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SEMINARIO

 

Imagén de la Capilla del Seminario

Ángel Pérez del Yelmo

PRESBÍTERO

Nació en Sanlúcar de Barrameda el 25 de diciembre de 1963 y fue ordenado el tres de enero de 1994 en su ciudad natal.

 

ARTICULOS:

VEINTE AÑOS DE GRACIA Y MISERICORDIA

...Y UN CURA NUEVO

 

 

Portada Navidad 2003

Portada Pascua 2003

Portada Navidad 2002

Portada Pascua 2002

Portada Navidad 2001

Portada Pascua 2001

Portada Navidad 2000

Portada Pascua 2000

Portada Pascua 1999

Portada Navidad 1998

Portada Especial 1997

 

 

 

 

VEINTE AÑOS DE GRACIA Y MISERICORDIA

 Pascua 2006.

1. En la vida de todo ser humano hay momentos que son de suyo trascendentales y conmovedores. Hacer memoria de cómo comenzamos nuestro Seminario de Asidonia-Jerez, hace veinte años, es para mí uno de ellos. No me resulta posible dar rienda a los sentimientos que se agolpan en el corazón, por tanto momentos vividos. Cuando en la presencia de Dios considero estos veinte años, tanto de mi etapa de formación en el Seminario, durante ocho años, como de los doce años desde la ordenación como presbítero de esta Iglesia que camina en Asidonia-Jerez, me lleno de gozo y de paz al comprobar una realidad así mismo manifiesta: la Providencia y la Misericordia divinas siempre nos han arropado con su ayuda, y han superado inefable y eficazmente aquella tarea bonita, aunque con dificultades, como todo nacimiento, que el entonces Obispo D. Rafael Bellido Caro encomendó en 1985 a D. Domingo Gil Baro, como Rector, a D. Luis Delgado Serrano, como Vicerrector, a D. Carlos González García-Mier, como Director Espiritual, y a las Dominicas del Stmo. Sacramento, que atendían aquel año, tanto el Seminario como la Casa de Espiritualidad. Me incorporé un mes más tarde a aquel grupo de jóvenes que iniciamos el Seminario Menor en Jerez, por estar prestando el servicio militar en las FF.AA. Muchos comenzamos, pero solo tres llegamos a la ordenación como presbítero, en el año 1994: Antonio Aguilar, Gregorio Mateos y quien os escribe. Rememorar estos años supone en mi corazón intensas acciones de gracias a Dios,  por tantas personas que hicieron posible el Seminario, por los planes de formación que tuvimos, por los avatares que nos provinieron en las casa de formación, por las experiencias pastorales que tuvimos, etc. que en aquel momento no entendía bien, pero que ahora supone una acción de gracias al Dios que actúa en la historia. Y no puedo más que estar agradecido al Señor y a su Iglesia por tantos dones recibidos. Gratitud por aquel curso introductorio que iniciamos en el Seminario de la calle Taxdirt (como le llamábamos) en el año 1986; gratitud por aquel primer año de Filosofía, del ciclo institucional, también en la misma casa, en el 1987; gratitud por la acogida, preocupación y formación integral que nos ofrecieron en el Seminario de San Telmo de Sevilla, de 1988 al 1992; gratitud por el Centro de Estudios Teológicos de Sevilla, de 1988 al 1993; gratitud por tener nuestro propia casa de formación en Sevilla (entonces en “Los Milanos”), de 1992 al 1993; gratitud por el tiempo de diaconal en la Parroquia de San Marcos y a su párroco D. Carlos; gratitud por los años de preparación en la Facultad de San Anselmo en Roma, de 1993 a 1996. Gratitud por…. tantos momentos que me ha ofrecido el Señor durante ocho años de formación en el Seminario.

2. Pero aquí no queda todo; la vida ha seguido desde que iniciamos nuestro Seminario de Asidonia- Jerez. Fui de los que inició el Seminario, siendo Diócesis, y de los primeros ‘frutos’ de éste que ordenó D. Rafael Bellido. Sería injusto e incompleto quedarnos en una etapa de mi vida si no hago relación con la finalidad de nuestra formación: servir al Pueblo de Dios allí en donde Él nos pone.  Por eso deseo ahora expresar en voz alta algo que ocupa mi pensamiento desde mi ser presbítero de esta Iglesia local. Y no puedo más que dar gracias en primer lugar a Dios Nuestro Señor y a mis padres, a quienes debo cuanto soy y cuanto he recibido. Doy gracias específicamente a la Providencia Paternal que me ha llevado como de la mano durante mi ministerio, porque he visto la misericordia del Señor durante estos años de ministerio: en la parroquia de San Joaquín de El Puerto de Santa María en donde estuve como administrador parroquial, en la Parroquia de Algar, en la Parroquia de San Pedro, en Sanlúcar de Barrameda y en el Arzobispado Castrense de España, concretamente durante el servicio prestado en la Academia Básica del Aire, en León, y en la Brigada Paracaidista Española y en las misiones humanitarias de Paz en Kosovo y en Bosnia i Herzegovina.

3. Veinte años de andadura de nuestro Seminario “San Juan de Ávila”; veinte años desde que me puse en manos del Señor, veinte años de gracia y misericordia divinas que siempre me han arropado con su ayuda, y han superado maravillosa y efectivamente mis pocos méritos, las deficiencias y debilidades de mi persona. Y desde que aquel joven llegaba con sus padres a las puertas del Seminario estoy convencido de que el Señor va por delante y será Él quien haga su obra. Nosotros somos simplemente colaboradores suyos. La clave de toda nuestra vida cristiana está en que debemos construirnos constantemente en Cristo, a la medida y ejemplo de Cristo, en lo personal, familiar, eclesial y social. Así estaremos edificando nuestras vidas según el querer de Dios. Nunca olvidemos que la tarea en el Seminario es ilusionante porque tenemos a un pueblo a quien servir, estando persuadidos de poder contar con la indispensable ayuda de Dios. Desarrollemos nuestra vida, ya desde el Seminario, con humildad y disponibilidad, tratando de imitar a nuestro Maestro y Señor, que no vino a ser servido sino a servir (Mt 20,28).

 

Ángel Pérez del Yelmo

 

 

 

 

...Y UN CURA NUEVO

Especial 1997.

D. Ángel Pérez del Yelmo ha sido compañero de muchos de nosotros en el Seminario y seguimos teniéndole un gran aprecio, ahora es párroco de Algar y desde allí nos envía su testimonio de apenas cuatro años de ministerio desde su ordenación.

EL MISTERIO PRESBITERAL EN FAVOR DE LA COMUNIDAD

Cuando se le pide a un joven presbítero que haga una reflexión a los seminaristas de cara al futuro siempre se enfrenta a un campo que, tal vez, le falten datos experienciales. Por ello, permitidme que piense en voz alta y me centre en un tema que, a pesar de ser un "leif motiv" de toda formación al ministerio ordenado, siempre es y será nuevo: los presbíteros al servicio de la edificación de la comunidad.

Bien sabemos que el presbiterio diocesano presidido por el Obispo contribuye a la edificación de la comunidad de los fieles como cuerpo de Cristo y a que éstos alcancen la madurez del Hombre perfecto. La participación en la vida de Cristo por el bautismo y sobre todo por la Eucaristía (cf. I Cor 10, 16-17), constituye a todos los bautizados en un solo cuerpo dotado de variedad de miembros a semejanza del cuerpo humano (cf. I Cor 12, 12). La expresión de esta realidad es la comunidad cristiana viva en la que cada miembro pone al servicio de los demás su propia función y el propio don que ha recibido del espíritu. Entre todos estos dones sobresale la gracia de los Apóstoles (cf. LG 7), es decir, la gracia del ministerio que se otorga en grado diverso al Obispo y a los presbíteros.

No en vano la principal manifestación de la Iglesia -como nos dice Sacrosanctum Concilium se produce "en la participación plena y activa de todo el pueblo santo de Dios en las mismas celebraciones litúrgicas, particularmente en la misma Eucaristía, en una misma oración, junto al único altar donde preside el Obispo rodeado de su Presbiterio y ministros" (n. 41). Siempre tendremos que recordar todo el pueblo de Dios que la Eucaristía es "fuente y colmen de toda la vida de la Iglesia" y centro de la comunidad cristiana, hacia la que tiende la acción evangelizadora y de la que deriva la caridad, cl apostolado y cl compromiso de los cristianos en la sociedad (cf. SC 1(1). Por este motivo todo sacerdote, y también todo aquel candidato a este ministerio presbiteral, está especialmente llamado a cuidar y fomentar el sentido comunitario: "el deber del pastor no se limita al cuidado particular de los fieles, sino que se extiende propiamente también a la formación de la auténtica comunidad cristiana" (PO 6).

Por ello, comprender y estimar la dimensión comunitaria de la vida de la Iglesia es un exigitivo de nuestro ministerio. Nuestro deber de fomentar este aspecto, sobre todo teniendo en cuenta la tendencia al individualismo, la inhibición y la falta de conciencia eclesial y social de la mayoría de nuestros cristianos tradicionales es una realidad que se nos presenta en nuestro ministerio. Es nuestro reto como servidores a las comunidades cristianas.

Ángel Pérez del Yelmo

 

 

 

 
 

Seminario Diocesano Asidonia-Jerez. 2004
Diseño Luis López-Cuervo del Rosal.