Monseñor José Rico Pavés : «La adoración de los Magos, el Bautismo en el Jordán y las Bodas de Caná son la epifanía (manifestación) de Jesucristo como Salvador universal, Hijo de Dios y Esposo de la Iglesia».

      El tiempo litúrgico de la Navidad concluye con la celebración de la Fiesta del Bautismo del Señor. Desde antiguo, la Iglesia ha visto este importante acontecimiento de la vida de Jesús, con el que se inicia su ministerio público, en estrecha relación con la adoración de los Magos, que celebramos el día 6, y con el episodio de las Bodas de Caná, donde Jesús realizó el primero de los milagros, según relata el evangelista san Juan. Pero ¿qué tienen en común estos tres momentos de la vida de Jesús? La liturgia nos da la respuesta: “Hoy la Iglesia se ha unido a su celestial Esposo, porque, en el Jordán, Cristo la purifica de sus pecados; los magos acuden con regalos a las bodas del Rey, y los invitados se alegran por el agua convertida en vino”. La adoración de los Magos, el Bautismo en el Jordán y las Bodas de Caná son la epifanía (manifestación) de Jesucristo como Salvador universal, Hijo de Dios y Esposo de la Iglesia.

     Al concluir la Navidad, se nos invita a recorrer el camino de los Magos de Oriente para acompañar después a Jesús al Jordán, donde recibe el bautismo de manos de san Juan Bautista y comienza su ministerio público. En el camino de los Magos se nos presenta el camino de la fe: para llenar de sentido la vida debe indagar el sentido de las señales que tocan nuestro corazón, tener sincera actitud de búsqueda, no desesperar en las dificultades, identificar la verdadera alegría y poner todo en juego hasta encontrar al Salvador. Entonces descubriremos que lo que nos hace grandes es postrarnos ante Él, y que dándole nuestra vida es como recibimos el regalo inmerecido de la suya. Al final de una celebración provechosa de la Navidad, como refiere el evangelista de los Magos, no podemos volver por el mismo camino, es decir, tenemos que volver a lo de antes con un corazón renovado.

     La celebración de la Fiesta del Bautismo del Señor nos recuerda que la vida nueva recibida en nuestro bautismo exige siempre crecimiento: buscar para encontrar y encontrar para seguir buscando. Bautizados en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, hemos vuelto a nacer para dejar atrás la antigua vida de pecado y caminar en el amor de Dios. Dejar lo antiguo y estrenar lo nuevo. Después de habernos encontrado de una forma nueva con Cristo en la Navidad, se nos invita a volver a las tareas cotidianas también de una forma nueva, viviendo conforme a nuestra dignidad de bautizados, es decir, como verdaderos hijos de Dios.

 

+ José Rico Pavés

Obispo de Asidonia-Jerez