REVISTA DIGITAL

 

OBISPADO

 

SEMINARIO

 

Imagén de la Capilla del Seminario

Luis

Salado de la Riva

PRESBÍTERO

Nació en Jerez de la Frontera el ocho de marzo de 1973 y fue ordenado el uno de octubre de 2000.

 

OBREROS A SU MIES.

ORDENACIONES: Diego, Pablo e Ignacio.

MI CRISTO DE LAS PENAS

Portada Navidad 2003

Portada Pascua 2003

Portada Navidad 2002

Portada Pascua 2002

Portada Navidad 2001

Portada Pascua 2001

Portada Navidad 2000

Portada Pascua 2000

Portada Pascua 1999

Portada Navidad 1998

Portada Especial 1997

 

 

 

 

OBREROS A SU MIES.

Especial 1997.

¿Os imagináis en una mañana de Agosto, después de una larga caminata por la sierra, llevándoos una esponja seca sobre la nuca para refrescaros?

¿Os imagináis a un rey mago con el saco vacío de regalos repartiendo ilusión a los niños?

Evidentemente sería inútil intentar que de una esponja seca, por mucho que la exprimamos, salga agua, como de un saco vacío se quieran sacar juguetes.

A estas alturas del artículo, se dirán nuestros estimados lectores: "Muy bien pero. . . ¿A dónde nos quieren llevar?". Pues muy sencillo, estos dos ejemplos nos sirven para hacer un símil entre la vida sacerdotal fundada en Dios, y la vida sacerdotal sin Dios: ¿Puede un sacerdote sin una experiencia de Dios, basada en el estudio de la teología y en la vida de oración, hablar de Dios a los hombres? ¿Puede, en definitiva, dar alguien de lo que no se tiene? La respuesta es contundente y desde que entramos en el seminario, nuestros formadores se han encargado de que esta contundencia no se nos olvide en nuestro período formativo.

Basada en esta idea, los seminaristas no tenemos nuestras vidas centradas en la actividad pastoral, sino que ésta constituye una de las cinco dimensiones del plan de formación. Una dimensión que no se superpone sobre ninguna de las otras cuatro (espiritual, comunitaria, humana e intelectual), sino que es considerada como la "piedra de toque" del seminarista con la realidad de la que ha venido y a la que va a volver a ser enviado cuando "el saco esté lleno" o cuando "la esponja esté empapada".

Por tanto, a excepción de dos compañeros que desarrollan su pastoral en las parroquias de Villamartín (Enrique) y Puerto Serrano (Juan Manuel), y que cuando estas líneas salgan a la luz, ya serán diáconos, los demás limitamos nuestra pastoral a los fines de semana. Así, otros dos seminaristas: Diego y Pablo, marchan todos los fines de semana a las parroquias de San José Obrero del Puerto y del Divino salvador de Rota respectivamente, donde durante el mismo viven con los párrocos y comparten con ellos y sus feligreses la vida de fe de estas comunidades.

Las demás pastorales, son las denominadas "sectoriales": Manuel Jesús acude puntualmente, semana tras semana, al hospital; Federico y Jaime hacen lo propio en el sanatorio; Jesús visita presos en la cárcel; Miguel Ángel, José Antonio y Luis Salado trabajan en la pastoral vocacional; Luis Piñero en catequesis; Javier Rincón y Javier Lucas en las hermanitas de los pobres.

Y esta es la actividad pastoral que realizamos en el seminario. Ellas nos sirven para seguir ilusionándonos con nuestra vocación al sacerdocio y para apoyar nuestra oración y nuestros estudios en unas personas con nombres y apellidos que necesitan, hoy más que nunca, que el dueño de la mies envíe obreros a su mies.

Luis Salado de la Riva.

 

 

ORDENACIONES: Diego, Pablo e Ignacio.

Navidad 1998.

Querido Dios:

Hoy me dirijo a tí para agradecerte de todo corazón el hecho de que en nuestra Diócesis de Jerez podamos contar con un nuevo sacerdote y dos nuevos diáconos.

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A todos los que formamos parte del seminario nos llenó de alegría el constatar como hay compañeros que responden con valentía y decisión a tu llamada: Esto no es fácil, y Tú bien lo sabes, en el mundo en que vivimos. Pero quiero darte las gracias muy especialmente, porque me has dado el privilegio de poder asistir a la ordenación de tres amigos míos, y esto, evidentemente, no es algo que ocurra todos los días.

Durante mi periodo en el Seminario he asistido y celebrado ya algunas ordenaciones tanto presbiterales como diaconales: Ángel, Juan Jacinto, Gregorio, Antonio, José Manuel, Miguel Ángel, José María, Ramón, Enrique y Juanma. En todas he sentido una gran emoción, y con todos siempre me he alegrado, pero con el debido cariño que les tengo a todos ellos, he de admitir que las pasadas ordenaciones tuvieron una especial importancia y trascendencia para mí, Esta distinción creo que es debida a dos motivos fundamentales:

El primero, que nunca vi tan cerca mi propia ordenación: El tiempo va pasando y la lista de candidatos previos a mí se va acortando; ¡Dios mío!, ¿Quienes serán los próximos en darte este sí tan importante?.

El segundo, porque a excepción de Juanma y José María, con los demás, y por diversos motivos, nunca tuve la suerte de vivir con ellos día a día aquí en Sevilla, algo que no tiene nada que ver con mi relación con Ignacio, Pablo y por supuesto Diego.

Con Ignacio sólo pude convivir un año: El estaba en 2°- y yo era un pipiolo de 1 °-: Desde siempre me pareció una persona excepcional: Atento como nadie, dejó una huella imborrable en mí y en mis compañeros de curso que no ha sido borrada por la distancia lejana en la que se encontraba: Primero en Salamanca y ahora en Roma. Es por eso por lo que cuando el pasado día 12 de Octubre le ví ya en el Altar junto a D. Rafael he de admitir que mis sensaciones, ¡Y Tú lo sabes!, eran de un gozo y una alegría inenarrables.

A Pablo lo conocí estando ya en tercero. Él estaba recién llegado de Perú y se incorporó a nuestro curso, Pablo comenzó a entrar en nuestras vidas, salvando las lógicas barreras que suponían para él encontrarse con gentes totalmente distintas en mentalidad cultural a las que había dejado en su tierra.

Hoy Pablo es uno más entre nosotros y no podremos nunca terminar de agradecerte el que te lo hayas traído con nosotros, y el hecho de que sea ya un diácono de nuestra Iglesia diocesana.

Y de Diego... ¿Qué decirte?: Por su edad y experiencia, Diego ha sido para mí y para mis otros compañeros de curso una especie de hermano mayor que siempre Memos tenido al lado tanto en los momentos de alegría como sobre todo ¡y eso es lo más difícil! en los momentos duros y de cuesta arriba.

Pero lo que siempre más me ha gustado de Diego es que ha sabido romper la barrera de la edad: Si bien es cierto que ha sido

esa especie de hermano mayor, no es menos cierto que nunca ha desentonado de nuestro cursa, convirtiéndose en un compañero más, sin afanes paternalistas, lo cual hubiera sido lo más fácil para él.

Gracias Padre por haberme dado el privilegio de conocer y hacer amistad con Ignacio, Pablo y Diego. Ahora sólo te pido dos cosas, la primera que los acompañes e ilumines en sus nuevas vidas, y la segunda que todos los que hemos tenido la suerte de haber vivido con ellos estos momentos tan importantes en sus vidas, sepamos en un futuro, quizás no muy lejano, responder con la misma valentía y alegría con que ellos nos han mostrado que hay que hacerlo.

Luis Salado de la Riva

 

 

MI CRISTO DE LAS PENAS

Pascua 1999.

Con las estadísticas en la mano, son bastante pocos los muchachos que escuchamos la llamada de Dios para ser sacerdotes. (Digo escuchamos, porque estoy plenamente convencido de que Dios está llamando a muchos más jóvenes de los que en la actualidad formamos el seminario).

Es verdad que Dios no utiliza grandes prodigios para llamar a nadie a ser cura: La vocación es el resultado de una serie de factores que combinados dan lugar a un cocktail, que si bien no es molotov, no es menos cierto que es bastante difícil de esquivar.

Estos factores, a mi juicio, y al de algunos especialistas en el tema, son fundamentalmente tres: La familia, la parroquia y el colegio.

En mi caso estos tres factores fueron decisivos a la hora de escuchar la llamada que Dios me estaba haciendo para ser sacerdote:

Desde niño siempre viví en un hogar donde se respiraba un ambiente religioso: Mis padres me hablaban de Dios y me llevaban a la Iglesia, y yo, que era un imberbe, iba "mamando" toda una espiritualidad que hoy es el fundamento de mi relación con Dios: ¿Dónde estaría yo hoy, si mis padres hubiesen pasado de llevarme a la Iglesia o de hablarme de Dios?.

Mi parroquia de San Juan de Ávila ha crecido junto a mí, (recuerdo mis partidos de fútbol en el solar que hoy es la Iglesia); era yo un niño cuando a mi barrio y a mi parroquia llegaron dos curas con sotana: D. Fernando y D. José Rueda. Ellos dos y mi catequista Isabel fueron personas importantísimas en mi trayecto vocacional: La figura de estos dos hombres de Dios siempre me llamó la atención: No sé que hubiese pasado si otros sacerdotes hubiesen sido mis párrocos, quizás mi vocación hubiese surgido también, no lo sé, lo que sí sé, es que los hermanos Rueda tuvieron un papel decisivo en mi vida de cristiano durante mi infancia, adolescencia y juventud.

Y para rematar el colegio: Soy consciente del privilegio que supone educarse en el Colegio de los Marianistas: Desgraciadamente no todo el mundo tiene la suerte de poder educarse en un colegio de este tipo, pero, los que si tuvimos la suerte de estar en él, no podemos obviar que el estar en un colegio religioso proporciona a la educación un sello que es bastante difícil de encontrar en otros ámbitos educativos: Durante los 14 años en que estuve en los Marianistas raro era el día, creo que no existió, en que no hubiese una referencia, aunque fuese mínima, a Dios.

Los tres factores que os he enumerado, hicieron que yo poco a poco me fuese planteando que pintaba Dios en mi vida v que quería Él que hiciese yo para seguirle. Pero mentiría si no añadiese un cuarto pilar sobre el que se fue asentando mi vocación y mi seguimiento a Cristo: Mi devoción a la imagen del Cristo de las Penas: También desde niño siempre me inspiró bastante, la bendita imagen del Cristo al que me dirigía cada vez que algo tenía que contarle a Dios. Un buen día decidí tenía 11 años- "apuntarme" a la Hermandad de los "Judíos de San Mateo" y desde entonces comencé a acrecentar una devoción que cada día de mi vida me ha acompañado en los momentos alegres y no tan alegres durante mi trayectoria cristiana.

Soy consciente de un punto de partida: Las dos cosas más importantes la vida del cristiano son Eucaristía y la Palabra Dios: Por medio de Eucaristía los creyentes Jesús podemos recibirle cobrar la fuerza necesaria para ser testigos de Él en el mundo, y con la Biblia, que es el conjunto total de la Revelación, todo lo que Dios nos ha querido decir en orden a nuestra salvación ya está, valga la redundancia, dicho.

Hecho este importante apunte que puede disipar cualquier temor a estar delante de un idólatra, he de admitir que como andaluz y jerezano hasta la médula, Dios me atrapa también por el terreno de los sentidos, y por qué no decirlo también de los sentimientos. Considero que la devoción a una imagen no es algo que haya que tachar por principio como algo pernicioso, inválido o de cristianos de poca monta como así se tilda en algunos ámbitos a todos los cofrades, cometiendo la torpeza de juzgar por las apariencias y generalizando a todos que quedan metidos en un mismo saco de inautenticidad, infidelidad al Evangelio y fariseísmo.

Desde mi humilde experiencia la devoción a una imagen puede ayudar a acercarnos más a Dios; y como quiero demostrarlo voy a apuntar tres motivos por los que digan lo que digan seguiré siendo devoto de mi querido Cristo de las Penas

El primer motivo es que me ayuda a dirigirme a Dios: Todos tenemos algo que nos ayuda a concentrarnos en la oración: Al margen de la Palabra de Dios, que como ya dije al principio es insustituible: Otros se valen de determinadas músicas de relajación, de iconos, de libros... medios humanos que yo respeto mucho, pero para mí, el mejor icono de Dios, el que mejor me entra por los sentidos, es la escultura de mi Cristo de las Penas.

El segundo motivo que encuentro para seguir teniendo devoción a mi Cristo es su propia advocación: Las Penas: Mi Cristo lloroso y sangrante me mira y me pregunta por mis hermanos que como Él pasan penalidades y angustias, no consigo esquivar esa mirada y mi devoción al Señor de las Penas me ayuda a ser Buena Noticia para todos, especialmente para los abatidos.

El tercer y último motivo es el observar con la vista y los sentidos como nuestro Dios no rehuyó el sufrimiento: Cuando en mi vida he pasado momentos difíciles siempre me ha confortado observar un Cristo angustiado, pero que vencerá a la muerte con su Resurrección. Ante tanto desconsuelo como hay hoy en nuestro mundo: ¿No es válido presentar a los hombres a un Cristo que nos acompañó en nuestras penurias, pero que vencerá a la muerte?.

Luis Salado de la Riva.

 

 

 
 

Seminario Diocesano Asidonia-Jerez. 2004
Diseño Luis López-Cuervo del Rosal.