REVISTA DIGITAL

 

 

SEMINARIO

 

Salvador Marín Vadillo

PRESBÍTERO

Es natural del Puerto de Santa María, concretamente de la parroquia de la Prioral y participa en las comunidades neocatecumenales. Tiene 38 años, estudia humanidades en la Universidad de Cádiz. Ordenado diácono el diez de septiembre de 2005 y presbítero el 16 de septiembre de 2006.

 

¡¡ÁNIMO A LA LLAMADA VOCACIONAL!!

MI VOCACIÓN

 

Portada Navidad 2003

Portada Pascua 2003

Portada Navidad 2002

Portada Pascua 2002

Portada Navidad 2001

Portada Pascua 2001

Portada Navidad 2000

Portada Pascua 2000

Portada Pascua 1999

Portada Navidad 1998

Portada Especial 1997

 

 

 

 

¡¡ÁNIMO A LA LLAMADA VOCACIONAL!!

Pascua 2001.

Satisfacción, así creo que debe comenzar este artículo. El estrenar una nueva casa del seminario de Jerez en Sevilla ha sido algo de lo que debo dar gracias a Dios, ya que por su proximidad al Centro de Estudios Teológicos nos evita a todos los seminaristas los desplazamientos por el centro de una gran ciudad como Sevilla con las prisas, el tráfico, los atascos, y así en un corto paseo de quince minutos empezamos las clases.

El curso de primero ha sido realmente el tiempo de adaptación al seminario, los horarios, las personas, las materias, todo el esfuerzo de ese año me servirá como base para afrontar nuevos cursos. La lectura de los pensadores y filósofos es parte integrante de esta etapa. La agradable forma de instruirnos que tienen los profesores, es un aliciente para comprender la evolución en la Historia del ser humano y la situación actual de este mundo, pero todo eso se quedaría agotado sino se mirase a la luz de la perspectiva del creyente, que hace comprender y valorar la necesidad que esta sociedad tiene hoy de que se le siga mostrando a tiempo y destiempo a Nuestro Señor Jesucristo, aquel que fue entregado por Dios para que en Él sea entendida la vida y el proyecto de Dios para cada persona; vivir como hijos de Dios, bendecir al Señor de la vida llegando al final de cada día con la certeza que Dios ha estado grande con nosotros. Bendecir a Dios con la vida haciendo de este mundo un lugar de comunión, donde no haya tanto luto ni llanto porque la Resurrección de Jesucristo sea la luz y la vida para todo hombre que viene a este mundo.

Mis primeros pasos con el preseminario fueron muy breves, ya que, solo en dos ocasiones me reuní con los compañeros preseminaristas, luego vinieron las vacaciones de verano y el comienzo de curso, aunque significó mucho conocer nuevas parroquias, formadores y el estilo de vida que me esperará para los próximos años como tiempo propicio de discernimiento.

La vida en el seminario es apacible, oración, aulas, clases, almuerzo, estudio, y como centro de las actividades diarias la Eucaristía, la cena y la visita a la capilla antes de dormir. Hasta hoy están colmadas todas las ilusiones que me trajeron a esta casa.

Desde aquí animo a los jóvenes cristianos a plantearse si Dios les llama a ser ministros de los Sacramentos, a que vengan al seminario y nos conozcan mas a fondo y así realmente poder decidir. Vale la pena dejar en segundo plano a los que quieres para empezar una vida distinta al servicio del Señor y su Evangelio.

La paz sea con todos vosotros.

Salvador Marín Vadillo.

 

 

 

 

MI VOCACIÓN

Navidad 2000.

Para hablar sobre la vocación es necesario hacer un poco de historia: me llamo Salvador Marín Vadillo y soy del Puerto de Santa María, de la parroquia de Nuestra Señora de los Milagros, y tengo 35 años.

Vengo planteándome la vocación desde los 28 años, cuando escuché en la parroquia una palabra que me anunciaron, el amor gratuito de Dios. A1 tiempo, en una peregrinación de las Jornadas Mundiales de la Juventud, en Denver, Estados Unidos, di el primer paso, y en una llamada vocacional dije sí al Señor. Fue entonces cuando empezó el discernimiento de mi vocación.

Con otros jóvenes, nos reuníamos y charlábamos sobre nuestras vocaciones y sobre el Evangelio, mientras descubríamos como esta gracia de ser llamados era la que nos daba la fuerza para empezar en el Seminario.

Reemprendí los estudios de BUP y luego la universidad, cosa que me valió para darle un sentido a mi vida de joven frente a un mundo de "sin sentidos". Encontré una gran alegría en mi interior, descubrí que yo no estaba solo sino que Dios me acompañaba, bendiciéndome en todo momento. Solo entonces podía interrogarme a mí mismo sobre mi disponibilidad a entrar en el seminario. Mi duda consistía en que yo no quería dejarlo todo y seguirle.

Fue Dios quien me dio un pequeño "empujoncito" y... me quede sin trabajo. Ese fue el toque mas fuerte que yo había recibido nunca. Yo continué estudiando en la universidad mientras Dios me seguía llamando y hablando a mi corazón: por qué seguía soltero, para qué los estudios, cuáles eran mis dificultades en la vida, por qué no podía superarlas, etc.

Dos años mas tarde, llego el gran Jubileo del 2000, las peregrinaciones a Israel y a Roma, donde escuché que hacían falta sacerdotes, y esta llamada de Cristo a través el Santo Padre, me llevó a dar el paso decisivo, y dije "aquí estoy" de modo que hablé con Diego Valle, mi párroco, quien me presentó al Rector del Seminario.

Llegó la hora de empezar. Entre los seminaristas he encontrado mucha aceptación; de forma desinteresada me ayudan, escuchan y aconsejan. Por eso, pienso que compartimos algo mas que una casa, una mesa, unos estudios, ya que los problemas de uno lo son de todos.

Quiero decir que esto no habría sido posible sin la labor de mi párroco, Diego Valle, y mi buen amigo Julio Juez, a quienes tengo que agradecer sus sabios consejos. Gracias también a mi familia que ha acogido mi decisión con gran respeto y alegría, a mi comunidad neocatecumenal que es parte importante de mi itinerario de fe, y sobre todo a Dios que me permite esta experiencia de amor, compañía y comprensión.

Esta es una misión difícil a la que Dios me llama, pero dichosa, la de hacer presente el amor de Jesucristo y su Iglesia allí donde vaya.

A los jóvenes que leáis esto: ¡¡¡ánimo, no tengáis miedo!!!

Salvador Marín Vadillo.

 

 

 

 
 

Seminario Diocesano Asidonia-Jerez. 2006
Diseño Luis López-Cuervo del Rosal.