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SEMINARIO

 

 

Antonio Salas

 

 

 

 

 

 

JESÚS: AMIGO Y TESTIGO

 Pascua 2007.

Ignacio Gaztelu, padre, químico y colega, fue el primer testigo de Cristo que me encontré en mi vida. Fue el primero que me hizo sentir interiormente una inexplicable sensación de plenitud divina; sé que era un mero trasmisor de sus sentimientos y de su vida hacia Cristo, que le había salvado a él y a todo su familia.

Cristo le había dado la plenitud del Amor de Dios y su vida tenía sentido pleno, total, auténtico, una vida durísima e irrepetible que vivió en autenticidad cristiana.

Su demoledor testimonio de Amor a Dios, a la iglesia y los hombres me derrumbó como a un niño que se enfrenta a una hecatombe interior que le incendia sin saber que está ocurriendo en sí mismo.Su testimonio me rompió por fuera y por dentro, y hoy sigo roto en el seguimiento de Jesús de Nazaret por donde quiera que vaya. Yo no sé hacer otra cosa que “su querer”, su voluntad es mi ilusión y mi esperanza; mi vida es su querer, su sentir, su vivir. Por Él vivo para los demás, sin Él soy el vacío absoluto. Él es mi todo.

Eran los años 80 cuando yo era un estudiante de Químicas; jamás había visto una reacción espontánea con tanto desprendimiento de energía interna. Era un fuego interior que me consumía cada día más y conforme me acercaba a Jesús, el Señor más me quemaba y más me entregaba a su Iglesia, mis hermanos.

Jesús viene a mi encuentro y me cautiva, me echa sus redes y caigo en ella como un pez inocente; me engulle en sí mismo y me hace suyo. Toda mi respuesta es la misma que la de Javier tiempo  atrás : ¿qué quieres Señor de mi?

El inicio de toda experiencia religiosa suele ser una balsa de aceite, todo muy bonito. Desaparecen los problemas, las dificultades se aplanan, pero a medida que tus “SÍ” van ganando terreno, el Señor te enseña su cruz, “tu cruz”, y yo, envalentonado- no iba a ser menos- seguí el duro camino del Gólgota.

El mundo enseña que para ser feliz en la vida hacen falta tres cosas: salud, dinero y amor.  Dios en mi “euforia de gracia” me pone a prueba como a tantos en la historia de la salvación. De momento me quita la salud y el dinero, dejándome a secas con el Amor, que no es poco,  pues colma toda la dimensión humana.

Amor en su triple dimensión, conyugal, filial, y divino. Así, con el Amor de Dios en exclusividad, “me revelo por arriba” y me hago mas apóstol, sin descanso, sin mirar atrás, con lágrimas en los ojos por la familia, el futuro… pero en la seguridad de que los planes de Dios son como son y no como a mi me gustaría que fueran.

Decido descaradamente decirle al Señor: “me lo quitas todo, pues yo te lo doy todo, te aburriré con mi entrega total a ti hasta que me des todo; no hay prisa, la paciencia todo lo alcanza”.

La vida es la prueba del Amor y hay que saberla administrar según los planes de Dios. Mis planes continuamente han fracasado ya que la felicidad total solo se alcanza con el que te creó por Amor. Sólo somos Amor de Dios con algo de química y la plenitud humana la alcanzo cuando me fundo en Dios que me diviniza y da sentido total a la criatura.

Todo un itinerario espiritual duro- humanamente y divinamente hablando-, pero feliz porque el Amor de Dios es al agente generador de cualquier movimiento en mi vida.

Sólo vivo por él, con él y para él. Jesús es mi amigo, mi señor, mi Dios.

¿Puedo pedir algo más? Puedo gritar sin temer a equivocarme, que Dios es la verdad y la felicidad y que no se puede buscar ésta donde no está Él. 

En Dios vivo, en Dios amo, en Dios hago y deshago. Quien conoce a Cristo y le sigue en fidelidad, ese es feliz.  Podrán ser felices los que le rodean si como apóstoles desgastan su vida. Nada hay más grande ni más importante en la vida del hombre que conocer al Señor y amarle con todo el corazón. En todo hay que amar y servir, para que todo sea para  mayor gloria de Dios, como Ignacio.

                     Antonio Salas

 Testigo del amor de Dios

 

 

 

 
 

Seminario Diocesano Asidonia-Jerez. 2007
Diseño Luis López-Cuervo del Rosal.