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SEMINARIO

 

Diego Moreno Barba

VICERRECTOR

Nació en Jerez de la Frontera el 29 de abril de 1959 y fue ordenado presbítero el tres de junio de 1999.

Vicerrector y Formador del Seminario de Asidonia-Jerez

 

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Portada Navidad 2003

Portada Pascua 2003

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Portada Pascua 2002

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Portada Pascua 2001

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Portada Pascua 2000

Portada Pascua 1999

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Portada Especial 1997

 

 

 

 

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Pascua 2006.

Aunque se pueda pensar en el título de una película, no es mi intención el hablaros de cine. No se trata de una película, sino de un nuevo itinerario en mi vida pastoral. Una nueva etapa en mi ministerio y en mi servicio a la Iglesia. Aunque de sacerdote, mi trayectoria es más bien corta, como consagrado a Dios y para la Iglesia, puedo presumir de una experiencia algo más larga, y digo presumir, porque estoy orgulloso y feliz de haber respondido a la llamada del Señor, aunque no me considere digno de haber recibido Gracia tan grande como la de ser sacerdote. Hace ya de esto 25 años, así que de alguna manera estoy “celebrando mis bodas de plata”. Para mí, cuenta desde el día que di el paso en el año 1980. El próximo mes de junio, cumpliré siete años de ordenado, siete años de experiencia pastoral, durante los cuales he tenido dos destinos, actualmente estoy de párroco en Prado del Rey, como bien sabéis, y ha sido aquí, cuando de alguna manera se me pide volver a empezar, de manera distinta, pero empezar en definitiva, una nueva tarea, volver al lugar donde me preparé para el sacerdocio, con otras personas, incluso, en otro lugar: el Seminario. Así es, como ya sabéis, he comenzado una nueva etapa como formador en nuestro seminario, donde me he sentido muy bien acogido por los seminaristas, y por supuesto por el Rector, que es el que pidió mi colaboración en el seminario y, al que me une una gran amistad y respeto.

Un factor que influyó también a la hora de aceptar esta propuesta fue el ejemplo de muchos sacerdotes mayores quienes, sabiendo las necesidades de nuestra diócesis, siguen al frente de las parroquias trabajando incansablemente y, en algunos casos como sabemos, estando delicados de salud. Sin necesidad de nombrar a ninguno, a todos una vez más ¡gracias!, porque con vuestra generosidad y entrega, a mí, personalmente me ayudáis. Desde luego, la experiencia es totalmente distinta, de seminarista se ven las cosas de una manera y de formador totalmente de otra. Ahora es mirar desde otro ángulo, pero en el mismo terreno. Se es más consciente de las realidades del seminario, de su funcionamiento, de la importancia de la formación –en todas sus dimensiones- de los futuros pastores de la diócesis, etc. Soy consciente de que se me ha encomendado parte de una responsabilidad bastante grande, tal vez por ello uno siente cierto temor y respeto. Temor, no por lo que otros puedan decir o pensar, sino de tener la seguridad de estar haciendo lo mejor y respeto porque se nos encomienda el acompañamiento en el discernimiento vocacional de los seminaristas. ¡Esto es bastante serio! Pero también tengo que decir que, la tarea es bonita, aunque a veces haya que tomar decisiones que no a todos guste, pero realmente resulta apasionante y también gratificante trabajar por y en el seminario. No olvidemos que por él hemos pasado todos, y algunos volvemos a pasar.

Decimos que el seminario es el corazón de la diócesis, pues si no queremos que sufra un “infarto”, TODOS, tenemos que hacer lo posible por cuidarlo tanto a nivel espiritual, con nuestras oraciones personales y comunitarias; a nivel material, con nuestra ayuda generosa a su sostenimiento, y a nivel pastoral en las parroquias, dándolo a conocer en las celebraciones y en las catequesis. No quiero terminar sin dirigirme a los seminaristas: tenemos que trabajar juntos y si es voluntad de Dios, en un futuro desde el presbiterio. Os pido desde aquí, lo que en alguna ocasión me habéis escuchado: no os limitéis sólo a pasar por el seminario y cumplir una formalidad, dejad que sea el seminario el que pase por vuestras vidas, valorad lo bueno que en él hay y enriqueceros de todo lo que os pueda ofrecer; la amistad, la convivencia, el servicio, la formación, la espiritualidad, y todos los valores que se os intentan transmitir. Tenedle siempre cariño al seminario, viéndolo como la casa común, la casa madre de la diócesis, y recordad, que al igual que yo, algún día, vosotros, podéis “volver a empezar”.

Diego Moreno Barba

 

 

 

QUERIDOS COMPAÑEROS Y AMIGOS

Pascua 1999.

A petición de los responsables de esta noble revista informativa, os pongo unas letras con el fin de informares un poco sobre mi experiencia y quehaceres en el diaconado.

Parece que fue ayer y ya pasan los cuatro meses de la ordenación de diácono de Pablo y la mía, y la de presbítero de Ignacio, que como sabéis muy bien se encuentra en Roma.

Las preguntas que me suelen hacer son ¿qué tal te va de diácono? ¿Cómo te sientes?. Mi respuesta es: muy bien. Por lo q u e a mí respecta, sigo siendo el mismo, no he cambiado. Lo que se cambia es el trabajo pastoral debido al ministerio que tengo que desempeñar como diácono, y tengo que decir que es una etapa bonita y en la que se puede aprender mucho.

Al principio todo te parece un poco extraño y uno no se ve celebrando los sacramentos (bautizos, bodas...) pero poco a poco lo vas asimilando, ya veces me pregunto, pero Señor ¿cómo yo...?. Lo cierto es que la gracia de Dios actúa en uno siempre que estemos dispuestos a la acción del Espíritu.

Como sabéis estoy asignado a la Parroquia de Ntra. Sra. de las Viñas en Jerez, cuyo párroco es Manuel Lozano. Mi misión aquí es colaborar con él en tareas pastorales y sacramentales, y aprender todo lo que pueda sobre el servicio que tenemos que prestar en la Parroquia donde estemos asignados.

Esas tareas pastorales y sacramentales comprende lo que son bautizos, bodas, exequias, eucaristías etc. Y también doy catequesis a un grupo de jóvenes.

Otra tarea es el d e s p a c h o parroquial donde procuro estar cada vez que puedo con el fin de aprender no sólo el tema burocrático sino también el trato con la gente y el aprovechar algunas ocasiones para dar una pequeña catequesis.

Lo cierto es que trabajo hay bastante y no puedo dedicarme a más cosas por el tema de los estudios ya que estoy terminando el último curso (6°) y tengo que ir y venir casi todos los días a Sevilla.

Este es mi trabajo aquí por el momento. Lo cierto es que estoy contento y animado, con ganas de seguir trabajando con la gente en la tarea que Jesús encomendó a los Apóstoles: "Id por todo el mundo..."

Todos en la Parroquia me han acogido muy bien desde mi primer momento y eso también es de agradecer.

A los compañeros del Seminario decirles ¡ánimo! y a los de mi curso ¡adelante! Ya queda poco para que ellos den el paso definitivo, merece la pena, y os digo lo que el ángel dijo a la Virgen: "No temas María el Señor está contigo"... y ella contestó "hágase en mí según tu palabra". Lo mismo tenemos que hacer nosotros ante la propuesta de Dios y responder como Samuel "habla Señor que tu siervo escucha"

¡Siempre adelante!. Con todo mi afecto.

Diego Moreno Barba

 

 

 

 
 

Seminario Diocesano Asidonia-Jerez. 2006
Diseño Luis López-Cuervo del Rosal.