REVISTA DIGITAL

 

OBISPADO

 

SEMINARIO

 

 

Javier Medina

 Javier

Medina Martín

 

 

 PRESEMINARIO

 Navidad 2006.

            Si hace dos años me preguntasen qué es el preseminario, probablemente no podría dar una respuesta certera. Gracias a Dios, a través de mi experiencia, podré responder a esta sencilla pregunta.

            La palabra preseminario puede asustar un poco, ya que contiene la palabra Seminario; sin embargo, no hay que tener temor alguno; ¿por qué no hay que tener miedo? veréis…

            Mi experiencia empezó en el campamento vocacional de Grazalema, en el 2005. Yo iba a probar una experiencia nueva, ya que no sabía qué se podía hacer allí, ni cómo me lo podía pasar. Después de una semana estupenda, donde pude hacer nuevos amigos, conocer a  gente del seminario, pasar ratos inolvidables, pero sobre todo tener una experiencia cercana a Dios. La oración, cuando se hace correctamente, no se puede uno imaginar lo maravillosa que es, ya  que te aporta lo que nadie, excepto Dios, nos puede dar. Terminado  este campamento, nos ofrecieron apuntarnos al preseminario, y decidido me apunté, ya que  sería una tontería tener miedo a probar una cosa diferente.

            El preseminario es un encuentro que se tiene una vez al mes, donde se pasa un día en el seminario, y recibes una catequesis a través de los seminaristas. En estos encuentros me enseñan multitud de cosas de diversos temarios, desde teología de la Iglesia, reflexiones, experiencias personales y, sobre todo, el acercamiento a Dios.

 Cada encuentro te invita a reflexionar sobre tu vida, tu futuro, tu día a día, descubrir lo que puedes dar a los demás, qué le puedes ofrecer a Dios a través de la oración y las obras de misericordia; replantearte qué es lo que quiere Dios de ti, de tu vida, qué camino escoger, qué vocación será la certera.           

Yo soy un adolescente normal y corriente, con mi familia, mis amigos, todo lo que me rodea, con momentos mejores y peores, muchas veces con dudas. Sin embargo, tengo una idea muy clara: soy una vasija de barro moldeada por mi alfarero, Dios. Dios me ha dado la vida, Él es mi vida, Él nos ha creado a su imagen y semejanza. Por eso lanzo esta pregunta- para mí también-: si nos ha dado la vida, ¿por qué hay que tener miedo a ofrecérsela?

             No hace falta ofrecérsela siendo cura o monja, sino desde la ayuda al más necesitado, tratar a los demás como nosotros queremos que nos traten, simplemente Dios nos da el ejemplo a seguir.

            Concluyendo, saco de todo esto que el encuentro del preseminario es una oportunidad  a ser mejor cristiano y, por lo tanto, mejor persona;  escuchar a Dios y descubrir qué tienes que hacer en tu vida.

 Javier Medina Martín

                                       

 

 

 

 
 

Seminario Diocesano Asidonia-Jerez. 2007
Diseño Luis López-Cuervo del Rosal.