Monseñor José Rico Pavés : «Así es la belleza de nuestra fe: abraza y da sentido a la existencia, da firmeza y luz en el camino de la vida, calma los anhelos más profundos del corazón y nos concede gustar anticipadamente la felicidad eterna a la que somos llamados».

     Cuando se acerca el final del Año litúrgico somos invitados a celebrar el Día de la Iglesia Diocesana. La liturgia pone ante nuestra mirada de fe las realidades últimas y con las palabras de Cristo nos llama a la vigilancia: velad, porque no sabéis ni el día ni la hora. Sobre ese horizonte tomamos conciencia de nuestra pertenencia eclesial en el ámbito concreto de la Iglesia particular. Miramos con la Iglesia universal la vida eterna para fortalecer la esperanza. Nos miramos en la Iglesia particular para sabernos corresponsables en la tarea de sembrar esperanza. Confesamos la fe en la vida del mundo futuro sembrando de esperanza, con la caridad que recibimos de Cristo, el mundo presente. Así es la belleza de nuestra fe: abraza y da sentido a la existencia, da firmeza y luz en el camino de la vida, calma los anhelos más profundos del corazón y nos concede gustar anticipadamente la felicidad eterna a la que somos llamados. La fe nos asegura que el Señor nos espera, por eso tenemos esperanza. ¿Cómo no vamos a estar orgullosos de nuestra fe?

     En la encíclica Lumen fidei (“La luz de la fe”), el Papa Francisco explicaba con palabras sencillas en qué consiste creer. “El que cree, ve”, afirmaba el Papa. Creer es ver con los ojos de Jesús, ver como Jesús ve. Jesús nos regala su mirada a través de su Palabra, de los sacramentos celebrados en su Nombre, de la caridad que transforma el mundo y de la comunión en su oración al Padre en el Espíritu Santo. La fe, en efecto, se profesa con los labios y el corazón, se celebra en la asamblea litúrgica, se vive en las obras de misericordia y se ora en la intimidad de la plegaria. Jesús nos regala su mirada en la vida de la Iglesia. En la comunión eclesial la fe se profesa, se celebra, se vive y se ora. La fe es puerta que abre a la vida eterna, luz que ilumina el entendimiento conduciéndolo a la Verdad, conocimiento que despierta y enciende el amor, seguridad de la Presencia que funda la comunión.

     Pero una fe sin obras es una fe muerta. La autenticidad de la fe se reconoce en la caridad de las obras. Cuando damos de comer al hambriento, de beber al sediento, vestimos al desnudo, visitamos al enfermo o socorremos al necesitado, entonces “vemos a Jesús”, como Él mismo nos anunció. Necesario es amar para llegar a ver con la mirada de la fe. Amando con el mismo amor de Cristo, los hijos de la Iglesia manifestamos la grandeza de nuestra fe.

     En el Día de la Iglesia Diocesana nos declaramos orgullosos de nuestra fe y elevamos a la Trinidad Santa nuestra acción de gracias por los miembros de la familia diocesana que se dan a sí mismos regalando su tiempo, sus cualidades, sus oraciones y sus propios bienes para compartir con todos la alegría de creer, sembrar esperanza y abrazar a todos en el amor de Cristo.

 

+ José Rico Pavés

Obispo de Asidonia-Jerez