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OBISPADO

 

SEMINARIO

 

Carlos López Segovia

Carlos López Segovia

PRESBÍTERO

Nació en Jaen el 31 de Noviembre de 1976 y fue ordenado el 14 de septiembre de 2002.

 

 

MI VOCACIÓN.

"Llevamos este tesoro en vasos de barro".

 

Portada Navidad 2003

Portada Pascua 2003

Portada Navidad 2002

Portada Pascua 2002

Portada Navidad 2001

Portada Pascua 2001

Portada Navidad 2000

Portada Pascua 2000

Portada Pascua 1999

Portada Navidad 1998

Portada Especial 1997

 

 

 

 

NUESTRA EXPERIENCIA VOCACIONAL

MI VOCACIÓN.

Pascua 2000.

La verdad es, que hablar de mi vocación ha sido una de las cosas que siempre me ha costado mucho trabajo hacer, quizás porque soy algo introvertido por lo que a estas cosas se refiere; de todas formas, haré lo posible.

Aunque es bastante difícil decir el momento exacto en el que descubrí la llamada, siempre tendré que subrayar el verano de 1991, en un Santuario Mariano de Polonia, con ocasión de una de esas Jornadas Mundiales de la Juventud que el Papa convoca. Desde luego, fue allí, ante la Virgen de Jasna-Gora, donde a los 14 años -entre el asombro y el miedo- descubrí que Dios me llamaba a servir a la Iglesia como sacerdote; Sin embargo, eso no se quedó allí, pues cuando Dios llama, la llamada debe madurar en la persona, y eso lo hace Dios mediante el tiempo. De ese modo, y en el seno de una de las "comunidades Neocatecumenales" de la parroquia de Santa María Magdalena de Puerto Serrano, fui dando pequeños pasos que me ayudarían a discernir más claramente la llamada de Dios.

Con el tiempo, esta vocación fue madurando, y pensando que Dios me llamaba a servirle como sacerdote misionero en el extranjero, fui a parar al Seminario "Redemptoris Mater" de Berlín (Alemania), donde pasé mis primeros años de seminario. La verdad es que aunque tire duro, sobre todo al principio, aquella fue tina experiencia de riqueza y profundidad impresionantes: aprender otros idiomas, conocer la situación de la Iglesia y del cristianismo en general en varios países, y sobre todo, la experiencia tan bíblica de sentirme "extranjero en tierra extraña".

Aquel tiempo me ayudó mucho a profundizar en la vocación, sin embargo, poco a poco se fue gestando en mí Lina nueva inquietud que me llevaría a tornar tina nueva decisión crucial: No podía dejar de pensar que mientras yo estaba en Berlín, ciertamente sirviendo a la Iglesia, la misma iglesia, de nuestra diócesis, donde crecí y descubrí a Cristo, sufría necesidad de vocaciones al sacerdocio.

De esta forma, maduró en mí esa llamada de Dios a servirle como Sacerdote Diocesano en nuestra Diócesis, y ni corto ni perezoso, a pesar de las dificultades y los papeleos, etc., etc., me puse en contacto con D. Rafael y con los formadores. Y aquí estoy, con una única pretensión: servir a Cristo en esta Iglesia con su ayuda, lo mejor que me sea posible.

Solo me queda hablar de un punto crucial en esta pequeña historia: sobre mi "primer seminario", es decir, mi Familia, donde mucho antes de descubrir la vocación he recibido la fe, y donde he conocido a Cristo, ellos me han dado una educación cristiana y han allanado el camino de esta llamada, por medio de su respeto, sus consejos y, sobre todo, sus oraciones.

Ante todo esto, solo me queda dar gracias a Dios por su gran amor, por haberme llamado al sacerdocio, y por las tantas y tantas personas que ha puesto en mi camino, por medio de las cuales me ha hablado; darle gracias por toda esta historia de mi vocación, y sobre todo por mi propia vida.

Por último solo me resta pediros dos cosas a quienes leáis este artículo: vuestra oración para que Dios lleve a termino lo que ha comenzado en mí y en cada uno de los que formamos este seminario, y que quienes hayáis sentido el interrogante de la llamada dejéis a un lado las dudas y miedos para poder descubrir ante Dios si de verdad os llama, ¡¡¡adelante, no tengáis miedo!!'

Carlos López Segovia

 

 

 

 

LOS DIÁCONOS.

"Llevamos este tesoro en vasos de barro".

Navidad 2001.

Hace poco, Manolo me pidió que le escribiera un artículo sobre mi experiencia como Diacono, pero la verdad sea dicha, aún llevo poco tiempo en esto del Ministerio, digamos que me siento un poco desbordado ante la misericordia de Dios.

A menudo pienso en la fidelidad del Señor a lo largo de estos 7 años de Seminario, 10 si cuento el tiempo desde que supe que Dios me estaba llamando. A pesar de mis debilidades, de las veces que he estado a punto de tirar la toalla y empezarlo todo desde cero..., gracias sean dadas a Dios que me guardó de tantos peligros y tentaciones.

Después de casi dos meses y medio de diaconado, aún tengo presente esa alegría que viene de decir sí al Señor, ese gozo profundo del sacramento de la ordenación.

Antes, en el Seminario, al pensar en la Ordenación todo se veía muy lejano y distinto -esto hasta el mismo día de la Ordenación-, ahora todo se vuelve concreto y claro: Servir al Señor supone ahora servir a los hermanos que aparecen por la parroquia, los novios que se casan o los padres que traen a bautizar a sus hijos, dedicarme a la oración, prepararme alguna que otra homilía...

Pues, ¿qué decir?, bendita la hora en que me llamó el Señor al ministerio. Ante mí él ha abierto ahora un año para aprender a servir, a obedecer, un año para crecer en humildad, y que decir sino que el Señor disponga mi corazón para aprender de tan buenos maestros, a quienes el MAESTRO ha preparado para mí: con esto me refiero sobre todo a Diego Valle, párroco de la Prioral, donde estoy ejerciendo el Diaconado, con quien estoy viviendo, rezando, y de quien tanto estoy aprendiendo.

Sigo siendo el mismo, y Dios me libre de gloriarme o de pensar que merezco las gracias que el Señor me da. Así, la vida ministerial se me presenta como un reto del Señor a que me fié de él, como hizo María, que dio su "fiat"

Tengo por seguro que Dios llama a los débiles para manifestar en ellos su gloria. Aún están frescas en mi memoria las palabras de nuestro Obispo el día de la ordenación cuando se dirigía a los mas jóvenes de entre la gente: "Jóvenes, estos que hoy se ordenan no son mejores que vosotros...", gran verdad. El Señor se ha buscado un vaso de barro, para llenarlo con el tesoro del Evangelio, y esto es un gran don y un gran misterio para mí.

A la gente le sorprende ver a un diácono con solo 24 años, quizás porque hoy en día no hay muchas vocaciones entre los jóvenes; a mí también me sorprende, pero solo porque el Señor ha sido fiel a la llamada que un día, hace unos 10 años, hizo sobre mí.

A los jóvenes que leáis estas líneas: ¡¡No tengáis miedo a decir sí al Señor!!

Carlos López Segovia

 

 

 

 
 

Seminario Diocesano Asidonia-Jerez. 2004
Diseño Luis López-Cuervo del Rosal.