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REVISTA DIGITAL |
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Francisca Mateos García
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LOS PADRES DE UN SEMINARISTA Pascua 2005. ¿Que supone para una madre, tener un hijo en el seminario? Empezaré presentándome muy rápidamente. Soy la madre del seminarista que este año ha comenzado sus estudios en el Seminario Diocesano de Asidonia - Jerez, nuestro Seminario. Soy esposa y madre de otra hija que es mayor que Pablo, trabajo fuera de casa y soy catequista de jóvenes en mi Parroquia de San Benito de Jerez.
Cuando un hijo te dice que quiere irse al Seminario, nosotras las madres, ya lo hemos descubierto mucho tiempo atrás, porque observamos, hablamos, vemos y estamos pendientes de muchas y pequeñas cosas de cada día, y aunque no nos lo digan tácitamente, deducimos que han empezado a andar por un determinado sendero donde son felices, y vamos conociendo sus preocupaciones y sus ilusiones, cómo trabajan, cómo y en qué se comprometen. En definitiva, su vocación, y claro está, un día, toman su decisión de una manera responsable y valiente para los tiempos que corren, pues todo o casi todo le viene dado y es mucho lo que dejan atrás, con la consiguiente alegría de que en la otra orilla quien lo llama es DIOS, lo MAS para una madre cristiana.
Por tanto es una tranquilidad para nosotras, saber que en quien han puesto su corazón no les va a defraudar, que en definitiva es lo que nos asusta del futuro de nuestros hijos, ya que lo que queremos es que sean felices, que realicen su vida al lado de quien han escogido, poniendo su trabajo, su esfuerzo, su inteligencia, su carisma ... su amor, al servicio de los demás, la forma mas generosa de compartir y gastar la vida que se nos ha regalado, como el pabilo que se consume para dar luz y calor, a un mundo que necesita tanta calidez.
Tengo la suerte de compartir ahora este gozo con mi familia y de una manera especial con mi madre, que aunque no vive, si lo hace en el corazón de cada uno de sus miembros, pues con su testimonio regó la semilla de la fe.
Temores, pues sí, cómo no, los propios de una sociedad pagana donde estamos inmersos. Los que llevamos tiempo dando catequesis, observamos cómo cada año cambian los cursos. Los que deberían entrar a formar parte de esos jóvenes, o no vienen o lo hacen de forma heroica, agravándosele con la etapa de la adolescencia y lo atrayente de esta sociedad deslumbrándolos con los focos (luz artificial) y el poco esfuerzo(solo hay que darle a un interruptor). Asi no se puede ver ni reconocer la luz de ese pabilo, que es tenue y fuerte a la vez, pero necesita del esfuerzo personal para que siga ardiendo.
Como anécdota, Pablo también paso por esa etapa y un día me dijo, mamá yo no quiero ir a catequesis. Atendí sus razones y claro está, como la de todos, no me gusta, me aburro, me interrumpe para estudiar. Pero le expliqué que los padres somos responsables de nuestros hijos, no sólo del alimento del cuerpo y su educación, sino también del alimento del alma y su formación, y por tanto seguiría yendo por lo menos hasta que fuera más mayor y pudiera decidir por él mismo. Esa racha paso y yo no me volví a acordar mas de aquello, hasta que el día de su confirmación, cuando nos íbamos para la Iglesia, se volvió, me dio un abrazo y me dijo, gracias mamá por haberme obligado. D. Francisco mi Párroco hace unos días nos decía que Dios trabaja a largo plazo, pero vivimos en una sociedad que es todo lo contrario, tiene unas connotaciones de inmediatez absoluta, todo lo queremos para hoy y ahora.
No conviene bajar la guardia ni desfallecer, trabajemos con esperanza, el Señor provee y vela por todos, aunque a veces no lo sintamos cerca. A los que creemos en su mensaje no nos debe aturdir esta situación; la opción de seguir a Jesucristo merece la pena.
Francisca Mateos García Madre de un Seminarista
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Seminario Diocesano
Asidonia-Jerez. 2005 |
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