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SEMINARIO

 

Francisco Miguel Morales Varoni

PRESBÍTERO

Es natural de El Puerto de Santa María, pertenece a la parroquia Prioral de Nuestra Señora de los Milagros. Nació el 31 de julio de 1965. Licenciado en Ciencias Eclesiásticas en el Centro de Estudios Teológicos de Sevilla. Ha cursado estudios de Filosofía en la universidad Seton Hall de Newark (Nueva Jersey en EE.UU.). Es diplomado en enfermería y procede de las Comunidades Neocatecumenales.

Ordenado diácono el 16 de septiembre de 2006 y presbítero el 22 de septiembre de 2007.

 

ARTICULOS:

Experiencias

NUEVAS LÍNEAS DE PASTORAL VOCACIONAL

Un Libro para leer

 

Portada Navidad 2003

Portada Pascua 2003

Portada Navidad 2002

Portada Pascua 2002

Portada Navidad 2001

Portada Pascua 2001

Portada Navidad 2000

Portada Pascua 2000

Portada Pascua 1999

Portada Navidad 1998

Portada Especial 1997

 

 

 

 

UN LIBRO PARA LEER

Pascua 2005.  

 AUTOR: EMILIANO JIMÉNEZ HERNÁNDEZ, Pbro.

 TÍTULO: “MORAL SEXUAL. Hombre y Mujer, Imagen de Dios”.

 EDITORIAL: DESCLÉE DE BROUWER. “Biblioteca Catecumenal”. Bilbao 1990, 298 pp.                          

            En la cultura actual, cada vez más  individualista y alejada de la fe, se ha pasado de la represión a la obsesión y a la banalización de la sexualidad, lo cual afecta tremendamente a la vida matrimonial y familiar. En conjunto, el autor trata de presentar una síntesis bíblica y cristiana de la vida conyugal y de la sexualidad, con sus luces y sombras, que ayude a descubrir su impresionante riqueza humana y salvífica, cuando son vividas según el designio original de Dios.

Al mismo tiempo, intenta traducir al lenguaje de nuestro tiempo la verdad sobre el matrimonio y la sexualidad, que el Espíritu de Dios nos ha revelado en la Escritura, en la tradición de la Iglesia y en su magisterio actual. Fiel al mensaje bíblico, leído en la fe de la Iglesia, y con la luz de la antropología personalista de nuestros días y la experiencia de vida de tantos matrimonios, célibes y vírgenes que desean ser fieles al designio de Dios y a su misión para los hombres, presenta el autor esta reflexión de teología moral.

            El autor expone el plan de Dios sobre el matrimonio desde “el principio”, desde la creación,  hasta alcanzar su sentido pleno en el misterio del amor esponsal de Cristo a la Iglesia. Junto al matrimonio, la virginidad por el reino de los cielos es el signo profético que anuncia la unión plena de Cristo con la Iglesia en la eternidad. Ambas vocaciones se iluminan mutuamente y son camino de santidad. La Escritura presenta el matrimonio y la sexualidad humana como fuente de vida y salvación, que es desfigurada por el pecado .Este no es sino la búsqueda deshumanizante, egoísta y privada del placer, negando así la esencia misma de la sexualidad y del cuerpo humano, destruyendo su lenguaje esponsal, de amor creador y mutua entrega en fidelidad. Frente a la realidad de desorden que introduce el pecado en la sexualidad, la venida de Jesucristo, “imagen visible de Dios invisible”, hará posible la recreación de la imagen de Dios en el hombre, sanando y restaurando el sentido de la sexualidad humana y  dando lugar a un nuevo comienzo.     

               El lenguaje que utiliza el autor es bastante accesible y la estructuración de la obra facilita su asimilación. Valoro muy especialmente la gran riqueza de fundamentación en la Sagrada Escritura, en la tradición y en el magisterio actual de la Iglesia, así como su fidelidad y espíritu de colaboración con el magisterio jerárquico, contribuyendo a iluminar la sexualidad desde la comunión.

Junto a ello, valoro el enfoque histórico-salvífico de la reflexión y el tono experiencial y existencial que se transluce en toda la obra, y que conecta con mi experiencia personal en torno al amor, la sexualidad, la castidad, el pecado como negación del sentido profundo de la sexualidad y  el poder de Dios en Cristo para recrear y sanar, por medio de su Espíritu y el ministerio de la Iglesia -en el perdón de los pecados-, la sexualidad humana como fuente de vida, amor, comunión y gozo espiritual.

                                                        

Francisco Miguel Morales Varoni.

 

EXPERIENCIAS.

Navidad 2002

Me llamo Francisco Miguel Morales Varoni, aunque todos me conocen por Paco. Soy natural del Puerto de Santa María, donde pertenezco a la parroquia Prioral de Nuestra Señora de los Milagros. Tengo treinta y siete años y estoy diplomado en Enfermería.

Quisiera compartir con todos mi experiencia sobre la llamada del Señor. Las primeras actitudes religiosas las recibí de mi familia, y durante toda mi niñez y adolescencia estudié en el colegio de los Jesuitas, donde recibí la base de mi formación cristiana. No obstante mi vida de fe se reducía a ir a misa los domingos y asistir a las catequesis de Primera Comunión y luego de Confirmación. Era demasiado tímido y débil en la fe para plantearme otras cosas o servicios en la parroquia.

Mientras estudiaba COU un compañero me invitó a asistir a unas catequesis para adultos en nuestra parroquia, y allí recibí algo que iba a cambiar toda mi vida: escuché el anuncio de la Buena Noticia del amor incondicional de Dios en Cristo sobre mi vida proclamada desde el testimonio de unos catequistas itinerantes que habían dejado casa, familia y trabajo para seguir la llamada del Señor. Sentí fuertemente la llamada del Señor a iniciar el Camino Neocatecumenal en el seno de mi parroquia: un camino de conversión, de crecimiento hasta la fe adulta y de renovación de mi Bautismo como fuente de la que nace toda la vida cristiana.

Poco después fui invitado por los Jesuitas a una convivencia vocacional donde sentí por primera vez la llamada del Señor al sacerdocio, pero aún no tenía fuerzas para seguirla. Poco a poco fui creciendo en la fe en el seno de mi comunidad, guiado por mi párroco y mis catequistas, y ello me llevó a ir asumiendo la llamada del Señor y a identificarme con ella. Al mismo tiempo sentía la llamada misionera a comunicar todo lo que había recibido del Señor con total disponibilidad. Por ello dejé mis estudios de Medicina, en los que estaba estancado, y tras hacer una experiencia misionera con varios equipos itinerantes y cumplir mi servicio militar, ingresé en el Seminario Diocesano Misionero Internacional “Redemptoris Mater” de la diócesis de Newark en Nueva Jersey (Estados Unidos).

Ello supuso una experiencia de comunión y evangelización muy enriquecedora también en el plano humano por la diversidad de lenguas, culturas y nacionalidades que convivíamos. Al cabo de los tres años permitió Dios que entrara en una profunda crisis de fe personal de la que más tarde me sacó la palabra del Señor por medio de mis catequistas.

Este acontecimiento me hizo volver a replantearme mi vida y abrirme a la posibilidad del matrimonio. Entonces cursé la Diplomatura en Enfermería y trabajé como enfermero en varias poblaciones de Cádiz y Sevilla. Tras una experiencia seria de noviazgo ya proyectada hacia el matrimonio, la ruptura me hizo volver a abrirme a la voluntad de Dios sin presupuestos; y he aquí que volví a sentir de nuevo con fuerza la llamada del Señor a dejarlo todo y servirle como sacerdote en nuestra diócesis, que tan necesitada está de sacerdotes. El Señor me interpeló por medio de su Palabra y de los acontecimientos que se iban sucediendo y que confirmaban esta llamada interior.

Los encuentros con el Santo Padre Juan Pablo II en las Jornadas Mundiales de la Juventud (en particular este último en Toronto, Canadá ) han supuesto siempre un sello a esta llamada, que ha estado sostenida por la oración de mi comunidad y de la Iglesia. Igualmente la palabra de nuestro obispo la ha afianzado y me ha acogido en nuestro Seminario Diocesano.

Tras este primer mes en el seminario puedo decir que estoy realmente contento de haber iniciado este camino, así como de toda la historia que Dios me ha hecho vivir, pues, en todo momento, ha provisto el Señor aquello que necesitaba para crecer como persona y como cristiano; y así confío que lo seguirá haciendo.

Bendito sea el Señor, que todo lo hace bien. Orad por el seminario, para que el Señor nos haga pastores según su corazón.

Francisco Miguel Morales Varoni.

 

 

NUEVAS LÍNEAS DE PASTORAL VOCACIONAL

Navidad 2003

Como adelantamos en nuestro editorial, la escasez de vocaciones nos plantea una vez más el reto de la pastoral vocacional. Entre los primeros agentes de ésta están los propios presbíteros y nosotros los seminaristas. Ello supone una llamada a la autenticidad y radicalidad evangélicas que nos lleven a una santidad de vida, para que realmente podamos ser signo de Cristo sacerdote y suscitar interrogantes y apertura a la llamada de Dios en nuestros jóvenes. Pero las vocaciones al ministerio ordenado, como a la vida consagrada, o al matrimonio u otras vocaciones laicales sólo resurgirán de la revitalización de la vida de fe en nuestras parroquias y familias.

Este verano tuve la oportunidad de asistir, junto a mi compañero Iván, al Curso de Pastoral Vocacional organizado en Madrid por la Conferencia Episcopal y llevado adelante por la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos. En este curso, fruto de la reflexión y la experiencia de estos años de “escasez vocacional”, se nos apuntaron unas líneas maestras que nos señalan por donde está soplando hoy el Espíritu. Entre ellas está la necesidad de retomar seriamente la “Nueva Evangelización” de una sociedad donde muchos de nuestros cristianos lo son aún jurídica o sociológicamente, pero no vivencialmente, comenzando incluso por el primer anuncio de Jesucristo y ofreciendo itinerarios de profundización y maduración en la fe en los que se presente y asuma con valentía la propuesta del Evangelio.

Igualmente, en una sociedad sumamente individualista, por una parte, y en la que nos perdemos en la soledad y el anonimato de la masa, por otra, urge ofrecer el marco adecuado para una personalización de la fe, que no es otro que el pequeño grupo o comunidad, en el que nos sentimos personas conocidas y amadas, hermanos que comparten la vida y la fe. Esto es válido y necesario para los jóvenes e igualmente para los adultos, que además deben recuperar la responsabilidad de ser los primeros transmisores de la fe a sus hijos. De la revitalización de la fe surgirán necesariamente los distintos servicios y ministerios al servicio de la parroquia y se fortalecerá el sentido comunitario de la misma como comunidad de comunidades. De dicha renovación de la vida parroquial resurgirán también las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada, así como al matrimonio cristiano y demás vocaciones laicales.

Aunque Dios sigue llamando misteriosamente a quien quiere, como y cuando quiere, y creo firmemente que nunca nos faltarán sacerdotes que nos pastoreen, la pastoral vocacional no pasa ya por “buscar candidatos a curas o monjas”, sino por revitalizar la fe en nuestras parroquias y familias. Nada de esto se realizará, sin embargo, si no es desde la oración insistente, el testimonio de vida y, llegado el momento, la propuesta valiente y apasionada de la entrega y realización personal en Cristo.

Desde el seminario queremos colaborar con todos a través de la Delegación Diocesana de Pastoral Vocacional en la tarea que se está emprendiendo en este curso a tres niveles: orar, proponer y discernir.

• ORAR: Incorporar una petición por las vocaciones en nuestra oración personal y en la Eucaristía dominical; Celebración de la Eucaristía por las vocaciones sacerdotales el primer jueves de cada mes a la que se unirá eventualmente el “Club Serra”; Vigilia de oración con los jóvenes a nivel local o arciprestal una vez al año.

• PROPONER: Un encuentro vocacional anual con los jóvenes del arciprestazgo o localidad; Visita y planteamiento vocacional a los jóvenes próximos a ser confirmados; Animar a participar en los Encuentros de Monaguillos en el seminario (22 de Diciembre y 13 de Marzo); Animar a los jóvenes mayores de 14 años a participar en el Campamento Vocacional (Grazalema, 12 al 16 de Julio de 2004).

• DISCERNIR: Por medio de dos experiencias:

Preseminario: Para jóvenes mayores de 14 años con interés por conocer el seminario y discernir su vocación. Reunión un sábado al mes.

Experiencia “Monte Horeb”: Para chicos y chicas mayores de 18 años que deseen hacer un discernimiento vocacional abierto a todas las vocaciones cristianas. Incluye oración personal diaria, acompañamiento espiritual y una reunión mensual con el grupo durante un año.

Ojalá podamos trabajar todos unidos con entusiasmo en este apasionante reto de ayudar a nuestros jóvenes a discernir su vocación cristiana como camino gozoso de realización personal.

Francisco Miguel Morales Varoni.

Iván Carrera Orellana

 

 

 

 
 

Seminario Diocesano Asidonia-Jerez. 2004
Diseño Luis López-Cuervo del Rosal.