, así como los
campanarios y los tejados, que pronto serán abiertos al público.
Antes de atardecer, visitamos el Museo del Pueblo Gallego y pudimos
ver el documental “El Hombre y el Carro” del director de cine Antonio
Román y el etnógrafo Joaquín Lorenzo, filmado en Lobeira (Orense).
Esa
noche nos despedimos de todo el Seminario de Santiago, por eso,
queremos agradecer las muchas atenciones que tuvieron con nosotros,
tanto los formadores como los seminaristas. Desde aquí, aprovechamos
la ocasión para enviarles un saludo.
 
Por la
mañana volvimos a la catedral, pero esta vez para celebrar la
eucaristía en la misma tumba del Apóstol. Fue una celebración muy
emotiva donde oramos por toda nuestra diócesis.
Luego viajamos de Santiago a Salamanca, pasamos por Cebreiro, donde
nos nevó. Y almorzamos en Astorga con don Ángel Pérez del Yelmo,
Capellán Castrense, natural de Sanlúcar de Barrameda, también nos
acompañó en el almuerzo un formador del Seminario de Astorga. 
Astorga o Asturica Augusta, es sede episcopal, entre sus atractivos
turísticos destacan la catedral gótica, remodelada en el siglo XVI por
Gil de Hontañón; el Palacio Episcopal, obra de Antoni Gaudí; el
ayuntamiento, del siglo XVIII; y el Museo de los Caminos.
Ya por la tarde llegamos a Salamanca donde pasamos la noche. Conocimos
la plaza Mayor de la antigua Salmantica, diseñada por Alberto de
Churriguera, su universidad que fue fundada en 1218, y es uno de los
primeros centros académicos de Europa; también es sede de la
Universidad Pontificia. La catedral vieja (comenzada en 1140 y de
estilo románico), la catedral nueva (empezada en 1513 y terminada en
1733) y la iglesia de San Esteban.
El dos de mayo a nuestro regreso hicimos una parada en Cáceres,
denominada por los romanos Norba Caeserin. En el siglo XIX la ciudad
creció, quedando la ciudad antigua configurada como conjunto
monumental, en el que destacan, además de las antiguas murallas
romanas y las torres de época almohade que cierran el recinto (Bujaco,
Redonda, Desmochada), varias iglesias, como la de San Mateo (un
edificio gótico con una alta torre que se levanta sobre el solar de
una mezquita) y la de Santiago (de origen románico y reconstruida en
el siglo XVI por Rodrigo Gil de Hontañón), la concatedral de Santa
María (siglo XV), así como numerosas muestras de arquitectura civil de
los siglos XIV-XVI, de entre las que destacan casas solariegas y
palacios de familias nobiliarias como los Godoy, Mayoralgo, Golfines
de Arriba y Golfines de Abajo, Solís. La UNESCO igual que Salamanca
declaró este conjunto monumental Patrimonio de la Humanidad.
Ya al atardecer llegamos a Sevilla, donde diez días antes comenzamos
nuestra peregrinación. Hemos conocido a muchos peregrinos de distintas
nacionalidades, así como pueblos y ciudades de un gran valor histórico
y religioso.
El Camino nos ayudó a
encontrarnos con el Señor mediante la oración y la meditación. En
todas las jornadas rezamos la liturgia de las horas al igual que el
Santo Rosario, y como centro del día la celebración de la Eucaristía.
Animo a todos a los que lean este artículo a realizar el Camino de
Santiago, lugar donde se puede desarrollar una importante Pastoral
para los peregrinos que buscan y desean encontrarse con Jesucristo.
“Santiago, haznos fuertes en la fe y alegres en la esperanza, en
nuestro caminar de peregrinos siguiendo el camino de la vida
cristiana.”
Luis López-Cuervo del Rosal
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